La selección mexicana de futbol, categoría Sub-20, logró ganar el torneo de la Concacaf. Con ello, aseguró el boleto al campeonato que se jugará en Azerbaiyán Y Uzbekistán el año próximo y no solo eso, sino también selló el pasaporte a Juegos Olímpicos.
Muy buen trabajo el hecho por Andrés Lillini como director de selecciones con límite de edad y del entrenador Alex Diego.
En la premiación, se presentó una situación que da para el comentario.
Cuando el sonido local anunció la presencia del Comisionado Presidente de la Federación Mexicana de Futbol, el señor Mikel Arriola, (por cierto, dijeron “Arreola”), el abucheo no se hizo esperar.
Digna de foto la cara del pelotari en retiro y ex funcionario público, más bien acostumbrado al aplauso cortesano.
El motivo de la rechifla fue el anuncio, emitido la semana pasada, de que, en el estatuto del organismo rector del balompié nacional, quedaba oficializada la abolición del ascenso y descenso en la Liga Mx y Expansión.
Con todo respeto, creo que le están poniendo el pelaje de un tigre al gato.
Es obvio que una decisión de ese tamaño, no pasa por el escritorio del buen Mikel.
Los verdaderos culpables de este atropello son los dueños de los clubes de la Primera División.
Los propietarios de los equipos del máximo circuito, tienen la absoluta mayoría en el porcentaje de votos dentro de la federación y por ello, se erigen en propietarios del destino de todo el resto de los órganos y Ligas que la integran.
En el afán de cuidar sus intereses, esta cofradía, garantizan que ninguno de sus asociados, por más mala campaña que tenga, pueda perder la categoría.
En su miope proceder, no se dan cuenta la abaratada que le dan a su propio producto, al consentir a cuadros que, de plano, “nadan de muertito”.
¿A son de qué voy a invertir, reforzar el equipo o mejorar mi estadio, si no tengo ni medio problema?
Y de esa manera se hace mayor la brecha entre los de siempre y los de abajo.
Ahí está el caso de Puebla, Querétaro, Xolos, Atlas y Juárez, solo por mencionar a algunos.
El único equipo que ha sabido aprovechar la anómala situación ha sido Chivas, porque no le queda de otra.
Sacar jugadores, debutar canteranos y pulir a sus elementos en la alta competencia, les ha sido redituable.
Atlante llegó por la vía de la compra del Mazatlán, pero con la hermosa garantía de no volver a pisar el infierno.
Y digo lo anterior, teniendo grandes y queridos amigos como Jesús Martínez, propietario de Pachuca y León, así como Emilio Escalante, dueño de los “Potros de Hierro”.
El mercado y la industria les van a cobrar cara su osadía.
Ahí están las pobres taquillas, la baja en la audiencia televisiva y las protestas de las instituciones afectadas con el no ascenso.
En el colmo de todo esto, obligaron a equipos como la Universidad de Guadalajara, a gastar un dineral en mejorar su infraestructura, con vanas y falsas promesas.
A ellos hay que reclamarles. El señor Arriola no merece el abucheo. A lo más que puede aspirar es a una… sonora trompetilla.
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