Una de las jugadas más vistosas y espectaculares en el futbol es, sin lugar a dudas, la “chilena”.
La acción consiste en una acrobática pirueta en el aire, de espaldas a la portería y contactando el balón con una de las dos piernas.
Obvio que el lance adquiere dimensiones épicas si con ella, se consigue un gol.
Según la mayoría de los expertos en historia del balompié, afirman que el nombre se debe a un futbolista vasco, naturalizado chileno quien, a principios del siglo XX, inventó y perfeccionó la maroma.
El primer gol que recuerdo, fue anotado por Enrique Borja, tremendo rematador, cuando vestía la casaca del América, luego de haber surgido de la cantera universitaria y vestir la camiseta de la selección nacional.
Cuando el inmenso Hugo Sánchez alineaba todavía con los Pumas, antes de su partida a España, le anotó un tanto entre chilena y media tijera al Atlante, cuyo arco era defendido por Ricardo Antonio Lavolpe.
En entrevista, el guardameta argentino afirmó: “nunca vuelve a meter un gol así”
Pues, ¡ándale! Que, en la segunda vuelta, al mismo arquero, le metió otro, primo hermano del anterior.
Jorge Campos, cuando jugaba de delantero, también buscaba la cabriola y creo recordar una anotación de él, cuando jugaba para los Potros de Hierro.
Quizá el más recordado sea el “Señor Gol”, que el “pentapichichi”, le anotó al Logroñes que, si el nombre del cuadro de La Rioja se lee al revés, da con el mismo que se bautizó a esa pintura lograda por Hugol.
Raúl Alonso Jiménez volvió a la vida a una alicaída selección, que veía peligrar su participación en el Mundial de Brasil.
En un juego ante Panamá en el Azteca, con el marcador empatado a un gol, al minuto 85 logró anidar la esférica de espaldas al arco canalero.
En épocas más recientes, Avilés Hurtado con Monterrey, también la clavó de esta manera.
El sábado pasado se jugó una edición más del llamado Clásico de clásicos y cuando el Guadalajara estaba arriba en el marcador, sucedió la jugada que devolvió el alma al cuerpo a la afición americanista, regresándolos a competir.
Los de Coapa abrumaban al chiverío, pero con escasa claridad.
Entonces viene un centro desde la banda derecha, muy alto y pasado, por lo que el delantero colombiano Miguel Borja quedaba imposibilitado para cabecear el balón.
Aparece la magia y en un lance de milagrería, sin perder de vista la de gajos, se eleva, la empalma y la manda guardar, ante la estupefacta mirada de Raúl “Tala” Rangel.
La plasticidad de la escena, así como su efectividad, quedaron atrapados en la retina del espectador, aunque no le vaya al América.
Todavía el mismo jugador cafetalero tuvo tiempo para un segundo pepino y su equipo quedó cerca de hacer una remontada de ensueño.
Empate con sabor a derrota para los dirigidos por Gabriel Milito, un muy buen partido de futbol, gran arbitraje de Víctor Cáceres y, como dijera el inmortal Ángel Fernández: “un gol…fantástico”
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