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Cuer­na­vaca fue una de las ciu­da­des que más sufrió los efec­tos de la Revo­lu­ción Mexi­cana. Durante este con­flicto armado la iden­ti­dad de nues­tra ciu­dad se afectó seve­ra­mente, modi­fi­cando cos­tum­bres y tra­di­cio­nes. Asi­mismo, desa­pa­re­ció gran parte de nues­tra his­to­ria oral y escrita.

Durante el movi­miento revo­lu­cio­na­rio hubo dos momen­tos que per­ju­di­ca­ron y mar­ca­ron a nues­tra ciu­dad:

Pri­me­ra­mente, en 1914 el ejér­cito liber­ta­dor del sur sitió a las fuer­zas fede­ra­les que esta­ban atrin­che­ra­das en la ciu­dad, muchos cuer­na­va­cen­ses murie­ron de ham­bre y enfer­me­da­des. Cuando al fin se rom­pió el sitio por el lado sur de la ciu­dad, los fede­ra­les y muchos pobla­do­res salie­ron huyendo hacia Temixco, pero las fuer­zas zapa­tis­tas los fue­ron siguiendo, masa­crando a gran parte del con­tin­gente. Se dice que sólo sobre­vi­vie­ron 2,000 per­so­nas de 8,000 que salie­ron.

En segundo lugar, se encuen­tra la orden de eva­cua­ción de la ciu­dad que dio el pre­si­dente Venus­tiano Carranza el l4 de febrero de 1917, para poner un cerco a los rebel­des zapa­tis­tas. La pobla­ción fue obli­gada a aban­do­nar sus hoga­res y bie­nes bajo ame­naza de ser fusi­la­dos o col­ga­dos por cola­bo­rar con los rebel­des. Los pobla­do­res salie­ron con las pocas per­te­nen­cias que tenían, car­gán­do­las en las fun­das de las almoha­das, tapia­ron puer­tas y ven­ta­nas y fue­ron lle­va­dos a la esta­ción de ferro­ca­rril para tras­la­dar­los a la Ciu­dad de México.

Des­pués de que la pobla­ción salió de la ciu­dad, la reta­guar­dia de las tro­pas carran­cis­tas roba­ron los que pudie­ron, ¡nos carran­cea­ron! Cuer­na­vaca quedó com­ple­ta­mente sola durante casi 2 años. En 1919, al reto­mar las tro­pas fede­ra­les la ciu­dad el gene­ral Pablo Gon­zá­lez nom­bró pre­si­dente muni­ci­pal al coro­nel Zer­tu­che Cár­de­nas que se encargó de “lim­piar” todo lo que que­daba en la ciu­dad. Esa lim­pia incluyó el saqueo de todas las casas y tras­ladó esos bie­nes a la Ciu­dad de México, en donde ins­taló un bazar. Algu­nos cuer­na­va­cen­ses al visi­tar ese bazar iden­ti­fi­ca­ron con sor­presa sus mue­bles, tinas y otras per­te­nen­cias.

Durante la revo­lu­ción hubo cuer­na­va­cen­ses que se unie­ron a uno u otro bando; muchos murie­ron, otros salie­ron de la ciu­dad para refu­giarse en ciu­da­des más segu­ras como la Ciu­dad de México, Toluca o Pue­bla, algu­nos ya no regre­sa­ron, pues se que­da­ron a vivir en esas loca­li­da­des.

Por lo ante­rior, la pobla­ción de Cuer­na­vaca dis­mi­nuyó con­si­de­ra­ble­mente. En 1900 con­taba con 9,581 habi­tan­tes, para 1910 había cre­cido a 12,776 y durante los años de 1917 y 18 la pobla­ción fue de CERO. En 1919, algu­nos cuer­na­va­cen­ses regre­sa­ron a la ciu­dad para recu­pe­rar sus dete­rio­ra­das pro­pie­da­des y se comenzó a repo­blar con gente de Gue­rrero y de otras par­tes del país. En 1921 la pobla­ción había cre­cido a 7,117, per­so­nas y para 1930 ya eran 8,554. Como dato com­ple­men­ta­rio y de com­pa­ra­ción actual­mente somos alre­de­dor de 390,985 habi­tan­tes según el Censo de Pobla­ción y Vivienda del 2020.

