Bajo la Lupa: Es un ballet

Arturo Brizio

(Analista Deportivo y Conferencista)

ARTURO BRIZIO CÁRTER

El equipo de Fran­cia está en Semi­fi­na­les den­tro de este Mun­dial, prac­ti­cando un fut­bol sen­ci­llo, sin tram­pas, con un solo obje­tivo: hora­dar la meta ene­miga.

Ade­más, sus juga­do­res lucen ale­gres, rela­ja­dos, dis­fru­tando el tor­neo.

Quizá desde el Bra­sil de Ronal­dinho, no se notaba un ambiente así den­tro del terreno de juego.

Estoy con­ven­cido que el atleta moderno, con toda la carga de adre­na­lina por la com­pe­ten­cia y los millo­na­rios con­tra­tos, han dejado de dis­fru­tar su acti­vi­dad que, dígase lo que se diga, sigue siendo un juego.

Recuerdo que, cuando ini­cié mi carrera como árbi­tro inter­na­cio­nal, el pro­fe­sor Arturo Yama­saki me dio un gran con­sejo: “Mira toca­yito, fíjate en las caras de los fut­bo­lis­tas en el túnel, antes de salir a la can­cha. Ellos tie­nen más miedo que tú”.

Efec­ti­va­mente, esa cere­mo­nia tan emo­tiva, donde los juga­do­res gri­tan aren­gas y víto­res, tiene un olor muy espe­cial: a incer­ti­dum­bre.

Los ros­tros, desen­ca­ja­dos, la saliva seca en la comi­sura de los labios, la mirada fija ade­lante, haciendo caso omiso del rival, la for­zada toma de la mano de la niña o niño que los acom­paña, en fin, un ritual del terror.

“Ellos van por un resul­tado incierto, en cam­bio, tu sabes exac­ta­mente que hacer, por eso estás ahí”, con­ti­nuaba mi año­rado men­tor.

En fin, el caso es que en la Copa del Mundo de Nor­tea­mé­rica, han pro­li­fe­rado las decep­cio­nes.

Uru­guay, con ese ven­de­dor de humo que es Mar­celo Bielsa, ter­minó yén­dose por la puerta de atrás.

Ale­ma­nia, jugando a nada, tam­bién fue des­pa­chado tem­prano.

Por­tu­gal, con su cons­te­la­ción de estre­llas, pero que hacen de solis­tas, está mirando el evento por tele­vi­sión.

Colom­bia, del que se espe­ra­ban gran­des cosas y quizá la más nutrida afi­ción visi­tante, cayó en pena­les, luego de mos­trar una total ino­pe­ran­cia.

Los tres paí­ses sede, fue­ron eli­mi­na­dos, unos mos­trando más gallar­día que otros, pero que­dando fuera del foco.

El peor Bra­sil de la his­to­ria con­cu­rrió a este tor­neo. Ni la supuesta “magia” de Carlo Ance­lotti pudo sal­var­los del nau­fra­gio.

De los que siguen en la lucha, hemos visto a una España defi­ci­ta­ria, ape­ni­tas, con des­te­llos del gran talento que poseen.

Cues­tio­nada y cues­tio­na­ble ha resul­tado la mar­cha del cam­peón del mundo.

Argen­tina avanza a los empu­jo­nes con­tra riva­les de poca monta, con serios cues­tio­na­mien­tos ante deci­sio­nes arbi­tra­les incom­pren­si­bles.

Ingla­te­rra y Noruega tie­nen simi­li­tu­des al alza, pero solo uno que­dará vivo.

Por eso es un oasis seguir viendo a los galos.

Con faci­li­dad han ido sem­brando adver­sa­rios, ano­tando die­ci­séis goles por solo dos reci­bi­dos y eso que, ante Marrue­cos, Kylian Mbappé, falló un penal.

Un téc­nico serio, como Didier Des­champs, ha sabido sacar lo mejor de cada uno de sus ele­men­tos.

La ver­dad, creo que tie­nen pinta de cam­peo­nes, al ser un equipo mucho más com­pleto en hom­bre y nom­bres, que el que con­si­guió el sub­cam­peo­nato en Qatar.

A espe­rar al gana­dor de la “Roja” y Bél­gica, para seguir dis­fru­tando esto que…es un ballet.

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