En el año de 1969, la familia Brizio se mudó de casa, llegando a vivir a una colonia en el sur del entonces Distrito Federal, llamada Rosario Xotepingo. Fraccionado, lo que había sido una hacienda, dio lugar a un conjunto de cinco calles cerradas, coronadas por un parque, conocido como el “bambú”.
Como estaba empastado, servía de cancha para todos los deportes imaginables, sitio de solaz y esparcimiento para chavales que no conocían el peligro.
A dos cuadras del hogar paterno, vivía una familia cuyo padre había sido una gloria del futbol mexicano.
Conocido como el “siete pulmones”, Don Pedro Nájera había defendido los colores del América y de la selección nacional.
Pronto, trabamos amistad con dos de sus hijos, Pepe y Beto que, por herencia, eran rabiosos seguidores del cuadro azulcrema.
Eduardo mi hermano y el que esto escribe le íbamos a las Chivas por lo que, al margen de los afectos, teníamos un saludable “pique”.
Por esos despreocupados días, teníamos casi en propiedad, tres plateas en el estadio Azteca, que eran de mi tío Enrique Mariscal, por lo que no había un solo partido al que no asistiéramos, jugara quien jugara.
Además, en el año de 1970, fue el Mundial en México y mi padre, Don Arturo Brizio Ponce de León, hizo su debut como árbitro en la Primera División.
El cuadro “milloneta” era dirigido por Don José Antonio Roca, caballeroso futbolista en retiro y que había conformado un verdadero trabuco.
El señor Nájera fungía como Preparador Físico.
Prudencio Cortés en el arco, Santillán, Zamora, “campeón” Hernández y “pichojos” Pérez en la defensa. Una media de ensueño con Roberto Hodge, Toninho y Carlos Reinoso y arriba, un circo aéreo con Enrique Borja de centro delantero y dos extremos voladores, Juan Manuel Borbolla por izquierda y Roberto Rodríguez por derecha.
Este 7 de septiembre nos despertamos con la noticia del fallecimiento del “monito”.
Nativo de Tlaquiltenango, en el estado de Morelos, hizo su debut en 1966 con los “cañeros” del Zacatepec.
Deslumbró con su habilidad y fue contratado por el club de Coapa tres años más tarde.
En la temporada 70-71 se jugó el torneo en dos grupos, presagio de la Liguilla, como la conocemos actualmente.
Los líderes se enfrentarían en una Gran Final, a visita recíproca.
Toluca vs América y los “cremas” se coronaron de manera brillante.
Roberto jugó cuatro torneos, de los llamados “largos”, enfundado en esa camiseta y luego volvió a la querencia para retirarse con la verdiblanca del Zacatepec.
Con el tricolor alineó en 16 partidos, marcando 4 goles, brillando en una gira que se hizo por Europa, enfrentando a selecciones como Alemania, Marruecos, Bosnia-Herzegovina, Italia y Grecia.
Enorme futbolista, pero su mejor virtud fue la sencillez.
Formador de jóvenes, siempre tuvo el gesto amable y el consejo oportuno.
En más de una ocasión coincidimos, dándome la oportunidad de expresarle mi afecto, admiración y respeto.
Descanse en paz Roberto Rodríguez. Hasta siempre, “monito”. Se ha ido un…héroe morelense.
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