El pasado 10 de septiembre de 2026 se conmemoraron veinte años del fallecimiento de Valentín López González (mi padre), cronista de Cuernavaca por 30 años, por lo que se realizó un evento para recordarlo en el Museo de la Ciudad de Cuernavaca (MuCiC).
En dicho evento participó el rector del Colegio de Morelos, Carlos Barreto Zamudio, con su texto “Valentín López González: de la crónica a la construcción historiográfica de Morelos”, del cual me permito compartirles algunas partes de su participación:
“A veinte años del fallecimiento de Valentín López González, recordarlo como Cronista Emérito de Cuernavaca es, desde luego, justo. Pero quizá resulte insuficiente para dimensionar plenamente su legado. La revisión de su extensa producción permite advertir algo de mayor alcance: fue uno de los autores que más contribuyeron, durante la segunda mitad del siglo XX, a consolidar la idea de que Morelos podía y debía ser estudiado como un espacio histórico propio.
Ésta es la perspectiva desde la cual quisiera acercarme a su obra: no solamente desde los libros que escribió, sino desde el lugar que ocupa en la construcción de una historiografía morelense. Valentín pertenece a una tradición de cronistas, eruditos y recopiladores que, antes de la consolidación de la investigación histórica profesional, preservaron documentos y construyeron las primeras narraciones sobre el pasado regional. En esa genealogía se encuentran figuras como Cecilio A. Robelo o Domingo Diez. López González recibió esa tradición, la prolongó y dio un paso adicional: llevó progresivamente la crónica hacia una investigación histórica más sistemática. Por eso puede considerársele un eslabón decisivo entre la crónica y la historia regional.
Una mirada de conjunto a sus libros muestra, en primer término, la amplitud de sus intereses. Escribió sobre el pasado prehispánico, la Conquista, la Independencia, los conflictos políticos del siglo XIX, la formación del estado de Morelos, la Reforma, la Intervención francesa, el Porfiriato, la Revolución, el zapatismo y los gobiernos del siglo XX. Títulos como Los tlahuicas, Guerra de la Independencia en el Estado de Morelos…”, etc.
“Detrás de esa producción parece existir una pregunta constante: ¿cómo se formó históricamente Morelos? Ésta es una de sus principales aportaciones. La fuerza simbólica del zapatismo ha sido tan grande que con frecuencia la historia morelense pareció concentrarse casi exclusivamente en la Revolución. López González ayudó a mostrar una temporalidad mucho más larga: detrás del Morelos zapatista existían un Morelos indígena, colonial, insurgente, liberal, conservador, imperial, republicano y porfiriano. Su obra contribuyó así a construir una historia de la entidad que no comenzaba ni terminaba con Emiliano Zapata.
Un segundo eje fue la formación política y territorial del estado. Sus trabajos sobre la integración territorial, Francisco Leyva, Pedro Sainz de Baranda, los primeros decretos del Poder Legislativo, el Tribunal Superior de Justicia, los legisladores y la sucesión de gobernadores expresan un esfuerzo persistente por explicar cómo se construyó la entidad. No bastaba recordar la erección de Morelos en 1869: había que reconstruir su territorio, sus instituciones, sus conflictos y los hombres que ejercieron el poder. De esta manera, el estado dejaba de aparecer solamente como una división administrativa para convertirse en resultado de un proceso histórico.
El tercer gran campo fue la Revolución y el zapatismo. Los compañeros de Zapata, El Plan de Ayala,
Reforma y ratificación del Plan de Ayala, La muerte del general Emiliano Zapata, Vida y obra de Zapata y los volúmenes de Tres mil días de Revolución muestran uno de sus rasgos característicos: la preocupación por las fechas, los acontecimientos, los protagonistas y las secuencias…”.
“También merece atención el Valentín de Cuernavaca y de la vida cotidiana. Escribió sobre el Palacio de Cortés… Quienes hoy investigamos el pasado de esta entidad podemos formular preguntas distintas, discutir algunas de sus interpretaciones e incorporar actores y perspectivas que en su tiempo permanecían en segundo plano. Pero, una y otra vez, cuando buscamos una fecha, un personaje, un decreto, una institución, un episodio de Cuernavaca, una referencia sobre la formación del estado o una pista documental, volvemos a encontrarnos con Valentín.
Y quizá ésa sea una de las mejores maneras de medir la trascendencia de una obra. Valentín López González no solamente escribió sobre la historia de Morelos. Contribuyó a hacer posible una Historia de Morelos: no como suma de anécdotas locales ni como apéndice de la historia nacional, sino como un campo de conocimiento, con temporalidades, actores, conflictos, instituciones, documentos y problemas propios. Ese es el punto en el que el cronista se convierte también en constructor de historiografía. Y esa es la razón por la cual, veinte años después de su ausencia, Valentín López González continúa presente en el trabajo de quienes tratamos de comprender históricamente a Morelos”.
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