En el Centro de Cuernavaca, en donde convergen las calles Alejandro Humboldt y Fray Bartolomé de las Casas existió un foro a cielo abierto en el cual se realizaban conciertos. Este lugar se encontraba en donde actualmente está el hotel que lleva el nombre de una de las mayores novelas de lengua inglesa del siglo XX, escrita por el inglés Malcom Lowry, llamada “Bajo el Volcán”. Obra que se escribió en esta ciudad hacia el año de 1936.
Este foro se llamó “Anfiteatro Salvador Urbina” y fue inaugurado el 15 de marzo de 1931, pero también se le conoció como: ’’Anfiteatro Sonido 13”.
El nombre de Salvador Urbina (1885-1963) se le dio en honor a ese abogado profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM, que fungió como oficial mayor y subsecretario de Hacienda. Además, fue procurador general de la Nación y delegado de México en la Conferencia Internacional Panamericana de La Habana en 1928.
Para hacer dicho foro se aprovechó el desnivel del terreno que forma la barranca de Amanalco, en donde colocaron a manera de butacas bancos hechos de unos 20 tabiques apilados de dos en dos. En la parte baja se encontraba la plataforma que hacía las veces de escenario, que como fondo tenía la abundante vegetación de la barranca, lo que formaba un hermoso telón. Al frente del escenario colocaban unos postes en donde colgaban lámparas tipo Coleman para alumbrar en caso de que llegara la noche. Al fondo derecho del escenario había un raro pedestal de mampostería, decorado con rostros humanos, rematado en la parte superior con una figura tipo copa con tapa y del lado izquierdo colocaron una especie de carpa hecha con telas que hacía las veces de camerino. Del lado derecho del patio de butacas se encontraba una rara construcción de mampostería de unos cinco metros de alto, que contaba con una base de aproximadamente un metro de alto por 50 cm de ancho, que en la parte superior era un gran óvalo con un nicho en donde colocaban una escultura de José María Morelos y Pavón y el fondo estaba pintado con el escudo nacional, pues era la época de “Nacionalismo Postrevolucionario” que buscaba unificar a una nación que aún estaba dividida, después del conflicto armado de 1910.
En este anfiteatro se presentaban orquestas y bandas de la época. Uno de los grandes artistas que se presentó frecuentemente en este lugar, fue el afamado violinista y director Julián Carrillo, originario de San Luis Potosí, quien llegó a alternar en Europa con el famoso compositor italiano Giacomo Puccini.
Carrillo fue un gran estudioso de la física y matemáticas de la música y de la acústica, con lo que creó algo que llamó semitonos, con lo que rompía el ciclo clásico de los doce sonidos existentes hasta entonces (Do, Re, Mi, Fa,…etc.).
Este destacado músico inventó y construyó nuevos instrumentos, entre los que se encontraban pianos, arpas y otros instrumentos. A este revolucionario desarrollo lo llamó “Sonido 13”, porque representaba el paso siguiente al de los doce sonidos tradicionales.
Debido a las presentaciones que hacía Julián Carrillo en este anfiteatro de Cuernavaca, al lugar se le comenzó a llamar “Sonido 13” y tuvo una gran repercusión en nuestra ciudad, e inclusive en los años ochenta se seguían haciendo conciertos y exhibiciones de un arpa microtonal en el Jardín Borda.
El magnífico fotógrafo veracruzano radicado en Cuernavaca, Jesús L. Vázquez (1868-1940), tomó varias placas fotográficas de lo que fue este peculiar anfiteatro el día de su inauguración, en donde muestra a la inquieta concurrencia, a trajeados músicos que participan en el evento y diversos aspectos de este lugar, dejando un maravilloso testimonio de lo que fue nuestra ciudad en esa época.
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