En la primera parte de esta colaboración, comenté sobre la difícil travesía en diligencia que realizó en 1885 el gran poeta mexicano Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895), desde la ciudad de México hasta Cuernavaca. Posteriormente, plasmó esa experiencia en su corto pero espléndido texto que tituló “Visión de Cuernavaca”, el cual había realizado con descripciones poéticas.
Asimismo, hice un breve bosquejo de la vida de este prolífico escritor y periodista que llegó a utilizar el seudónimo de “Duque de Job”, entre otra veintena de ellos.
Gutiérrez Nájera le escribió posteriormente una carta a su amigo Don José Vicente Villada, gobernador del Estado de México, en donde le relato algunos detalles sobre su llegada a Cuernavaca, como el siguiente:
“Y después de la inolvidable jornada, con la imagen fresca aún de la belleza del paisaje, que no ha logrado hacerle cómodo su viaje, que le ha hecho dar tantos tumbos, como su equipaje que se oculta en la testera, atrás de la covacha, lanza un grito de victoria, que quizás por desfallecer sobre un catre dándole alientos sólo para pronunciar en un lamento como moribundo …¡Hasta mañana!”
Ya en su texto “Visión de Cuernavaca” comenta lo que ve y siente al día siguiente:
“No me arrepiento, sin embargo, de haber venido a este Sudatarium con honores de ciudad, Abro el balcón y admiro extasiado el horizonte incomparable de nuestra tierra caliente”.
Ese día el “Duque de Job” visitó los edificios más emblemáticos de la ciudad como la catedral y el Palacio de Cortés y relata en su texto:
“Podéis subir á la torre de la vieja iglesia de franciscanos ó al mirador del antiguo palacio de Cortés. Desde la torre tened la vista hacia el Poniente. Bajo tupidos bosques de guayabos se oculta el caserío desparramado de San Antonio. No pueden verse las casitas. Diríase que están desnudas y que se ocultan pudorosas detrás de los árboles. Sólo la iglesia empina su torre por encima de los guayabos, como para mirar si el cazador que sorprendió á las traviesas campesinas, se ha alejado”.
Más adelante agrega: “¡Cuan grandioso es el espectáculo de la puesta de sol en este sitio Indecible sentimiento de inquietud se apodera del espíritu”.
El “Duque de Job” al visitar el interior del Palacio de Cortés y encontrarse en el mirador oriente imaginó lo siguiente:
“¡Cuántas veces pasaría pensativo Hernán Cortés por este mirador de paredes desnudas y anchos arcos! Sentado aquí, podía admirar en todo su esplendor la tierra prometida á su codicia. Y, cuando fatigado de ambiciones se entregaba en los brazos del amor, ¡Que sitio más hermoso para desatar voluptuosamente las trenzas negras de la joven india, mientras el valle duerme, el sol se oculta y llena el aire de sonidos metálicos, el coro de chicharras invisibles! …”
Este escrito del “Duque de Job” es parte de la literatura mexicana, que se enmarca dentro de los relatos de viajeros del siglo XIX, entre los que se encuentran autores tan importantes como: Guillermo Prieto, Ignacio Manuel Altamirano, Antonio García Cubas, Ignacio Ramírez, Manuel Payno, entre otros, que con anhelo y espíritu mexicanista pretendían construir una imagen de la nación, en una época en que aún se encontraba en construcción el sentido de identidad nacional, pues todavía estaban frescos y muy presentes los recuerdos de la pérdida de parte del territorio de México durante la intervención norteamericana de 1847 y la intervención francesa entre 1862 y 1867.
Muchos de estos relatos de viajes decimonónicos, tuvieron un importante lugar en el gusto de los lectores mexicanos de esa época. Gran parte de esa obra se encuentra olvidada y enterrada entre las colecciones de viejos y polvosos periódicos en vetustas hemerotecas o bibliotecas, tanto públicas como particulares a lo largo del país, esperando que sean buscados, leídos y revalorados por las nuevas generaciones de lectores.
Cabe recordar que en el siglo XIX pocos eran los mexicanos que podían viajar, mucho menos eran los que viajaban y escribían sus impresiones, sentimientos o recuerdos y que además los publicaban en periódicos y revistas de ese tiempo.
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