Carta Abierta: Obituario: ¡Se fue Jesús -Chucho- Rubí!

Pvillalobos
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En la leja­nía por mi esta­día en los rum­bos de España para cum­plir debe­res de carác­ter cul­tu­ral por la entrega del Pre­mio Lite­ra­rio Miguel de Cer­van­tes, sor­pre­siva e ines­pe­ra­da­mente recibí lo que para mí fue una dolo­rosa noti­cia: ¡Murió el señor Jesús Rubí Díaz…! Quedé ató­nito, bus­cando el razo­na­miento que me per­mi­tiera enten­der la ingrata par­tida de mi amigo y com­pa­ñero de la vida don Jesús Rubí Díaz, afec­tuo­sa­mente cono­cido en los medios socioe­co­nó­mi­co­po­lí­ti­cos y comer­cia­les de Cuer­na­vaca como Chu­cho Rubí, cuya sin­gu­lar ima­gen, ama­ble trato y la ener­gía pru­dente cuando era nece­sa­rio, formó parte del pai­saje y del inven­ta­rio de los cono­ci­dos Cuer­na­va­cen­ses… En efecto, Cuer­na­va­cense de cepa por deci­sión de sus extin­tos padres, don Ángel Rubí Alba­rán y doña Ger­tru­dis Díaz Mon­dra­gon, a sus cinco hijos les pusie­ron en el caso de los hom­bres el nom­bre de José y en el caso de las muje­res el de María con otros dos nom­bres como com­ple­mento por lo cual el hoy extinto reci­bió bau­tis­mal­mente el nom­bre de José Juan Jesús, en tanto que sus cua­tro her­ma­nos reci­bie­ron por nom­bre José Alfredo Deme­trio(†), María Lour­des Elvia, José Miguel Ángel y María Angé­lica Ber­nar­dita(†), todos ellos cono­ci­dos inte­gran­tes de la fami­lia Rubí Díaz de grata pre­sen­cia y buena fama pública en Cuer­na­vaca… La vida activa de Jesús Rubí empezó a tem­prana edad, bus­cando espa­cios comer­cia­les para cum­plir sus desem­pe­ños luego de encon­trar cobijo en la gran tienda de equi­pos y mue­bles de don José Luis Car­ba­jal, ubi­cada en aquel enton­ces en la Calle de Mata­mo­ros, a un lado del Cine Ala­meda frente a lo que fuera el edi­fi­cio del Con­greso del Estado de donde emi­gró a la acera de enfrente junto al Banco Nacio­nal de México con su razón social de toda la vida, Mue­ble­ría Car­ba­jal en cuyo frente pen­den tres gran­des estre­llas, que por deci­sión de don José Luis sig­ni­fi­can la pre­sen­cia de cada una sus tres hijas…

Chu­cho Rubí pro­gresó en el cum­pli­miento de sus res­pon­sa­bi­li­da­des como cobra­dor y ven­de­dor de esa gran casa mue­blera en la cual con toda habi­li­dad apren­dió los secre­tos y sabi­du­ría de don José Luis, que él cum­plió, para luego inde­pen­di­zarse y poner su pro­pio nego­cio sobre la Ave­nida Plan de Ayala por los rum­bos de la Glo­rieta de la Luna, donde su éxito fue incues­tio­na­ble… Ello le valió ser reco­no­cido por comer­cian­tes de Cuer­na­vaca para ser nomi­nado y ganar en rotunda elec­ción la cali­dad de Pre­si­dente de la Cámara Nacio­nal de Comer­cio en Cuer­na­vaca…

En el curso de esos años, encon­tró a la com­pa­ñera de su vida, la señora María Elena Rodrí­guez Bel­trán, hija de don Anto­nio Rodrí­guez Pinto, un con­no­tado polí­tico cuer­na­va­cense quien durante años cum­plió diver­sos encar­gos y res­pon­sa­bi­li­da­des en el Ayun­ta­miento de Cuer­na­vaca… Don Jesús y doña Elena pro­crea­ron tres hijos Jesús, Ivette y Juan Car­los(†) Díaz Rodrí­guez, este último arte­ra­mente sacri­fi­cado, lo cual fue un pro­fundo dolor que durante los últi­mos años de su vida cargó mi amigo Jesús con pro­fundo sen­ti­miento que en nues­tras char­las dobla­ban sus emo­cio­nes…

En los tiem­pos del Gober­na­dor Lauro Ortega Mar­tí­nez, en forma per­so­nal bien recuerdo siendo yo Secre­ta­rio Par­ti­cu­lar del Man­da­ta­rio, el nom­bra­miento de Direc­tor de Reza­gos y Eje­cu­cio­nes Fis­ca­les que le asignó el Gober­nante, lo cual con gran habi­li­dad frente a los empre­sa­rios y pro­pie­ta­rios deu­do­res de Cuer­na­vaca y el Estado cum­plió pun­tual­mente Jesús Rubí como Ser­vi­dor Público, ello le valie­ron diver­sos reco­no­ci­mien­tos tanto del Gober­nante como de las estruc­tu­ras repre­sen­ta­ti­vas de la Ini­cia­tiva Pri­vada y dece­nas de par­ti­cu­la­res en More­los…

Cuento alguna anéc­dota de nues­tra vida como fra­ter­nos ami­gos y com­pa­ñe­ros juve­ni­les de parranda: Cierto día calu­roso del año 1961 llegó el joven Jesús a la car­ni­ce­ría La Rosa de Oro que mane­jaba mi gran amigo Rafael Cha­vaje Mar­quina, quien en pleno calor junto con su ayu­dante y este Escri­bano, dis­fru­tá­ba­mos de unas sabro­sas cer­ve­zas para apa­gar el calor en días como éstos igua­les a los de aquel tiempo… Chu­cho pidió chi­cha­rrón, lon­ga­niza y bis­te­ces que con toda atin­gen­cia le fue­ron ven­di­dos… ‘Rafa’ inu­si­ta­da­mente le dijo a Chu­cho si se echaba una cer­veza…

Ni tar­dos ni pere­zo­sos cada uno nos toma­mos entre tres y seis cer­ve­zas… Jesús se des­pi­dió con prisa por­que se le hacía tarde con la comida para la fami­lia… Hábil como era Rafael en su juego de pala­bras sola­mente comentó: “Este Solo­vino va a vol­ver”… En efecto, Chu­cho Rubí vol­vió y a par­tir de ahí el sobre­nom­bre y la amis­tad fue­ron cre­cien­tes tanto con Rafa, su padre don Ricardo, don Pepe Cas­ti­llo Car­na­lla -Padre de Pepe Cas­ti­llo Pombo- y este Escri­bano para com­par­tir los bite­ces de la carne de caba­llo que ven­día don Pepe o la rica carne tár­tara que pre­pa­raba

Rafael cuán­tas veces se lo pedía su padre don Ricardo… Qué man­ja­res com­par­ti­dos en la can­tina La Cata­rina del otro lado del viejo mer­cado donde estaba la car­ni­ce­ría… ¡La amis­tad se acre­centó…! Ahí dejo algu­nos de estos deta­lles tras la vida del amigo que par­tió sin olvi­dar su larga pre­sen­cia de años como sig­ni­fi­cado inte­grante del Grupo More­los Cuauh­náhuac y el Con­sejo Cívico Ciu­da­dano y por quien pido al Señor lo guarde en su recinto y que Des­canse en Paz, don José Juan Jesús Rubí Díaz, nues­tro gran com­pa­ñero

Chu­cho Rubí. ¡Hasta mañana que será un día más!

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.