Antonio Díaz Soto y Gama, fue un mexicano excepcional, su contribución como ideólogo del zapatismo es innegable, Zapata lo apreció y valoró, hecho que habla y deja huella del talante y la fuerza del pensamiento agrarista del Caudillo del Sur. No en vano Don Valentín López González el cronista por antonomasia de Morelos, incluyó con tino y justicia la semblanza de Díaz Soto y Gama en “Los Compañeros de Zapata” fuente de consulta obligada para los estudiosos e interesados en la historia de la Revolución del Sur.
Don Antonio no fue un campesino, un ranchero de mayores posibilidades como el propio caudillo o un maestro rural, es más, su perfil fue el de un caballero decimonónico, bajo sus trajes gris Oxford pocos podrían imaginar a uno de los más férreos agraristas del México moderno. Provino de una familia liberal y acomodada de San Luis Potosí donde nació el 23 de enero de 1880. Desde temprana edad escuchó en su hogar intensas controversias políticas que lo llevaron a normar su criterio y a oponerse al régimen de Porfirio Díaz.
Con la llegada del siglo XX, Díaz Soto y Gama ya era abogado, además de un visible opositor tanto con su pluma como con su activa participación en clubes opositores al gobierno local y federal lo que lo llevó a ser aprehendido y encarcelado por un año. Pero el joven abogado liberal no se arredró sino todo lo contrario, al salir de prisión se incorporó al legendario periódico “Regeneración” de Ricardo Flores Magón, publicando valiente artículos en contra de Don Porfirio y de la oligarquía potosina.
Su firme postura y consolidado prestigio como opositor lo unió a Madero donde a pesar de no ser el problema del campo una de las prioridades de Apóstol de la Democracia, Don Antonio comenzó a mostrarse como un decidido agrarista.
Con la caída del antiguo régimen y el ascenso de Madero a la presidencia, Díaz Soto y Gama no bajó la guardia, todo lo contrario, colaboró en el proyecto de una ley agraria ante el Congreso de la Unión y también bregó por los obreros al ser uno de los fundadores de la famosa Casa del Obrero Mundial en 1912.
Tras la Decena Trágica, con riesgo de su vida protestó por el golpe de estado del chacal Huerta y partió a Morelos, uniéndose a Zapata, en estas tierras y bajo el amparo del Caudillo del Sur, encontró tierra fértil para expresar y desarrollar toda su obra agrarista, adoptó El Plan de Ayala y fue el más firme apoyo de Zapata en el campo ideológico. A lo largo del Zapatismo sus ideas se impusieron por encima de Otilio Montaño quien fue su adversario, pero Don Antonio ganó la partida, incluso formó parte del consejo de guerra que sentenció al paredón al veterano profesor. Díaz Soto y Gama permaneció fiel a Zapata hasta su muerte en Chinameca en 1919 y a los postulados del Plan de Ayala hasta el final de su vida en 1967.
Después del asesinato de Carranza se unió a Obregón al igual que sus colegas zapatistas, fundó el Partido Nacional Agrarista, fue legislador en más de una ocasión, pero siempre un radical por el agrarismo lo que lo llevó a enfrentarse a Calles, a Cárdenas, a ser catedrático universitario, periodista y escritor de obras como Historia del Agrarismo en México y La Revolución Agraria del Sur y Emiliano Zapata su Caudillo. En el plano político apoyó la campaña presidencial de Almazán.
Sin embargo, Don Antonio también es recordado por el Incidente de la Bandera, uno de los pasajes más peculiares de la revolución. Resulta que para octubre de 1914 el país estaba en plena ebullición. Carranza derrotó a Huerta y conforme al Plan de Guadalupe era el titular del poder ejecutivo hasta en tanto no se serenara la nación y se pudieran convocar elecciones, sin embargo, Don Venustiano ya enfrentaba la oposición franca y abierta de Villa y de los Zapatistas, por lo que decidió convocar a una convención de jefes con mando de tropas en todo el país que a la postre fue la famosa Soberana Convención de Aguascalientes. Carranza calculó mal pues pensó que en dicha convención los ratificarían como Primer Jefe, lo cual Villistas y Zapatistas no hicieron y a la postre resulto en el enfrentamiento Carranza y Obregón contra Villa y Zapata.
A la convención concurrieron delegaciones de todas las facciones incluyendo a los zapatistas que se desplazaron desde Morelos, como segundo de la delegación, pero como orador principal fue Don Antonio. Previamente los asistentes al llegar estampaban su rúbrica sobre una bandera nacional, era una forma de mostrar que los intereses de la patria estaban encima de los de cualquier delegación. Cuando tocó el turno a los zapatistas, Don Antonio debía firmar sobre el lábaro patrio, entonces subió al estrado y fiel a su estilo encendido y radical comenzó un fiero discurso en el cual dijo que no firmaría sobre la bandera de Iturbide así como una serie de argumentos duros contra el estado mexicano, los asistente se sintieron ofendidos ante lo que supusieron una injuria a la bandera, agraviados desenfundaron sus revólveres y decenas de bocas de fuego apuntaron al pecho de Don Antonio, fue un milagro que nadie hiciera fuego.
Díaz Soto y Gama al ver su vida en peligro, con destreza y la experiencia como orador, cambio de inmediato el rumbo del discurso y dijo que esa bandera no solo era la de Iturbide, sino también la de las glorias frente a las intervenciones americana y francesa, entonces los rudos revolucionarios amainaron y enfundaron sus armas.
Esta anécdota puede rayar en los pasajes chuscos y pintorescos de la revolución, puso en riesgo la vida de Don Antonio, quien a mi juicio incurrió en un exceso injuriando a la bandera, pero a la postre logró su cometido que fue el reconocimiento al Plan de Ayala por parte del bando Convencionista.
Por: Roberto Abe Camil
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