Esta semana se cumplieron 91 años de este hecho que hizo enfurecer a los cuernavacenses, provocando una gran protesta ante las autoridades. Aquí lo relato.
La madrugada era espléndida, sin una nube en el firmamento, como muchas noches de invierno en Cuernavaca, era aproximadamente la una de la mañana del 19 de diciembre de 1934. Un camión rojo que pasaba por la avenida Morelos se detuvo frente al Chapitel del Calvario. Los ocupantes echaron pie a tierra para acercarse al puesto de una mujer que vendía “hojas y café caliente” con alcohol. Hacia un poco de frío, por lo que bebieron algunas tazas de “hojas” (que era una infusión con hojas de guayaba o de otras plantas como el limón a la que se le agregaba alcohol, muy consumida por los trasnochados de esa época).
Al terminar, llevaron el camión a la gasolinería que se encontraba frente al monumento y llenaron el tanque. Al terminar subieron al camión y lo colocaron junto al chapitel, nuevamente bajaron, pero ahora con un cable de acero, que amarraron alrededor del cuerpo de la virgen. El otro extremo estaba atado al camión y sorprendentemente arrancaron el vehículo, el cable se tensó y la Guadalupana cayó al suelo haciéndose pedazos.
Algunos testigos presenciales de los hechos manifestaron que algunos ocupantes del camión habían entretenido a las pocas personas que se encontraban en ese momento, tanto en el puesto de “hojas”, como en la gasolinería, mientras sus compañeros subían al pedestal en donde se encontraba la virgen, para realizar su fechoría.
El fuerte ruido que produjo la caída de la Guadalupana sorprendió a los lugareños. Dicen que se sintió un ligero temblor de tierra y que repentinamente el cielo antes estrellado, se nubló, y empezó a caer una lluvia pertinaz que duró varias horas. La venerada imagen fue arrastrada varias cuadras por la avenida Morelos.
La noticia se extendió por toda la ciudad como reguero de pólvora, no obstante lo temprano que era. Todavía no amanecía cuando una numerosa muchedumbre se encontraba alrededor del dañado monumento. Las mujeres derramaban lágrimas de tristeza, mientras los hombres, iracundos especulaban sobre lo que había ocurrido. Unos señalaban que habían sido los “camisas rojas” de Tomás Garrido Canabal, que habían venido a visitar ese día al expresidente Plutarco Elías Calles en su finca “Las Palmas”, otros decían que eran grupos de extremo radicalismo de Cuernavaca.
La cabeza de la virgen no se encontró, por lo que inmediatamente se organizaron para tratar de localizarla, pero los esfuerzos fueron inútiles. Ese mismo día elementos del 4º batallón resguardaron el monumento y elementos del 27º batallón recorrieron en camiones y a caballo la ciudad para buscar a los culpables.
Más de 2,000 personas se manifestaron caminando por las calles de la ciudad, hasta llegar frente al Palacio de Cortés para protestar por los lamentables acontecimientos. Se solicitó la presencia de la señora María Padilla, la mujer que vendía las “hojas” en el Calvario. Después de una difícil búsqueda la señora Padilla se presentó y las autoridades la llevaron al lugar de los hechos para que explicara cómo habían ocurrido y que señalara a los autores del atentado. Con lágrimas en los ojos dijo que no los conocía y declaró que habían sido unos hombres con camisas rojas y que el camión tenía placas de la Ciudad de México. Manifestó que algunos de ellos se encontraban tomando “hojas” en su puesto, cuando escuchó el derrumbe del monumento. El pueblo, enfadado, quería linchar a la señora Padilla, le dieron unos tirones de pelo, puñetazos y uno que otro puntapié, por lo que las autoridades la llevaron nuevamente al Palacio de Cortés para protegerla. En el trayecto se fue juntando más gente y al llegar ya había cerca de 5,000 personas. Las fuerzas federales acudieron a resguardar el Palacio de Gobierno. Don Refugio Bustamante, gobernador del estado no se encontraba en ese momento y los empleados del gobierno manifestaron que el asunto no era de su competencia, por lo que deberían levantar su queja en el ministerio público.
Los disturbios continuaron durante todo el día. Al caer la noche la multitud se dirigió nuevamente al Calvario en donde se encontraba la Guadalupana decapitada, resguardada por la tropa federal. El pueblo indignado los comenzó a apedrear, por lo que los militares tuvieron que contestar con tiros al aire, lo que amedrentó al pueblo, que poco a poco se fue retirando. Finalmente, no hubo detenidos.
Después de una constante búsqueda la cabeza de la Virgen fue encontrada catorce años después, gracias a los esfuerzos de la profesora María de Jesús Ocampo Cortés, ferviente guadalupana, quien recibió información del presbítero zacatecano Moisés Ugalde, quien le dijo que quizás era el fragmento que se encontraba en los subterráneos de la Catedral de la Ciudad de México: La maestra Ocampo acudió a verificarlo y comprobó que efectivamente era la parte que faltaba. Esta pieza fue recuperada el 22 de octubre de 1948. La guadalupana fue restaurada y llevada de nuevo a su lugar de origen el 19 de diciembre de ese mismo año, mediante una peregrinación apoteótica, entre rezos, cantos y cohetes, desde la casa de la profesora Ocampo (en Abasolo 35) al Chapitel del Calvario, en donde permanece desde entonces.
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