La militarización en nuestro país, siempre será un riesgo ante la tentación autoritaria e ilegal del uso de la fuerza, la violación de los derechos humanos, privaciones arbitrarias de la libertad, torturas, agresiones sexuales, asesinatos y desapariciones forzosas. Por otra parte, la historia siempre será útil para no repetir los errores del pasado, tenemos que aprender de esas tristes lecciones, e impedir que los políticos y gobernantes caigan en esa actitud abusiva. Aquí les presento un lamentable ejemplo del pasado morelense, ocurrido hace 110 años.
La madrugada del 17 de abril de 1913, por órdenes del general Juvencio Robles, fueron sacados de sus casas y hechos prisioneros el gobernador del estado, Benito Tajonar, el presidente municipal de Cuernavaca, Felipe Escarza, ocho diputados locales de la XXIII Legislatura del Estado junto con otros funcionarios, pues eran acusados de conspirar contra el gobierno de Victoriano Huerta. Todos los prisioneros fueron trasladados a la Ciudad de México y recluidos en la cárcel de Belén.
¿CÓMO OCURRIÓ ESE LAMENTABLE ACONTECIMIENTO?
Tras la decena trágica, al ser asesinados el presidente Francisco I. Madero y el vicepresidente Pino Suárez, reinaba en el estado de Morelos una gran incertidumbre. Así que, el entonces gobernador Patricio Leyva, junto con la XXIII Legislatura se vieron obligados a reconocer al gobierno usurpador que encabezaban los generales Victoriano Huerta y Félix Díaz.
Por su parte, Emiliano Zapata, se reunió con sus principales generales para definir su posición ante el golpe de estado, pues consideraban a esa presidencia como ilegal. Desafortunadamente algunos líderes, como Otilio Montaño y Jesús Morales, en Izúcar de Matamoros celebraron la muerte de Madero, pues no compartían la opinión de su jefe Zapata, así que decidieron abandonar el movimiento junto con otros jefes zapatistas de menor rango que se encontraban en otras regiones. Gente allegada al movimiento felixista, que buscaban pacificar el estado, se acercaron a estos desertores a fin de pactar con ellos de forma individual. Zapata al enterarse de la existencia de estos “comisionados de paz” ordenó localizarlos y detenerlos.
Mientras tanto, el presidente Victoriano Huerta, nombró al general Juvencio Robles comandante militar de Cuernavaca. Zapata y sus hombres, en represalia por el golpe de estado, atacaron un tren militar que se dirigía a Cuernavaca en donde murieron 75 federales. Por este hecho, Huerta proclamó una Ley Marcial en el estado de Morelos que sirvió de pretexto para que Robles persiguiera a los zapatistas e incendiaran los pueblos que encontraba a su paso.
Ante la difícil coyuntura, el gobernador Leyva le solicitó al Congreso del Estado permiso para ausentarse 10 días argumentando que tenía que arreglar asuntos de interés público en la Ciudad de México, quedándose como encargado el secretario general Don Francisco Sánchez. Al pasar los 10 días Leyva nuevamente solicitó un permiso para separarse de su cargo por un mes más, así que la Legislatura decidió nombrar como gobernador interino al diputado Benito Tajonar, quien tomó protesta el 12 de abril (era boticario de Jonacatepec).
Mientras tanto, ese mismo día en el periódico “El Imparcial” se publicó la noticia de que el presidente Huerta había nombrado al general Juvencio Robles como “Gobernador Militar del Estado de Morelos”; esto provocó una gran incertidumbre en la entidad.
Al día siguiente, el gobierno huertista envió a Cuernavaca un convoy de 20 carros de ferrocarril con el 32° Batallón, el Cuerpo de Rurales y 6 secciones de ametralladoras. Adicionalmente el día 15 partieron más tropas, con otro tanto de ametralladoras y cañones de tiro rápido, al mando del mismísimo Juvencio Robles.
Ese día la Legislatura morelense abrió su segundo periodo de sesiones con un informe del gobernador. Antes de comenzar la sesión se presentó en el Palacio de Gobierno el general Robles, que de manera autoritaria le ordenó al gobernador Tajonar que en un término de dos horas tenía que nombrarlo gobernador, ya que llevaba órdenes expresas del presidente Huerta.
Tajonar le respondió de manera enérgica que no entregaría el poder debido a que él había sido elegido por el Congreso Estatal. Los diputados respaldaron a Tajonar y le manifestaron a Robles que no podían hacerlo, ya que no reunía los requisitos que pedía la Constitución, entre ellos que tenía que ser nativo de Morelos.
El gobernador aseguró en su informe de apertura de sesiones del Congreso que “…nunca permitiría que la Constitución fuera vejada y que solo la fuerza bruta lo haría caer al abismo, pero que caería despedazado y ensangrentado, pero no deshonrado ni envilecido, y que no habría poder -ni el de Dios- que lo hiciera ceder”. Robles, exasperado escuchó el discurso al que calificó como subversivo.
El día 17 el general Robles, a las cinco de la mañana dio órdenes para que sus soldados pasaran a las residencias del gobernador, del presidente municipal, de los diputados y de otros funcionarios, a fin de que se presentaran con toda urgencia ante él. Al llegar se les comunicó que quedaban detenidos por subversión, hasta que demostraran lo contrario.
Con esta acción el estado quedó con un mando militar, pues desaparecieron los poderes ejecutivo y legislativo (solamente quedó el judicial). Así fue como el estado de Morelos perdió el orden constitucional y al año siguiente, el 17 de junio de 1914, el presidente Huerta lo declaró Territorio Federal.
No fue sino hasta el 5 de febrero de 1917, cuando el estado recuperó la categoría de “estado” gracias a la promulgación de la nueva Constitución Federal que reconoció nuevamente a Morelos como estado libre y soberano, siendo su capital Cuernavaca.
Nuestra entidad regresó al orden constitucional hasta 1930, durante el gobierno de Don Vicente Estrada Cajigal, cuando se estableció el Congreso Constituyente que promulgó la nueva Constitución Política del Estado Libre y Soberano del Estado de Morelos, el 20 de noviembre de 1930.
BIBLIOGRAFÍA: López González Valentín. El Cuartelazo. Morelos 1913. Cuadernos Morelenses. Gobierno del Estado de Morelos 1981.
