No se puede entender la rica memoria histórica y cultura de México, sin la presencia de una de sus regiones más ricas, la Península de Yucatán. La historia en común se antoja fácil, pero no lo ha sido. Un complejo proceso histórico y social marcó el devenir de Yucatán, su incorporación plena a México, así como la conformación de una orgullosa y arraigada identidad regional y una vena social progresista que se ha nutrido y ha nutrido también a otras latitudes de nuestra geografía.
Yucatán fue a partir de la conquista de México, punto importante de la evangelización de la antigua Mesoamérica de ello dan cuenta la presencia de Fray Diego de Landa, polémico por sus métodos y por haber quemado los códices mayas, así como por el hecho de que la primera Diócesis de los que hoy es México fue la de Yucatán. Posteriormente la Península fue convertida en la Capitanía General de Yucatán que dependió del Virreinato de la Nueva España. A partir de entonces se labró una prosperidad que si bien hizo de la península una joya preciada para España derivó también en sistema opresivo de castas que llevo al indio maya nacido en Campeche, Jacinto Uk de los Santos Canek a rebelarse contra las autoridades hispanas, quienes reprimieron rápida y eficazmente la revuelta con violencia, ajusticiando cruentamente a Canek el 14 de diciembre de 1761 en la plaza principal de Mérida, Canek se convirtió a partir de ese entonces en un referente de libertad para el pueblo maya.
Con la independencia de México y el turbulento siglo XIX, Yucatán heredó de España la inmensa riqueza de la industria del henequén y un sistema feudal de haciendas en el que para fines de ese siglo existieron alrededor de 800 de ellas en manos de aproximadamente dos decenas de familias. Aunado a lo anterior explotó el descontento de los mayas ante el sistema de castas que no desapareció con la independencia, así como los ánimos separatistas de los yucatecos ante la lejanía del Valle de México, lo que los llevó a proclamar la República de Yucatán entre 1840 y 1848. Amainados los vientos independentistas e incorporada de nueva cuenta la Península a México, estalló la Guerra de Castas entre mayas y la elite yucateca apoyada por el Ejército Mexicano y el gobierno del centro. Es hasta 1902 cuando el Gobierno de Porfirio Díaz derrotó en definitiva a los alzados. En ese periodo el gobierno central también decidió partir al Estado de Yucatán en tres, en 1869 mismo año de la creación del Estado de Morelos, se decretó la creación de Campeche, y en 1902 al triunfo de la Guerra de Castas, el gobierno porfirista hizo de Quintana Roo un territorio Federal, estatus que conservó hasta 1974, cuando se incorporó como un Estado más de la Federación, en conmemoración a ello, en ese año el Gobernador de Morelos, Felipe Rivera Crespo, creó la Colonia Estado de Quintana Roo al sur de Cuernavaca, en Chipitlán.
En este contexto de las pugnas sociales yucatecas, nació en 1874 en Motul, Felipe Carrillo Puerto, en el seno de una familia de comerciantes que se vio desplazada por la Guerra de Castas, desde muy joven despuntó como un enamorado de la cultura de su tierra, de su lengua y un decidido luchador social a favor de los mayas, fue también un periodista que hizo de la pluma su espada por las mejores causas sociales de la región. Con la llegada del Maderismo se opuso a que el tabasqueño Pino Suárez, fuera Gobernador de Yucatán, sus opositores enviaron a un asesino a ultimarlo, Carrillo Puerto lo abatió en defensa propia, pero fue encarcelado. Al salir de prisión lo sorprendió la Decena Trágica y en1914, los días más cruentos de la lucha, llegó a Morelos donde se unió al General Zapata, quien apreció la fuerte carga social e ideológica del Yucateco y lo hizo Coronel del Ejército Libertador del Sur. Poco después el Caudillo comisionó al avezado coronel para participar en las Comisiones Agrarias para la repartición de las tierras en la zona de Cuautla. En una opinión muy personal, siempre he sostenido que la experiencia zapatista de Carrillo Puerto fue decisiva para su posterior labor a favor de los campesinos yucatecos.
En 1915, regresó a su tierra natal, y se incorporó a la labor social del general Salvador Alvarado, gobernador constitucionalista de Yucatán. A partir de ese momento su estrella despuntó y se reveló como el líder social y nato de la península. Fue Diputado Federal, gobernador interino y fundó en 1917 el progresista e influyente Partido Socialista del Sureste, del cual fue su presidente hasta su muerte.
En 1922 asumió la gubernatura, emprendiendo una labor social nunca antes vista, llevó educación, desarrollo y leyes a los yucatecos, defendió a los mayas, sacó del ostracismo el orgulloso pasado precortesiano y vio por obreros, campesinos y los derechos de la mujer, reguló también el comercio del henequén a favor de México y restando influencia a la hasta entonces poderosa “Casta Divina” como Salvador Alvarado bautizó a la oligarquía Yucateca.
Aquí también surgió una historia de amor. En 1923 llegó a México la periodista norteamericana Alma Reed, invitada por el Presidente Obregón pues con su pluma, salvó en San Francisco la vida de un adolescente mexicano injustamente condenado a muerte. Alma llegó a Yucatán, conoció al gobernador a quien los hacendados apodaron el “Dragón Rojo de los Ojos de Jade” quedó maravillada del hombre y de su obra, pronto se enamoraron profundamente y Carillo Puerto pidió a Ricardo Palmerín que le compusiera a su enamorada “Peregrina” una de las canciones emblemáticas de la trova yucateca. Los enamorados decidieron casarse y Alma regresó a San Francisco a preparar su ajuar de novia, pero estalló la Rebelión Delahuertista. Carrillo Puerto se mantuvo leal al gobierno, fue apresado por tropas que se “voltearon” y después de una farsa de consejo de guerra, fue fusilado junto con sus hermanos y seguidores el 3 de enero de 1924, en el Panteón Municipal de Mérida. La Rebelión Delahuertista fracasó y Carrillo Puerto se convirtió en leyenda. Alma rehízo su vida, pero nunca superó su perdida. Regresó a México a vivir, aquí murió y sus restos ahora descansan frente a la tumba del Dragón Rojo de los Ojos de Jade.
En Cuernavaca, sobre Avenida Álvaro Obregón a la altura de la populosa Carolina, existe una modesta plaza con un busto de Carrillo Puerto, hago votos porque ahora que Cuernavaca ha regresado la legalidad y la certidumbre, dicho monumento pueda ser rehabilitado.
Por: Roberto Abe Camil
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