CUERNAVACA.– Las plazas, parques y restaurantes de la capital morelense lucen hoy a su máxima capacidad. Entre el aroma a flores y el sonido de las mañanitas, miles de madres celebran su día; sin embargo, para muchas, la jornada transcurre en un matiz "agridulce" donde la alegría de ser festejadas se mezcla con la nostalgia por las que ya partieron.
El sentimiento de Francisca: Un amor que trasciende
En medio del bullicio de los festejos, historias como la de Francisca Álvarez reflejan el sentir de muchas ciudadanas. Acompañada por sus tres hijas de 27, 22 y 13 años, Francisca describe este 10 de mayo como un día especial pero marcado por la ausencia.
“Es un día especial y a veces medio triste porque ya no tengo a mi mamá, entonces es agridulce. Pero estoy feliz con mis hijas”, expresa mientras disfruta de un paseo familiar por el centro de la ciudad.
Para ella, el valor de la fecha no reside en el costo de los obsequios, sino en el tiempo compartido. Aunque hoy sus hijas son adultas y pueden sorprenderla con regalos más caros, Francisca asegura que una carta escrita a mano tiene el mismo valor que cualquier presente actual.
De los festivales al desayuno familiar
La evolución de la celebración es evidente en los hogares morelenses. Francisca recuerda con emoción aquellos años de festivales escolares y bailables que hoy son "recuerdos inolvidables".
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El despertar: Mañanitas y desayunos sorpresa marcan el inicio de la jornada.
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La convivencia: El paso del tiempo ha transformado los bailables infantiles en charlas de sobremesa en los restaurantes de Cuernavaca.
Cuernavaca se vuelca a las calles
El pulso de la ciudad confirma la importancia de la fecha. Desde temprana hora, se registra una importante afluencia de familias en centros comerciales y plazas públicas. Pese al calor de la temporada, los morelenses salen a convivir, reafirmando que, más allá del consumo, el 10 de mayo sigue siendo el eje de la unión familiar en el estado.
