Señoras y señores, sean bienvenidos a esta ceremonia que, como cada cuatro años, tiene lugar en los diversos espacios periodísticos.
Se busca que, en el nacimiento del proceso mundialista, hacer creer al público que México ya es una potencia internacional en el mundo del balompié.
Lo que hace diferente a esta ocasión, es lo temprano de su inicio.
Se parte de la base, sumamente debatible, de que con Javier Aguirre se sentaron conceptos sin precedente en el funcionamiento del cuadro tricolor.
Con el “vasco” se logró lo mismo de siempre, enfrentando a rivales de poca monta y muriendo de nada en el juego trascendental, como en las tres ocasiones en que dirigió la nave.
Otra falacia es la supuesta “intensidad” con que se juega. ¡Dios bendito!, como si no fuera la obligación de un profesional y como si los rivales no la tuvieran.
La otra es el supuesto “conocimiento” que Rafael Márquez, heredó del proceso anterior, cuando fungió como auxiliar.
Según los jilgueros con micrófono, el “Kaiser” sabe hasta que come cada uno de los seleccionados y por ello, no es posible una equivocación a la hora de elegir y alinear.
Un embuste también es aquel que afirma que, “tenemos una generación de jugadores jóvenes con gran talento”.
Admitiendo sin conceder, como dicen los leguleyos, otra vez se habla en primera persona y las demás selecciones también trabajan y pulen a sus promesas.
Si el abanderado del movimiento juvenil futbolístico en México es Gilberto Mora, estamos en aprietos.
Ojo, se trata de un muy interesante prospecto que va en camino de ser una realidad, pero de ahí a que sea la reencarnación de Pelé, media un océano de distancia.
En la gira inaugural del Tri, se empataron dos juegos, a saber, ante Colombia y Perú.
El pasado sábado, en Glendale, Arizona, se jugó una edición más del “Clásico de la Concacaf”, entre los vecinos del norte y el cuadro azteca.
Tras un inicio prometedor, el combinado mexicano desapareció del campo y fue goleado inmisericordemente al son de tres goles a cero.
Una alineación mandada por el técnico Mauricio Pochettino, plagada de chavos, destacando por supuesto uno de 17 años, la edad de nuestro tesoro Mora, de nombre Cavan Sullivan.
Errores groseros que no puede darse el lujo de cometer un mundialista como Raúl Rangel.
Un entrenador, Rafa Márquez, sin el librito de las respuestas, (seguro se lo llevó Aguirre a Valencia).
Futbolistas extraviados en los conceptos, que confunden personalidad con bravuconería, como Mateo Chávez, expulsado por darle cachetadas de payaso a Sebastian Berhalter.
Una narración infumable, rescatando acciones que no sucedían y los programas de análisis posteriores, de lágrima en su mayoría, deshaciéndose en justificaciones.
Nadie, en su sano juicio, pide la salida de Márquez.
Pero es menester reconocer lo evidente.
Decía uno de los expertos: “no fue el funcionamiento, fueron errores”.
A caray, pues en mi trabajo, si cometo errores, afecto al funcionamiento.
En fin, deseo que usted disfrute, como yo, esta ceremonia del inflado de…el globo verde.
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