Varios personajes del futbol en distintos ámbitos, jugadores en activo, retirados, entrenadores, periodistas y hasta abogados, ha emitido su opinión en torno a un suceso acaecido en la Segunda División en la península ibérica.
La Jornada del fin de semana en España resultó trágica. El futbolista del Tenerife, Jesús de Miguel Alameda, falleció luego de recibir una tremenda falta cuando el juego ante el Andorra agonizaba.
El marcador indicaba empate a dos tantos, cuando al 90+7, se realizó un largo despeje.
El delantero canario buscaba el balón a la altura del medio campo y el guardameta adversario, de forma absolutamente absurda, lo contactó violentamente con todo su cuerpo, provocando un paro cardio respiratorio que, al final, no pudo ser revertido en el hospital.
El portero que realizó la acción fue Jesús Owono, nativo de la Guinea Ecuatorial y que ha tenido actuaciones a nivel internacional, con su selección.
El juez del encuentro, Manuel Ángel Pérez, decretó de inmediato la expulsión, reportando Juego Brusco Grave.
El partido quedó suspendido. En mi opinión, debió asentarse como Conducta Violenta y, por esa forma terrible de atacar, sin posibilidad de jugar el balón, fincarle responsabilidad penal al autor de esa entrada.
Los diversos códigos penales en los países de tradición románica, es decir, los latinos, contemplan como atenuante o exclusión de la responsabilidad penal a las lesiones o el homicidio, cometidos con motivo de la práctica de un deporte.
En eso, estoy totalmente de acuerdo, pero considero que, en el caso que nos ocupa, no aplica y procedo a explicarme:
Si en una pelea de box, un pugilista golpea con los guantes a su oponente y le causa lesiones graves o la muerte, queda amparado pues así se practica ese deporte.
Pero, si en pleno combate, le asesta un cabezazo y fruto de ello, pierde la vida, por supuesto que existe responsabilidad penal, pues no es la forma de luchar.
Owono debe enfrentar a la justicia, aunque lo suyo sea declarado imprudencial.
Si hubiera salido por el balón en el área, donde puede jugar con las manos el balón un guardameta, otro gallo cantaría.
El señor no disputó una pelota dividida. Simplemente, con alevosía y ventaja, agredió a un oponente inerme.
Por supuesto que no quiso privarlo de la vida, pero lo hizo.
Entre los comentarios escuché: “ningún jugador sale a la cancha con la intención de lastimar a su adversario”.
Falso de toda falsedad. Vemos en cada partido, sobre todo en las Ligas de América del Sur y México, entradas que por supuesto ponen en grave riesgo la integridad física del rival.
Incluso los sicólogos hablan del trauma que esto le va, indudablemente, a provocar al puerta andorrano.
No se trata de un linchamiento mediático ni de quemarlo con leña verde.
Simplemente sentar un precedente que impida que esto, se vuelva cotidiano.
Pase lo que pase, no le devolverá la vida a De Miguel.
El poeta Jorge Valdano ha sentenciado: “con una víctima basta”.
Ya emití mi opinión, aunque creo que se trata de una…polémica estéril.
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