La mayoría de los morelenses desconocen a los personajes destacados que han forjado nuestra cultura y nuestra identidad. Hoy quiero recordar a uno de ellos, que, aunque no nació en Morelos realizó grandes aportaciones, fue abogado, lingüista, filólogo escritor y académico, se trata de Cecilio Agustín Robelo.
El licenciado Robelo, nació en la Ciudad de México el 22 de noviembre de 1839, sus padres fueron doña Vicenta Orihuela y el señor Don Manuel Robelo, que se dedicaba a administrar algunas haciendas del Estado de Hidalgo, por lo que Don Cecilio tuvo la oportunidad de crecer y desarrollarse en el campo, pero eso no limitó su preparación académica ya que contaba con una maestra que le enseñó a leer y a escribir, la señora Concepción Alcántara. Posteriormente tuvo que ir a Escuelas Lacasterianas y con maestros particulares para completar su instrucción primaria.
Más adelante, en 1835 ingresó como alumno interno del Seminario Conciliar de la Ciudad de México, gracias a una beca que recibió del arzobispo Lázaro de la Garza. En el seminario aprendió filosofía, derecho y latín. Posteriormente decidió no continuar la carrera eclesiástica e ingresó a la Escuela de Medicina, la que abandonó después de un tiempo para ingresar a la Escuela de Derecho. Pronto inició sus prácticas profesionales en diversos despachos de abogados. Sus estudios los complementó en la Academia de Letrán e ingresó al ilustre Colegio de Abogados de la Ciudad de México. Asimismo, sustentó examen para ser reconocido como abogado en el Tribunal Superior de Justicia.
Al establecerse en México el Imperio de Maximiliano, Don Cecilio decidió cambiar su lugar de residencia a Cuernavaca, pues muchas personas al enterarse que el emperador había establecido su residencia imperial de descanso en esta ciudad buscaron radicar cerca de él. Así que el 24 de febrero de 1866, Don Cecilio recibió su nombramiento como Abogado de Pobres del Departamento de Iturbide, como se le llamaba entonces al territorio que comprende al actual Estado de Morelos, incluyendo parte de Guerrero y Taxco que se convirtió en la cabecera de dicho distrito.
Don Cecilio fue bien recibido en Cuernavaca y pronto ingresó al “Club del Gallo”, que era una agrupación de jóvenes que participaban en las grandes fiestas que en honor al emperador le organizaban. Esta agrupación llevaba un uniforme que en la solapa llevaban un gallo.
Ese mismo año Don Cecilio se casó en Cuernavaca con la señorita María de J. León, pero enviudó a los tres años, y en 1871 contrajo segundas nupcias con la señorita Marciala Avelar.
A la caída del Segundo Imperio Don Cecilio no abandonó Cuernavaca y el general Francisco Leyva, que encabezaba el tercer Distrito Militar del Estado de México (hoy Estado de Morelos), lo nombró juez de Primera Instancia y director del Periódico Oficial.
Al crearse el Estado de Morelos en 1869, formó parte de la Legislatura Constituyente del Estado, y desempeñó el cargo de secretario, por lo que le tocó firmar el primer decreto que declaró a Francisco Leyva gobernador de Morelos.
En 1871 el gobernador Leyva buscó reelegirse y Robelo desde la Cámara de Diputados se opuso rotundamente. Meses después tuvo que salir del Estado, para proteger su vida, por lo que comenzó a escribir en el periódico “El Acusador” que era adversario a la reelecciónismo. Robelo al poco tiempo fue apoyado por el gobernador de Guerrero, quien lo nombró juez en Acapulco, en donde vivió hasta 1877. Posteriormente regresó a Cuernavaca para ocupar el cargo de Juez de Primera Instancia que ocupó hasta 1892, cuando fue nombrado Magistrado de Tribunal, puesto que conservó hasta 1911. Ese mismo año le encargan el Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología en la Ciudad de México.
El licenciado Robelo fue un gran investigador y publicaba constantemente sus investigaciones de filología indígena, arqueología e historia. Visitó, investigó y escribió sobre las Grutas de Cacahuamilpa, sobre Xochicalco, sobre el lagarto de San Antón y la pirámide del Tepozteco. Recorrió el estado y más adelante escribió su “Geografía del Estado”. Robelo, publicó las leyes y decretos del Estado de Morelos. En 1880 publicó su “Vocabulario Etimológico de Literatura”, en 1883 sobre el “Significado de los nombres Geográficos de las localidades del Estado de Morelos” y más adelante publicó su “Vocabulario Castellano y Nahuatl”.
Otras publicaciones de Don Cecilio fueron: “Toponimias Tarasco-Hispano-Nahuas”, “Diccionario de Aztequismos”, “Nociones de lengua nahuatl”, “Diccionario de mitología náhuatl” entre otras.
Don Cecilio ingresó a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, perteneció al Liceo Hidalgo, a la Sociedad Científica Antonio Alzate, a la Academia Científica Universal y a la Academia Mexicana de la Lengua.
Debido a su intenso trabajo de investigación y de padecer cataratas en los ojos su visión se vio disminuida, por lo que tuvo que apoyarse mediante un amanuense para seguir escribiendo. Pero su salud también se fue deteriorando hasta su falleció el 14 de enero de 1916, en la Ciudad de México.
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