Bajo la Lupa: Resulta difícil

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Decía un famoso escri­tor colom­biano, lla­mado “Gabo” para los cua­tes, que el reto más difí­cil de su ofi­cio, desde que era repor­tero, era enfren­tar al “mons­truo blanco”.

Gabriel Gar­cía Már­quez hacía alu­sión a esa sole­dad tan sola, que se siente ante una hoja vacía, que debe, en modo man­dato, lle­narse con una cró­nica, un relato, un verso o quizá, por qué no, una novela.

Y mire nada más quién lo decía. Gana­dor del pre­mio Nobel en 1982, fue su pluma la res­pon­sa­ble de rega­lar al mundo títu­los tan seña­la­dos como “Cró­nica de una muerte anun­ciada”, “El coro­nel no tiene quien le escriba”, “Memo­ria de mis putas tris­tes”, “El otoño del patriarca”, “Noti­cia de un secues­tro”, “Los fune­ra­les de Mamá Grande”, “El amor en los tiem­pos del cólera”, “Vivir para con­tarla” y, sin duda, su obra maes­tra “Cien años de sole­dad”.

Escri­bir una cola­bo­ra­ción para Dia­rio de More­los, que usted leerá cono­ciendo el resul­tado del juego de ida de la Gran Final, me resulta com­pli­cado.

Sin embargo, me aven­turo gus­toso entre la refle­xión y el pro­nós­tico para com­par­tir.

El duelo entre Cruz Azul y Pumas enfrenta, sin duda, a dos gran­des del balom­pié azteca.

Los del Pedre­gal ter­mi­na­ron en el pri­mer lugar, lo que les otorga el dere­cho regla­men­ta­rio de jugar el par­tido deci­sivo en casa.

Para que ello cons­ti­tuya una ver­da­dera ven­taja, tiene por fuerza que salir vivo del esta­dio “Ciu­dad de los depor­tes”.

¿Qué sig­ni­fica esto? Que, en el caso de per­der, sea por una mínima dife­ren­cia. Otro esce­na­rio podría ser catas­tró­fico y un empate o ven­taja, miel sobre hojue­las.

Ahora bien, la expe­rien­cia está del lado celeste. Salvo su direc­tor téc­nico, Joel Hui­qui, nom­brado de emer­gen­cia tras la salida, intem­pes­tiva por cierto de Nico­lás Lar­ca­món, tie­nen dema­sia­das horas de vuelo.

Ade­más, poseen un rico plan­tel para rea­li­zar cam­bios sin per­der la esen­cia.

Todo lo con­tra­rio del lado uni­ver­si­ta­rio. Los titu­la­res lo son por­que no tie­nen com­pe­ten­cia.

La banca auria­zul no se com­para, de manera alguna, no con la celeste sino con su pro­pio once ini­cial.

Por ello, al mar­gen de filias y fobias, se debe aplau­dir el tra­bajo del entre­na­dor Efraín Juá­rez.

Para el juego de ida, la Comi­sión de Árbi­tros se decantó por el sil­bante sina­loense Ismael Rosa­rio López Peñue­las.

Es un joven con bue­nas hechu­ras, ya con gafete de FIFA, del cual todos espe­ran bue­nas cuen­tas.

Lo que escapa a mi pobre cale­tre es la pre­mura por desig­nar al juez de la vuelta.

Con­si­dero que no había prisa y bien pudie­ron espe­rar al resul­tado, en todo sen­tido, del jue­ves, para con cabeza fría, nom­brar al naza­reno de la Gran Final.

Al hacer recaer la res­pon­sa­bi­li­dad en Daniel Quin­tero, asu­mie­ron un riesgo: si la cosa no mar­cha, expli­car al mundo la ausen­cia del mun­dia­lista César Arturo Ramos Pala­zue­los.

En fin, al final estas líneas son solo elu­cu­bra­cio­nes sobre lo que puede suce­der.

Sin pre­ten­der com­pa­rarme con “Gabo”, el enfren­tar al “mons­truo blanco”, vaya que… resulta difí­cil.