Cuando pensamos en los grandes personajes de la Independencia de México, los nombres que aparecen casi siempre son los mismos. Hidalgo. Morelos. Allende. Guerrero. Entre las mujeres, Josefa Ortiz de Domínguez y Leona Vicario suelen ocupar buena parte del relato.
Pero hubo otra mujer cuya historia rompe por completo con la imagen tradicional de las participantes femeninas en la insurgencia.
Se llamaba María Manuela Molina.
Era indígena, originaria de Taxco, tomó las armas, organizó combatientes, levantó su propia compañía y llegó a convertirse oficialmente en capitana del Ejército Insurgente.
No era únicamente un sobrenombre.
Su rango quedó registrado en documentos de la propia guerra.
Una capitana reconocida por los insurgentes
Manuela Molina habría nacido alrededor de 1780 en Taxco, territorio que actualmente pertenece al estado de Guerrero.
Cuando comenzó el levantamiento de Independencia en 1810, decidió incorporarse a la insurgencia. Su participación fue creciendo hasta recibir el grado de capitana por parte de la Suprema Junta Nacional Americana, mejor conocida como Junta de Zitácuaro, uno de los primeros intentos de los insurgentes por establecer una autoridad política y militar propia.
Un documento de enero de 1812 ya la identifica con este rango.
El dato resulta todavía más extraordinario al considerar el contexto de principios del siglo XIX: Manuela era una mujer indígena ejerciendo mando militar en medio de una guerra encabezada mayoritariamente por hombres.
El documento de 1813 que demuestra que realmente existió
Una de las evidencias más importantes de su historia se encuentra en el diario de guerra del entorno de José María Morelos.
El 8 de abril de 1813, el documento registra su presencia y la identifica como:
“Doña María Manuela Molina, india natural de Taxco, capitana titulada por la Suprema Junta”.
La importancia de esa frase es enorme.
No se trata de una leyenda construida décadas después ni de una historia transmitida únicamente de manera oral. Fue escrita mientras la Guerra de Independencia todavía se desarrollaba.
El mismo registro señala que Molina había prestado numerosos servicios a la causa insurgente hasta conseguir levantar su propia compañía.
Es decir, no solamente peleaba.
También tenía capacidad para reclutar, organizar y dirigir combatientes.
Había peleado al menos siete veces
Para cuando aquel diario mencionó a Manuela Molina en 1813, ya había participado en al menos siete batallas.
Las fuentes posteriores han intentado identificar los distintos enfrentamientos en los que habría estado presente, pero el documento original no enumera uno por uno todos esos combates.
Lo que sí puede afirmarse con seguridad es que su experiencia militar era considerable antes incluso de encontrarse personalmente con Morelos.
Y ahí comienza otra de las partes más sorprendentes de su historia.
Recorrió cientos de kilómetros para conocer a Morelos
Manuela había escuchado hablar de las victorias y del liderazgo que José María Morelos estaba construyendo en el sur del país.
Entonces decidió buscarlo.
El diario insurgente señala que recorrió más de 100 leguas con el propósito de conocer personalmente al general.
Dependiendo de la equivalencia utilizada para aquella medida, hablamos de un recorrido de cientos de kilómetros, realizado en plena guerra y en las condiciones de transporte de principios del siglo XIX.
Cuando finalmente consiguió encontrarse con él, el registro señala que manifestó sentirse satisfecha de haberlo conocido y expresó su disposición a morir por la causa independentista.
Pero hay un detalle fundamental:
Manuela ya era capitana antes de conocer a Morelos.
No fue él quien la convirtió en combatiente.
Ella llegó ante Morelos con rango, experiencia militar y hombres bajo su mando.
Combatió junto al ejército de Morelos
Después del encuentro, Molina continuó vinculada a las campañas insurgentes del sur.
Existen referencias que la sitúan participando en las operaciones relacionadas con la ocupación de Acapulco en 1813 y posteriormente en acontecimientos vinculados con la rendición del Fuerte de San Diego.
También aparece relacionada con la batalla del Rancho de las Ánimas, ocurrida en febrero de 1814.
Eso permite descartar otra idea simplificada: que su participación hubiera sido breve o simbólica.
Manuela permaneció dentro del conflicto armado durante años.
Una mujer que realmente comandaba tropas
Las fuentes institucionales son claras al señalar que Molina tuvo mando sobre una tropa.
Además, el registro de 1813 afirma que consiguió levantar su propia compañía.
