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Del cronista: Lo perdido, lo desaparecido, lo que extraño de Cuernavaca

Comunidad
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Del cronista: Lo perdido, lo desaparecido, lo que extraño de Cuernavaca

Conozco el municipio de Cuernavaca desde que era un niño de primaria. Tuve la fortuna de admirar, disfrutar y apreciar muchos atractivos tangibles e intangibles, considerados patrimonios culturales, históricos, tradicionales y ecológicos, en tiempos cuando a calidad de vida era mucho mejor que en el 2020. Por ejemplo, del Barrio de Gualupita de donde soy originario, extraño la

Estación del Ferrocarril; clausurada en 1997 e incendiada en el 2012. Me encantaba acudir una o dos veces a la semana a esta terminal, rodeada árboles más de eucalipto. Recuerdo el silbato de las locomotoras y el ruido de las ruedas del tren sobre los carriles; me entusiasmaba ver llegar a los vagones de pasajeros y de carga, veía a los vendedores de alimentos ofreciendo sus mercancías y a los trabajadores ferrocarrileros en sus actividades. En 1970 me tocó ver en la Estación al actor John Wayne, cuando filmó unas escenas de la  película “Río Lobo”. Extraño la gran poza de agua cristalina de manantial, situada en el predio del Buen Retiro,  a donde acudíamos a echarnos clavados niños, jóvenes y adultos; para llegar aquí sólo saltábamos la barda. En la poza además había infinidad de peces de colores. Hoy es una cisterna de agua potable situada junto a un restaurante.

Extraño el Melchor Ocampo cuando era un parque sombrío y muy apacible, donde antaño había más vegetación y manantiales y no como ahora que está muy dañado, perturbado y disminuido. Recuerdo la fuente de la glorieta con sus juegos o linfas de agua; enfrente estaba la tortería amenizada por una rocola. La cancha del parque donde se jugaba fut, boli, básquet y patinaje, con los espectadores sentados en las gradas de piedra y al terminar limpiábamos el sudor con agua de manantial; ya no existe la cancha porque en su lugar construyeron la biblioteca. Lo único que subsiste son las visitas de las aves que alegran el ambiente.

Extraño mi escuela primaria Felipe Neri, inaugurada en 1949, llamada así por el guerrillero más valiente del ejército zapatista. Recuerdo las áreas arboladas de la escuela con sus 30 jacarandas, que al florecer cada año anunciaban la llegada de la primavera; durante la noche las flores desprendidas de las frondas formaban una alfombra en el suelo; así amanecía nuestra escuela: tapizada de color lila; cuando entrabamos a los 8 de la mañana, nos daba la bienvenida este paisaje que nos alegraba al ver nuestra escuela llena de flores. Durante su florescencia las jacarandas atraían a infinidad de abejas, abejorros y colibríes que nos hacían voltear la mirada hacia arriba. Cuando no existía la barda perimetral de la escuela, estaba permitido bajar al parque para divertirnos y regresábamos a clase todos mojados porque jugábamos con el agua de los manantiales.

Extraño el Hotel Casino de la Selva, recinto turístico, cultural y deportivo, además fuente de trabajo para centenares de trabajadores. El Casino llegó a tener un predio de nueve hectáreas. Los visitantes, la mayoría chilangos, llegaban a este paradisiaco hotel atraídos por sus acogedoras alcobas: suites, junios suites, estándar y bungalows. Los huéspedes y visitantes de paso disfrutaban de las bellezas de los jardines: el francés con su monumental fuente rodeada de rosales, el jardín de las esculturas prehispánicas, el jardín lacustre del Dr. Atl, los jardines del balneario donde estaba la alberca olímpica, la poza de clavados, la alberca de niños y la playa artificial con arena de mar. El bufet de los domingos en el balneario era famoso. También era famosa la comida del restaurante Los Relojes, llamado así porque del techo colgaba un mapamundi que marcaba la hora de los cinco continentes; los comensales eran atendidos por meseros uniformados con camisa blanca, chaleco rojo y pantalón negro. En el teatro se proyectaban películas, obras teatrales y se realizaban diversos eventos sociales y políticos. El Salón de las Columnas, era un enorme espacio ventilado, donde se realizaban fiestas públicas y privadas, conciertos de artistas famosos y de grupos musicales, bailes, congresos de industriales, empresarios y hombres de negocios y eventos políticos y estudiantiles. El Salón de Artesanías, en cuyos muros y bóveda estaban los famosos murales de la cultura tlahuica y de la conquista española. Aquí vendían porcelana, platería, joyería, etc.  Además, en este salón había un museo de piezas arqueológicas y una impresionante escultura monolítica de mármol que representaba el desembarco de Cristóbal Colón en el Caribe. Otros lugares importantes del Casino eran el boliche, el billar, la cafetería y el bar La Cueva, donde los sábados amenizaba la noche una cantante. Algo que impresionaba a las personas que entraban al Casino por primera vez, pasando el obelisco, era ver en el centro de la glorieta la estatua de bronce del conquistador Hernán Cortés, colocada sobre un alto pedestal para que nadie la tocara.  El Casino fue obra del magnate don Manuel Suarez, cuya hija Lilia fue la que más tiempo administró el hotel.

Otro atractivo que extraño es el balneario del poblado de Chapultepec, hoy en día encerrado en las instalaciones del DIF, pero antaño era el lugar ideal para nadar en cualquier día del año. La alberca era un extenso estanque de agua muy fría proveniente del manantial de Chapultepec. Lo mandó construir el gobernador Vicente Estrada Cajigal para goce de los cuernavacenses. Varios ahuehuetes emergían de la alberca y uno de ellos servía para echarse clavados. Al costado norte del balneario estaban los vestidores y una terraza donde se realizaban bailes amenizados por grupos musicales. Afuera del balneario estaba la terminal de los camiones de pasajeros conocidos como “Chapulines”. Muchos visitantes o parejas de enamorados aprovechaban para dar un paseo por la paradisiaca barranca que estaba al costado sur; actualmente esta barranca es el parque ecológico Chapultepec.

Extraño las pulquerías caseras del poblado de Santa María Ahuacatitlán, cercanas a la carretera federal, donde amas de casa o tlachiqueros atendían a clientes que llegaban principalmente de Cuernavaca y poblados adyacentes. Estas pulquerías caseras tenían un patio anexo donde cómodamente y bajo la sombra de árboles o arbustos, se bebía pulque fresco, espumoso, en recién proceso de fermentación y de sabor agridulce. Sólo vendían pulque natural  y para comer vendían  quesadillas, gorditas, tlacoyos y tacos de barbacoa; también vendían nopales asados, cacahuates y pepitas. A mí me gustaba ir a la casa de doña Librada, ubicada en el kilómetro 69. Santa María fue tierra de magueyales por su clima frío y boscoso. Hubo ocasiones que me tocó beber pulque junto a carboneros, leñadores, albañiles, campesinos y obreros. (continuará)…..     

 La alberca de Chapultepec era un extenso estanque de agua muy fría. Fotografía Archivo Valentín López González.

La Estación del Ferrocarril de Cuernavaca dejó de operar en 1997, y estaba rodeada de árboles, principalmente de eucalipto. Dibujo de Miguel Oliván 1985.

 

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