Ir al contenido principal

La “Suky”, noble perra que ya des­cribí, me dejó como regalo entre los 8 cacho­rros que parió al “Popeye”, tam­bién exce­lente y gene­roso perro que vivió con­migo ¡18 años…! Popeye fue un perro de más que mediana alzada con un peso apro­xi­mado entre 60 a 70 kilos, lo cual le per­mi­tía impo­ner su pre­sen­cia lo mismo ante otros de su misma espe­cie que ante mis visi­tan­tes por cua­les­quiera cir­cuns­tan­cia que se acer­ca­ran o pasa­ran a la casa allá por los rum­bos de Can­ta­rra­nas, en la parte Norte de la colo­nia Aca­pant­zingo de Cuer­na­vaca… Jugue­teaba con mis hijos Pablo, Toño, Paola y con­migo al mismo tiempo que estaba dis­puesto frente a cua­les­quiera cir­cuns­tan­cia de peli­gro para defen­der­nos… En algún momento de su exis­ten­cia, llegó a casa “Buck”, un bello perro Sibe­rian Husky del cual hablaré pos­te­rior­mente; se hicie­ron gran­des y bue­nos ami­gos; qué pareja de can­cer­be­ros tuve ahí en la casa de la Pri­vada de Génova número 19, cono­cida como Los Pio­ne­ros por­que fui­mos los pri­me­ros en lle­gar a esa calle cerrada…

De Popeye, recuerdo su pre­sen­cia y com­pa­ñía cuando tra­ba­jaba yo fuera de la casa bajo el her­moso y bello lau­rel que ahí existe, con la mesa en el pequeño prado donde él recar­gaba su cabeza en mis pier­nas y tam­bién ponía su pata en señal de saludo que yo le corres­pon­día con una cari­cia y un masaje en la parte pos­te­rior del cue­llo que tanto agrada a todos los perros, ¡qué inte­li­gen­cia de ani­mal…! Gus­taba de estar con­migo al pen­diente durante el con­sumo de mis ali­men­tos, de los cua­les algo le daba… Dor­mía afuera, al pie de la puerta de mi reca­mara en la terraza techada… C

uando por cir­cuns­tan­cias de la vida en cum­pli­miento de su des­tino, mis hijos Pablo, Toño y Paola par­tie­ron para bus­car el pro­pio y que­bran­tada la cir­cuns­tan­cia fami­liar con­yu­gal, cam­bia­dos de domi­ci­lio a la Ave­nida Pal­mira allá por el año 1991 ya extinto el Buck, el Popeye me acom­pañó en mis años de sole­dad, donde com­par­tía­mos lo mismo para comer: Queso y jamón; jamón y queso, y en algún momento algu­nas pie­zas de pollo ros­ti­zado; a él le ser­vía su agua y yo me tomaba la pro­pia, el refresco o un buen trago… Los años tran­si­ta­ron; Popeye se hizo viejo, su pelo negruzco con áreas cafés se pusie­ron gri­sá­ceas y blan­cas; sólo él era mi com­pa­ñero junto con mis asis­ten­tes de cocina, lim­pieza y jar­dín que por horas lle­ga­ban cier­tos días a la semana…

El Popeye empezó a tener pro­ble­mas mus­cu­la­res y óseos frente a lo cual, pasado el tiempo en una de tan­tas visi­tas mi amigo el vete­ri­na­rio Ricardo Her­nán­dez sim­ple­mente me dijo: ¡“Déjalo morir con dig­ni­dad”…! Los ojos se me hume­de­cie­ron y le pedí que cum­pliera en casa lo que me reco­men­daba y con la asis­ten­cia de Gil mi jar­di­nero, lo ente­rra­ron al pie del viejo Tuli­pán de la India del jar­dín de la casa, donde des­can­san sus res­tos… Sus carre­ras, sus anda­res can­sa­dos, sus mor­dis­cos, sus gru­ñi­dos, su cabeza y sus patas con los cua­les tanto me decía, que­da­ron para el recuerdo y por él escribí este Poema que se llama:

¡AMIGO!

Autor: Pablo Rubén Villalobos.

¡No debo llamarte perro! Con sinceridad lo digo, por eso es que en este verso te llamaré: ¡Fiel amigo!

Hoy en mi memoria creces, por tu fuerza y tu valor… ¡Por tu lealtad, bien mereces, que mitigue tu dolor!

Por qué velaste mi sueño con aviso en tus ladridos, no me sentí Amo ni Dueño, ¡Sino tan sólo, tu Amigo!

¡Amigo de tantos años, de compañía y soledades, tu ausencia hoy me causa daño lo digo sin vaguedades!

¡Te vi pelear, muchas veces en defensa de tu honor! ¡Para mostrar con creces, tu nobleza y tu valor!

¡Pues defendiste el espacio, de mi hogar, que fue tu casa...! ¡Y ahí ganaste el pedazo donde tus restos descansan!

Tú, con nosotros naciste; Noble y fuerte te formaste; Tú con mis hijos creciste… Y amigo fiel… Te marchaste.

Recordaré muy seguido, Tus lamidas en mi mano… Tus mordiscos, tus gruñidos… ¡Amigo fiel, yo te extraño!

Repito con sentimiento, Ahora que te despido: ¡No debo llamarte perro...! ¡Sino mi más fiel, Amigo!

 

¡Cuánto cariño y amor por ti mi querido Amigo Popeye…! ¡Hasta siempre! ¡Hasta mañana que será un día más!

Sobre el autor

Pablo Ruben Villalobos
Pvillalobos
Ver biografía