Una impor­tante pér­dida sufrió nues­tro estado y la ciu­dad durante la revo­lu­ción al desa­pa­re­cer gran parte de su acervo docu­men­tal. Biblio­te­cas y archi­vos se per­die­ron de igle­sias, ofi­ci­nas de gobierno, empre­sas y casas. Solo unos pocos se pudie­ron res­ca­tar, como es el caso del archivo del regis­tro civil que fue defen­dido valien­te­mente por don Ricardo Lina­res León, ya que los zapa­tis­tas ame­na­za­ron con incen­diarlo. Tam­bién se salvó una parte del archivo de catas­tro (las mani­fes­ta­cio­nes de 1908), debido a que se escon­die­ron en la igle­sia de Ter­cera Orden. Gra­cias a estos docu­men­tos se logró rei­ni­ciar el cobro del impuesto pre­dial en 1923.

Tam­bién gran parte de la infraes­truc­tura de la ciu­dad quedó des­truida como: cami­nos, escue­las, hos­pi­ta­les, puen­tes, la red de dis­tri­bu­ción de agua pota­ble, ser­vi­cios de telé­gra­fos y luz, etc.

Durante esta vio­lenta etapa los dife­ren­tes ban­dos tuvie­ron la nece­si­dad de ali­men­tar a sus tro­pas, así que uti­li­za­ron todo el ganado dis­po­ni­ble en el estado, como: el mayor (bovi­nos) menor (ovino, capri­nos y por­cino) y otros como galli­nas y gua­jo­lo­tes. Al no poder repro­du­cir estas espe­cies por las con­di­cio­nes exis­ten­tes prác­ti­ca­mente desa­pa­re­cie­ron de la enti­dad.

Asi­mismo, al exis­tir en los cam­pos de More­los hom­bres arma­dos con la nece­si­dad de ali­men­tarse recu­rrie­ron a la caza de espe­cies sil­ves­tre como: güi­lo­tas, cone­jos, vena­dos, patos sil­ves­tres, gar­zas, etc., con lo que se dañó seve­ra­mente la fauna de la enti­dad.

Los lar­gos años de gue­rra hicie­ron estra­gos en buena parte de la base eco­nó­mica de nues­tro estado. Fal­taba tra­bajo y ali­mento. Los hom­bres de campo aban­do­na­ron los ins­tru­men­tos de labranza para tomar las armas

Todas las hacien­das azu­ca­re­ras del Estado de More­los fue­ron daña­das. Otras empre­sas de Cuer­na­vaca desa­pa­re­cie­ron como las fábri­cas de alcohol Bue­na­vista y La Caro­lina, la Fábrica de Cer­veza Por­fi­rio Díaz, la tene­ría de Qui­rino Cor­tés y la de Mar­ga­rito Gar­cía, la tala­bar­te­ría del señor Jesús Guz­mán, la pele­te­ría de don Miguel P. Gómez y la cere­ría de don Sal­va­dor E. Zedi­llo, entre otras.

La revo­lu­ción tam­bién repre­sentó un periodo de ines­ta­bi­li­dad polí­tica, pri­mero con gober­na­do­res mili­ta­res y des­pués con civi­les impues­tos por la cámara de Sena­do­res o por el pre­si­dente de la Repú­blica en turno. Exis­tie­ron varios inten­tos de regre­sar al orden cons­ti­tu­cio­nal sin éxito, hasta que en 1930 se rea­li­za­ron elec­cio­nes resul­tando gana­dor don Vicente Estrada Caji­gal, se ins­taló la XXIV Legis­la­tura y se pro­mulgó la Cons­ti­tu­ción que se encuen­tra vigente hasta la fecha.

Así comenzó el difí­cil pro­ceso de recons­truc­ción que llevó muchos años, se repar­tió la tie­rra, se cons­tru­ye­ron escue­las, se elec­tri­ficó, se hicie­ron inge­nios, carre­te­ras y puen­tes. Reto­mar el camino del pro­greso fue un pro­ceso largo y com­plejo que requi­rió de mucho tra­bajo y dinero. Con­ser­ve­mos la paz.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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