Bajo la Lupa: Muy flexible

Deportes
Arturo Brizio
ARTURO BRIZIO CÁRTER

Ter­minó la Copa del Mundo y, como cada cua­tro años, hay que enfren­tar, con toda dig­ni­dad, la resaca fut­bo­lera.

Esa mal­dita cruda que no se cura con antiá­ci­dos ni miche­la­das, con nau­seas, dolor de cabeza y mil dia­bli­llos tri­tu­ra­do­res aplas­tando los intes­ti­nos del pobre mor­tal que la sufre.

Durante 39 días, prác­ti­ca­mente a dia­rio, tuvi­mos par­ti­dos de fut­bol, al grado de que las imá­ge­nes se enci­ma­ran unas con otras.

Una fase de Gru­pos que uno se ima­gi­naba sosa y des­lu­cida, dada la gran can­ti­dad de equi­pos y nacio­nes emer­gen­tes, resultó lucida y emo­cio­nante.

El tri­co­lor ilu­sionó e hizo que el humor social mejo­rara nota­ble­mente y, para­fra­seando a Mecano, “y entre gri­tos y pitos los mexi­ca­ni­tos, enor­mes, baji­tos, hici­mos por una vez, algo a la vez”.

El golpe de rea­li­dad nos llegó en forma de buque de gue­rra con divisa inglesa.

En un par­tido que pare­cía “gana­ble”, la arti­lle­ría azteca se estre­lló, una y otra vez, ante el muro bri­tá­nico, con todo y estar en infe­rio­ri­dad numé­rica.

La pirá­mide se fue angos­tando con­forme que­da­ban selec­cio­nes fuera de la lucha, con situa­cio­nes polé­mi­cas que, de manera coin­ci­dente, le eran favo­ra­bles al cua­dro argen­tino.

La no expul­sión de Lio­nel Messi, la anu­la­ción de un gol válido a Egipto, la doble ama­ri­lla a Breel Embolo cuando Suiza mejor jugaba y, como cereza del pas­tel, en la Gran Final, qui­tar el gol de Nico Williams en el alar­gue por un supuesto piso­tón sobre su tocayo Ota­mendi.

Desde el ángulo admi­nis­tra­tivo, la FIFA ha hecho el ridí­culo.

Todo empezó cuando de la nada, crea­ron un “Tro­feo por la paz” y no se les ocu­rrió una mejor idea que entre­garlo al pre­si­dente de una nación beli­cista por exce­len­cia.

Luego, en pleno tor­neo, se decretó con toda correc­ción, una tar­jeta roja, vía revi­sión en el VAR, al juga­dor esta­dou­ni­dense Fola­rin Balo­gun.

De pronto, se da el anun­cio de que la sus­pen­sión de un par­tido, queda “con­di­cio­nada” a su pos­te­rior com­por­ta­miento en el lapso de un año.

Donald Trump pre­su­mió que, gra­cias a una lla­mada a Gianni Infan­tino, se había hecho lo correcto.

Por cierto, el árbi­tro que decretó la expul­sión, Rap­hael Claus de Bra­sil, no vol­vió a ser desig­nado en el resto de la com­pe­ti­ción.

Al tér­mino del juego ante Ingla­te­rra, varios juga­do­res de la albi­ce­leste mos­tra­ron una manta con la leyenda: “Las Mal­vi­nas son argen­ti­nas”, en clara alu­sión al con­flicto bélico y la dis­cu­sión sos­te­ni­dos desde hace años con el impe­rio bri­tá­nico.

El man­da­más del orga­nismo rec­tor de balom­pié mun­dial, desoyó a quie­nes indi­ca­ban que se vio­len­taba el esta­tuto, el cual prohíbe men­sa­jes polí­ti­cos, adu­ciendo que eran “cosas de mucha­chos”.

En uno de sus últi­mos comu­ni­ca­dos, afirmó que este ha sido el Mun­dial más exi­toso de la his­to­ria y que todo era gra­cias al pre­si­dente Trump.

La UEFA, pode­roso orga­nismo euro­peo, está pidiendo la cabeza de este cínico.

Él se está dedi­cando a la com­pra de votos en Con­ca­caf, Asia y África.

No cabe duda que, en cues­tio­nes de moral, la FIFA se he vuelto…muy fle­xi­ble.

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