Lic. José Diego Fernández Torres, defendió la soberanía de Morelos y censuró la dictadura en 1913.
El año de 1913 fue uno de los más cruentos de la historia de México, el cuartelazo de febrero de ese año orquestado por Félix Díaz, Manuel Mondragón, Victoriano Huerta con su inseparable Aureliano Blanquet, todos ellos apoyados por Henry Lane Wilson, el embajador americano, desembocó en el asesinato del presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez, frente a los muros del Palacio Negro de Lecumberri como se denominó a la entonces Penitenciaria del Distrito Federal. Si bien, los leales en la Ciudad de México como Felipe Ángeles tuvieron poco margen de maniobra y poco pudieron hacer para impedir el crimen, la respuesta al interior de la república fue contundente y no se hizo esperar.
Venustiano Carranza, gobernador del Estado de Coahuila encarnó en ese instante de nuestra historia, la dignidad y la indignación de la inmensa mayoría de los mexicanos, promulgando el sencillo pero certero Plan de Guadalupe que lo llevó a ser el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y a encabezar, con la excepción de no mandar a las fuerzas villistas y zapatistas, el decidido movimiento militar que derrotó a Huerta expulsándolo de la presidencia de la república, esfuerzo que culminó con la rendición del decimonónico Ejército Federal ante el General Álvaro Obregón en Teoloyucan el 13 de agosto de 1914.
En Morelos, Zapata tampoco reconoció al chacal Huerta y lo combatió a sangre y fuego. Es más cuando Pascual Orozco que ya unido a Huerta envió a su padre a conferenciar con Zapata para proponerle unirse a los traidores, el Caudillo del Sur tajante e inflexible como fue, mandó fusilar a Pascual Orozco padre. Sin embargo, la oposición a Victoriano Huerta y sus golpistas no fue solo por medio de las armas, se dio también en las tribunas del Congreso de la Unión, donde parlamentarios valientes, congruentes y decididos se manifestaron en contra de la muerte de Madero y el terror del huertismo, hay que considerar que eso no fue cosa menor, tomando en consideración que ambas cámaras del Congreso estaban dominadas casi en su totalidad por el dictador.
El carmelita Serapio Rendón Alcocer era Diputado Federal por Yucatán cuando intentó ser cooptado por Aureliano Blanquet ministro de guerra de Huerta para la causa golpista. Rendón no solo rechazó la propuesta sino reclamó a Blanquet el asesinato de Madero y continuó con sus valientes discursos denunciando a la dictadura, entonces Blanquet por instrucciones de Huerta ordenó detener al diputado yucateco, al cual trasladaron a la cárcel de Tlalnepantla. Ahí un soldado se mofo del asesinato de Madero, Rendón lo abofeteó, acto seguido fue lanzado a una celda donde poco después fue asesinado por la espalda el 22 de agosto de 1913.
Ese mismo año, Belisario Domínguez Palencia era un distinguido médico chiapaneco de 50 años de edad, fue un hombre prominente y reconocido en su estado lo que lo llevó a ser Senador de la República. Al igual que Rendón, el senador Domínguez denunció el cuartelazo, sus encendidos discursos del 23 y 29 de septiembre desde la tribuna del senado calaron hondo en el chacal Huerta, quien ordenó su asesinato, mismo que se llevó a cabo tras crueles torturas el 7 de octubre de 1913 en el panteón de Xoco en la Ciudad de México. Desde 1953 el Senado de la República entrega la presea “Belisario Domínguez” la máxima distinción del Estado Mexicano a sus Ciudadanos.
El Estado de Morelos no fue la excepción a estas posturas valientes desde la trinchera legislativa en defensa de la legalidad y la democracia en México, aquí es donde surge la figura de uno de los más grandes morelenses y sin duda nuestro mejor parlamentario, el Licenciado José Diego Fernández Torres.
El Senador Fernández nació el 1 de septiembre de 1848 en una casa aledaña al Palacio de Cortés en Cuernavaca, muy joven se hizo abogado y destacó como un brillante abogado postulante.
Su talento lo llevó también a la esfera pública y fue Diputado, Secretario de la Suprema Corte de Justicia Militar, Procurador Militar y Senador de la República por Morelos.
El 17 de abril de 1913, Benito Tajonar gobernador de Morelos acudió a la instalación del Congreso del Estado donde se pronunciaron los discursos de rigor lo cual fue tomado como pretexto por Juvencio Robles, la versión local de Huerta, para detener al gobernador, a los diputados y al alcalde de Cuernavaca bajo los cargos de rebelión. Ante esta situación el Senado, mayoritariamente controlado por Huerta desapareció los poderes en Morelos. Desde la muerte de Madero, el Senador Fernández se había abstenido de subir a tribuna en protesta por el golpe de estado, pero cuando los poderes fueron desaparecidos en su tierra, valientemente tomó la tribuna y en un valiente discurso el 6 de mayo, meses antes que las protestas de Rendón y Domínguez, defendió la soberanía de Morelos y censuró la dictadura. Por fortuna el Licenciado José Diego Fernández Torres no fue asesinado por Huerta o Blanquet, era entonces un hombre de 64 años y murió diez años después de causas naturales, el 10 de julio de 1923.
Tristemente hoy su figura está olvidada en Morelos, no se ha hecho ningún homenaje en su memoria, no existe ninguna calle, plaza o escuela con su nombre. La escultura de bronce con su efigie que lo representa al momento de dar su valiente discurso en el Senado está perdida o arrumbada en instalaciones del congreso local. Solo hay referencia de dos reconocimientos, su escultura representando al Estado de Morelos en el Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, entre Tlatelolco y Tepito, pero desafortunadamente hace años robaron la placa de bronce, nadie sabe entonces quien es, y la semblanza biográfica que hace años publicó en sus cuadernos Don Valentín López González.
El Ingeniero Felipe Rivera Crespo quien fue gobernador de Morelos entre 1970 y 1976 fue un apasionado de la identidad y memoria histórica morelense, conocía nuestro pasado a conciencia, recuerdo que siempre que se presentó la oportunidad, sacó a colación la asignatura pendiente de no dejar la figura y el recuerdo de José Diego Fernández en el olvido y aseveraba con justicia y razón: “Si hay una presea
Belisario Domínguez, ¿Porque no se ha instituido una presea José Diego Fernández?”.
Por: Roberto Abe Camil / opinión@diariodemorelos.com
Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.
