El protagonista de esta historia nació en Florencia, Italia, en el siglo XV, cuando no había coches, ni televisión, ni baños diarios. Incluso, ni apellidos. Da Vinci era el pueblo donde nació. Entonces, no se le conocía como a un héroe, sino como al Primer Hombre Renacentista. A Leonardo le gustaba pintar y tanto pintó y tan bien y su principal arma fue un pincel. Llegó a ser tan famoso que todos querían pinturas suyas, los condes, duques y hasta reyes le querían en sus cortes y castillos. Pintaba hermosos retratos, batallas y paisajes, pero lo que más le pedían que pintara eran cuadros con vírgenes y santos. Obras maestras como ‘La última cena’ o ‘La Gioconda’, con su peculiar sonrisa, salieron de sus manos y de su paleta de colores. Su éxito se debió a que fue un gran observador. Miraba todo lo que le rodeaba y estudiaba cómo se movían las cosas para luego dibujarlas. Por ello, siempre le acompañaba una libreta donde todo lo anotaba. Así, cuadernos y cuadernos escribió y garabateó. Fue zurdo y además le gustaba escribir de derecha a izquierda, por lo que muchos de sus textos parecen un auténtico enigma que solo podemos descifrar si los enfrentamos a un espejo y así poder leerlos. Gracias a esas notas que tomaba, los personajes de sus obras parecen tener vida. Era tan bueno pintando que hasta inventó una nueva técnica: el ‘sfumato’, que consiste en difuminar los contornos, es decir, sin líneas ni bordes. Su éxito se debió a que fue un gran observador. Miraba todo lo que le rodeaba y estudiaba cómo se movían las cosas para luego dibujarlas. Así, cuadernos y cuadernos escribió y garabateó. También creó diferentes artilugios para poder volar. Con el tiempo, estos aparatos acabarían siendo el origen de los primeros helicópteros. Ya no solo era pintor, sino también era inventor.

 

¿Cómo se llama el protagonista de nuestra historia?

¿Cuáles fueron sus dos obras más destacadas?

¿Qué creó?