Algunas reconstrucciones modernas calculan que pudo dirigir alrededor de 60 indígenas y mestizos, aunque esa cantidad específica debe manejarse con mayor cautela.
Lo históricamente sólido es suficiente por sí mismo:
Manuela Molina tuvo grado de capitana, organizó una compañía y ejerció mando militar.
En una época donde las mujeres tenían enormes limitaciones políticas, jurídicas y sociales, una mujer indígena estaba dirigiendo hombres dentro de una guerra revolucionaria.
Su historia no terminó con Morelos
José María Morelos fue capturado y ejecutado en 1815.
Sin embargo, la insurgencia continuó.
Y Manuela también.
Registros biográficos señalan que en 1816 volvió a organizar un batallón y participó en nuevas acciones militares.
Este punto resulta particularmente importante porque demuestra que su papel no dependía únicamente de encontrarse bajo las órdenes directas de Morelos.
Molina había desarrollado sus propias capacidades de organización y liderazgo.
Podía reclutar.
Podía organizar.
Podía comandar.
Era una dirigente militar insurgente por derecho propio.
¿Por qué casi no aparece en la historia popular?
Durante décadas, la participación femenina en la Independencia fue explicada principalmente mediante figuras relacionadas con inteligencia, mensajería, financiamiento o conspiración.
Esas actividades fueron fundamentales.
Pero no fueron las únicas.
Las mujeres también actuaron como proveedoras, propagandistas, espías, organizadoras y, en algunos casos, combatientes armadas.
Manuela Molina pertenece precisamente a esa última categoría.
Su historia desmonta la idea de que las mujeres permanecieron fuera de los campos de batalla mientras los hombres libraban la guerra.
Ella estuvo dentro.
Y además tenía mando.
Indígena, mujer y militar
Por eso su figura resulta excepcional incluso dentro de la propia historia de la insurgencia.
Manuela acumulaba tres características que hacían particularmente improbable su posición dentro de la sociedad novohispana:
era mujer,
era indígena,
y ejercía autoridad militar.
No solamente desafió al gobierno virreinal.
También rompió, en la práctica, algunas de las estructuras sociales de su época.
Y quizá por eso su presencia resulta hoy tan poderosa.
Alcanzó a ver consumada la Independencia
Manuela Molina sufrió heridas durante los años de guerra, pero sobrevivió al conflicto.
Las principales semblanzas biográficas sitúan su muerte el 2 de marzo de 1822, meses después de la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México y de la consumación de la Independencia en septiembre de 1821.
Es decir, habría alcanzado a ver terminado el proceso por el que había combatido durante años.
Existe, sin embargo, otro dato interesante: su nombre no aparece entre determinados insurgentes que reconocieron políticamente a Agustín de Iturbide durante la etapa final del movimiento.
Esto no permite concluir cuál era exactamente su posición frente al Plan de Iguala o al nuevo orden político, pero demuestra que todavía existen partes de su historia que necesitan mayor investigación.
La mujer que México empieza a recordar
En años recientes su nombre ha comenzado a recuperar espacio dentro de la memoria pública.
Manuela Molina ha sido incorporada a homenajes oficiales y materiales dedicados a rescatar la participación femenina en la Independencia.
Su historia permite ampliar un relato que durante mucho tiempo estuvo concentrado en un pequeño número de protagonistas.
Porque la insurgencia mexicana no estuvo formada únicamente por grandes generales.
Participaron indígenas, mestizos, campesinos, afrodescendientes, trabajadores, hombres y mujeres que encontraron distintas maneras de incorporarse a la rebelión.
Y entre ellos hubo una mujer de Taxco que decidió tomar las armas.
La pequeña frase que sobrevivió más de 200 años
Quizá la mejor manera de entender la importancia de Manuela Molina está en aquella anotación realizada en 1813.
Alguien que acompañaba al ejército de Morelos decidió registrar su llegada.
Y no escribió que fuera una acompañante.
No dijo simplemente que ayudaba a los insurgentes.
La describió como:
“india natural de Taxco, capitana titulada por la Suprema Junta”.
Más de dos siglos después, esas palabras continúan siendo una de las pruebas más contundentes de que durante la Independencia de México una mujer indígena tomó las armas, comandó tropas y consiguió que una autoridad insurgente reconociera oficialmente su rango militar.
Su nombre fue Manuela Molina.
Y la historia la conoció como:
La Capitana.
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