Bajo la Lupa: Que siempre no

Deportes
Arturo Brizio
ARTURO BRIZIO CÁRTER

Tengo un amigo al que quiero mucho y al salu­darlo el otro día, me con­fesó ser asi­duo lec­tor de esta columna, ade­más de que, con su sim­pa­tía pro­ver­bial, afirmó que nos une una cues­tión: la pro­funda ani­mad­ver­sión que nos genera Gianni Infan­tino.

La semana ante­rior, el mundo del balom­pié se vio sacu­dido por la noti­cia de que los dere­chos de la Copa del Mundo que orga­niza la FIFA, irían en aso­cia­ción con una enti­dad finan­ciera, pro­pie­dad del her­mano del yerno del pre­si­dente Donald Trump.

La millo­na­ria ope­ra­ción pon­dría en manos del con­sor­cio inver­sor, entre el 20 y el 30% de las ganan­cias y a cada Fede­ra­ción, de las 211 que inte­gran al máximo orga­nismo rec­tor del fut­bol en el orbe, la frio­lera de 40 melo­nes de ver­des bille­tes, en con­traste con los 10 que reci­ben ahora cada año.

Según Don Gianni, las deci­sio­nes depor­ti­vas, orga­ni­za­ción de los even­tos y la admi­sión de nue­vos patro­ci­na­do­res y/o la reno­va­ción de los que ya están, segui­rían en manos de la sede en Suiza.

Si, suena padrí­simo, solo que el fondo de inver­sión ten­dría vela en todos los entie­rros, es decir, cual­quier cam­peo­nato, sea Sub-17, feme­nil o de cual­quier índole, redi­tua­ría uti­li­da­des a repar­tir.

Los pri­me­ros en poner el grito en el cielo, fue­ron los inte­gran­tes de la UEFA, la pode­rosa Con­fe­de­ra­ción que rige los des­ti­nos del balom­pié euro­peo.

Como un blo­que, ame­na­za­ron con reti­rar a sus equi­pos, selec­cio­nes y juga­do­res de cual­quier com­pe­ti­ción orga­ni­zada por FIFA.

¡Ima­gine usted el boquete, la herida mor­tal que esto sig­ni­fi­ca­ría!

Y no habla­mos solo del aspecto depor­tivo, sino de lo que más le duele a Infan­tino, el finan­ciero.

Las Aso­cia­cio­nes de Suda­mé­rica, tam­bién alza­ron la voz en el mismo sen­tido, mien­tras que África declaró que “había que ana­li­zar la pro­puesta”.

Con­ca­caf con­denó con ener­gía, pero ¿qué cree?, México pidió tiempo para refle­xio­nar, en la típica acti­tud aga­chona y cen­ta­vera de nues­tros íncli­tos direc­ti­vos.

Infan­tino es un encan­ta­dor de ser­pien­tes y, como buen Abo­gado, astuto, aun­que creo que equi­vocó la estra­te­gia.

Estaba supu­rando toda­vía la herida que dejó el Mun­dial y su ima­gen andaba sumida en el des­cré­dito.

Quizá, si hubiera espe­rado al Con­greso, en el que sin duda va a ree­le­girse y ya sen­tado en su pol­trona otros cua­tro años, darse el tiempo de hacer la chamba del cabil­deo e ir com­prando, per­dón, con­ven­ciendo a los inde­ci­sos.

Tam­poco es que el fut­bol, desde el punto de vista admi­nis­tra­tivo y comer­cial sea actual­mente una caja de cris­tal.

De acuerdo al objeto social, la FIFA es una aso­cia­ción sin fines de lucro, pero las ganan­cias que genera vía la venta de los dere­chos de tele­vi­sión, entra­das, publi­ci­dad está­tica y patro­ci­nios, la con­vier­ten en un mono­po­lio extre­ma­da­mente ren­ta­ble.

Por eso es que repar­ten, a dis­cre­ción, dinero entre sus agre­mia­dos, a fin de per­pe­tuar el poder.

Final­mente, el impre­sen­ta­ble pre­si­dente dio mar­cha atrás y desis­tió de sus faraó­ni­cos pla­nes de reforma. En buen cas­te­llano, como dice el refrán, “fíjense que dice mi mamá…que siem­pre no”.

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