Ir al contenido principal

Del Cronista: Cuernavaca debería ser más atractiva si… segunda y última parte

Continuando con los atractivos desaparecidos en Cuernavaca: 1.- Los murales del cine Morelos, pintados por Martha Ramírez Oropeza en 1987 y borrados en 1995 por orden de la directora del Instituto de Cultura Mercedes Iturbe; se titulaban “Raíces Ancestrales”; resaltaban en una pared las imágenes de un chinelo y la serpiente emplumada de Xochicalco, en la otra pared trsaltaban las imágenes de una mujer y un hombre tlahuicas con productos de la madre tierra. 2.- El monasterio benedictino de Santa María Ahuacatitlán, fundado en 1950 por el sacerdote belga Gregorio Lemecier (1912-1987) y clausurado por orden del Vaticano. Este convento se construyó en un terreno de 3 hectáreas que incluía oficinas, celdas para los monjes, casa de huéspedes, la capilla con altar circular, comedor, cocina, talleres artesanales, bodegas, carpintería, huerta de aguacates, apiarios, fábrica de licor y chocolates y la tienda de artesanías “Emaús”.

El constructor fue el arquitecto fray Gabriel Chávez de la Mora. El monasterio benedictino fue famoso por instaurar como obligatoria la terapia sicoanalítica a los candidatos a monjes, para indagar su vocación y descartar que sus motivaciones tuvieran orígenes adversos. Años después el Vaticano se opuso a este sistema vocacional.

3.- Las pinturas de Salvador Tarazona pintadas en 1938 con el patrocinio del gobernador Elpidio Perdomo. El autor pintó 25 pinturas al óleo, sobre lienzos montados en bastidores para colocarlas en las paredes del Palacio de Cortés, cuando era sede del Palacio de Gobierno. Las pinturas representan tres temas: 17 escenas de la vida de los tlahuicas,

4 del conquistador Hernán Cortés y 4 del emperador Maximiliano. Cuando en 1970 se cambió de sede el Gobierno del Estado al nuevo Palacio de Gobierno y se comenzó a restaurar el Palacio de Cortés para convertirlo en museo, se donaron las 25 pinturas al Palacio Municipal, donde quedaron bajo resguardo del Ayuntamiento de Cuernavaca; entonces se colocaron en paredes para exhibirlas. Hoy en día la mayoría están ocultas y únicamente las 4 de Maximiliano, ya restauradas, se exhiben en el Jardín Borda. Además de la obra plástica,

Tarazona hizo decenas de muebles tallados en madera como sillones y se sabe que muchos de ellos están desaparecidos, otros permanecen en el MUCIC. Las pinturas de Tarazona debieron preservarlas para exhibirlas en un museo, incluidos los muebles. 4.Nunca debieron quitar de la Plaza de Armas la estatua sedente de José María Morelos, porque es nuestro héroe epónimo y la plaza de armas se llamaba Jardín Morelos, y tampoco nunca debieron quitar la fuente del León. Ambas obras artísticas solamente las hubieran reubicado en otro lugar del centro histórico, sin embargo la de Morelos la regalaron al ayuntamiento de Jonacatepec y la del León no se sabe a dónde fue a parar.

5.- Los murales del edificio Bellavista pintados por Alfonso X. Peña en 1940, patrocinado por el licenciado Emilio Portes Gil, dueño del edificio. El pintor representó en las paredes de la entrada del edificio, escenas de siete danzas mexicanas, entre las que destaca la de los Chinelos. Lamentablemente el espacio donde fueron plasmados estos murales lo ocupan comercios que tapan la visibilidad de esas pinturas.

6.- No existen datos que nos expliquen el motivo por el que desapareció el parque del barrio de Amatitlán, tampoco se sabe la fecha en que abrió ni la fecha en que cerró. Sin embargo existen algunas fotos de este parque y un anuncio que se publicó en una revista; yo tengo una foto que le tomaron a mi mamá y a mi tía en este parque.

7.- La arena Isabel, escenario de peleas de box y lucha libre, fundada por el empresario Ramón Cué; hace unos años cerró sus puertas al público y el edificio se vendió. La Chavela, llamada así coloquialmente, fue recinto deportivo donde acudían aficionados locales y turistas a disfrutar de las hazañas de sus ídolos. Hace falta en Cuernavaca otra arena de box y lucha.

8.- La glorieta de Pacheco, ubicada antaño frente al Palacio de Cortés; durante la segunda mitad del siglo XX tenía circulación vehicular a la redonda; era una vialidad donde convergían cuatro calles. En su centro había una fuente redonda con bancas adosadas al redondel y junto a la fuente estaba el monumento del gobernador Carlos Pacheco. Para los transeúntes era un lugar preferido para detenerse un rato a descansar y observar el panorama o para disfrutar la brisa suave de aire. Las autoridades desaparecieron esta glorieta para convertirla en una plancha de cemento que redujo la vialidad vehicular y ahora es un caos pasar por ahí.

9.- El edificio colonial de la Colecturía, construido en el siglo XVI a un costado de la calle Matamoros; fue demolido en 1945. Este sólido edificio fue cuartel militar durante el porfiriato y durante la Revolución y hasta casi la mitad del siglo XX. Luego de ser demolido en su lugar instalaron un mercadito que funcionó hasta 1964. Posteriormente allí construyeron una tienda del ISSSTE que funcionó hasta 1980, y después de ser demolida construyeron el teatro de la ciudad, que al final de cuentas en 1985 lo ocupó el Congreso del Estado como sede del Palacio Legislativo o Cámara de Diputados. Finalmente el edificio quedó abandonado hasta hoy en día, porque en el 2017 el Congreso cambió su sede al nuevo edificio del barrio de Amatitlán. Nunca debieron demoler el edificio de la Colecturía porque era de los pocos que quedaban del siglo XVI.

10.- La red de cuevas, túneles, pasadizos y cavernas del cerro de la Herradura, ubicado en el poblado de Ahuatepec, se ha desaprovechado como un atractivo ecoturístico. Las autoridades de turismo y cultura deberían aprovechar este sitio para que sea visitado por personas que gustan de los paseos de alto riego, guiados por personal capacitado, y representaría una derrama económica para Ahuatepec.

11.- Al norponiente de Cuernavaca, entre el poblado de San Antón y la colonia Atzingo, existió un paraje de más de 6 hectáreas, ubicado en un claro del monte y en la desembocadura de una cañada por donde fluía un arroyo. Este paraje colindaba con las calles Subida a Chalma, Actores y Estrella del Norte. Era un espacio para disfrutar de días de campo, practicar deportes, pasear mascotas, apacible para los enamorados, ideal para el estudio y caminar en contacto con la naturaleza. Este paraje lo conocíamos como Los Pinos o La Presa y el deseo de la gente era que se convirtiera en un parque; se le pidió al ayuntamiento pero no aceptó la propuesta. En cambio, prefirió venderlo como terreno en breña, apto para ser explotado para fines urbanos. Y fue entonces que en 1978 lo compró Luis Echeverría Álvarez, vecino del paraje. En 1980 el Lic. Echeverría inició en este predio un desarrollo inmobiliario, a través del Arq. José Luis Pontones, quien hizo toda la infraestructura para edificar el fraccionamiento residencial “La Cañada”.

Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.

Sobre el autor

Morelos
Ver biografía