Del cronista - Diciembre de 2021 Semáforo epidemiológico del Covid19, en verde

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Como podrán recordar mis estimados lectores, en diciembre del año pasado, les compartí mi crónica denominada “Diciembre en plena pandemia del Covid19” en la cual expresé lo duro y difíciles que fueron los cambios en nuestra vida social decembrina con el encierro, la sana distancia y las demás medidas de higiene y bioseguridad a las que nos tuvimos que ceñir para protegernos unos a otros del contagio de este virus tan impredecible. Sin embargo, una vez habiendo bajado los contagios, gracias fundamentalmente a las tan esperadas vacunas que hemos recibido la inmensa mayoría de las personas que conformamos esta sociedad y a las medidas que ya expresé renglones arriba. La autoridad sanitaria ha ubicado a nuestro estado de Morelos, en color verde del semáforo epidemiológico. Esto, nos permite volver a interactuar; si bien es cierto, no como lo veníamos haciendo hasta antes de la aparición de este virus; pero sí un tanto más relajados y tranquilos. Sin olvidar, seguirnos cuidando con las medidas de higiene y bioseguridad ya de todos conocidas; porque los virus aún siguen circulando.

Y ahora sí, estimados lectores, les comparto con emoción la crónica tal cual como siempre hemos disfrutado sin restricciones esta temporada decembrina.

Desde mi punto de vista, diciembre ha sido y es el mes más especial del año. En esta temporada; durante la cual, toda nuestra vida, nos hemos venido sintiendo con una alegría interior muy especial que desencadena un gozo que no podemos describir con palabras. La grata sensación del frío característico de esta temporada que precede las fiestas navideñas, nos anima, nos llena de entusiasmo y nos hace recordar lo felices que fuimos cuando éramos niños haciendo con nuestras propias manos las piñatas con ollas de barro que nuestras mamás, tías o abuelitas ya habían desechado de sus respectivas cocinas. Ollas que con mucho esmero convertíamos en piñatas y en verdaderas obras de arte, utilizando papel de china, cucuruchos de cartoncillo y engrudo, para después romperlas a garrotazos y lanzarnos sobre las frutas y los dulces que caían al piso en un forcejeo frenético con la intención de obtener la mayor cantidad posible; no sin antes haber acompañado a los peregrinos en la caminata cantando la letanía para rematar pidiendo posada con los cánticos característicos de ese acto. Y al término de esta, quedábamos extasiados con los bolsillos llenos de cacahuates, las frutas y dulces recogidos al romperse la piñata y con una o más bolsas de aguinaldo, abrazándolas celosamente bajo nuestra chamarra. La noche buena, nos da la oportunidad de hacer una pausa en nuestras vertiginosas actividades para reunirnos con nuestra familia y amigos más entrañables y así disfrutar de los manjares de la cena preparada con tanto esmero y entusiasmo en una convivencia de buena voluntad. También, nos da la oportunidad de visitar amigos, familiares o conocidos que no habíamos visto hace ya un determinado tiempo. La noche buena, nos envuelve en una paz interior que nos desconecta de lo desgastante de la competencia en este mundo. Y la tan esperada navidad que significa la llegada del niño Jesús, que trae consigo esperanza, paz y principalmente amor; siendo esto la esencia de la navidad. En este diciembre toda esa dicha, la hemos retomado debido a que la tan esperada vacuna al fin llegó y está teniendo un efecto en la protección contra este virus muy, pero muy importante para la humanidad entera.

 

Siguiendo con el entusiasmo de esta temporada, regularmente, hemos cobrado conciencia que: al término de este mes, se completa un año más en nuestra vida y se cierra un ciclo más de nuestra existencia. Haciendo su arribo enseguida, el mes de enero y con él, el principio de un año nuevo, cargado de una mezcla de buenos propósitos, determinación y esperanza. Enero, también nos hace recordar nuestra niñez, la cual tenía en esta temporada una mezcla indescriptible de emoción con la larga espera del arribo de los reyes magos. En este mes no perdemos la oportunidad para desearle a nuestros seres queridos, familiares, amigos, vecinos, clientes y conocidos, nuestros mejores deseos de salud y prosperidad.

 

Este año que está finalizando, a pesar de las oleadas de contagios que ha causado este virus. Y a pesar de la aparición de las variantes delta y Ómicron, ha sido un año de muchos logros y batallas ganadas por nuestros científicos que exponiendo sus propias vidas al manejar estos virus tan altamente contagiosos e impredecibles y en aras de encontrar la vacuna más efectiva para salvar millones de vidas, han trabajado denodadamente día y noche. Vaya pues, un reconocimiento y gratitud a su callada y subyacente; pero colosal labor en beneficio de la humanidad. Gracias también a todos los que han participado en cualquier eslabón de la ciencia para el logro de tan importantes objetivos.

Como consecuencia de lo expresado en el párrafo anterior, ya se ha venido sintiendo un repunte en las actividades económicas. Y en este mes en particular, al tener más apertura, se está sintiendo mucho más movimiento de personas y vehículos por todas partes. Con su consabido beneficio al ámbito económico. Y por ende al bienestar social.   

Sin embargo, no debemos olvidar que después de toda esta experiencia viene una nueva normalidad, a la cual, nos debemos adaptar. ¡Vale mucho la pena!

  El autor es Cronista del Pueblo de San Lorenzo Chamilpa y miembro del Consejo de Cronistas de Cuernavaca, A. C. 


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