El equipo de Francia está en Semifinales dentro de este Mundial, practicando un futbol sencillo, sin trampas, con un solo objetivo: horadar la meta enemiga.
Además, sus jugadores lucen alegres, relajados, disfrutando el torneo.
Quizá desde el Brasil de Ronaldinho, no se notaba un ambiente así dentro del terreno de juego.
Estoy convencido que el atleta moderno, con toda la carga de adrenalina por la competencia y los millonarios contratos, han dejado de disfrutar su actividad que, dígase lo que se diga, sigue siendo un juego.
Recuerdo que, cuando inicié mi carrera como árbitro internacional, el profesor Arturo Yamasaki me dio un gran consejo: “Mira tocayito, fíjate en las caras de los futbolistas en el túnel, antes de salir a la cancha. Ellos tienen más miedo que tú”.
Efectivamente, esa ceremonia tan emotiva, donde los jugadores gritan arengas y vítores, tiene un olor muy especial: a incertidumbre.
Los rostros, desencajados, la saliva seca en la comisura de los labios, la mirada fija adelante, haciendo caso omiso del rival, la forzada toma de la mano de la niña o niño que los acompaña, en fin, un ritual del terror.
“Ellos van por un resultado incierto, en cambio, tu sabes exactamente que hacer, por eso estás ahí”, continuaba mi añorado mentor.
En fin, el caso es que en la Copa del Mundo de Norteamérica, han proliferado las decepciones.
Uruguay, con ese vendedor de humo que es Marcelo Bielsa, terminó yéndose por la puerta de atrás.
Alemania, jugando a nada, también fue despachado temprano.
Portugal, con su constelación de estrellas, pero que hacen de solistas, está mirando el evento por televisión.
Colombia, del que se esperaban grandes cosas y quizá la más nutrida afición visitante, cayó en penales, luego de mostrar una total inoperancia.
Los tres países sede, fueron eliminados, unos mostrando más gallardía que otros, pero quedando fuera del foco.
El peor Brasil de la historia concurrió a este torneo. Ni la supuesta “magia” de Carlo Ancelotti pudo salvarlos del naufragio.
De los que siguen en la lucha, hemos visto a una España deficitaria, apenitas, con destellos del gran talento que poseen.
Cuestionada y cuestionable ha resultado la marcha del campeón del mundo.
Argentina avanza a los empujones contra rivales de poca monta, con serios cuestionamientos ante decisiones arbitrales incomprensibles.
Inglaterra y Noruega tienen similitudes al alza, pero solo uno quedará vivo.
Por eso es un oasis seguir viendo a los galos.
Con facilidad han ido sembrando adversarios, anotando dieciséis goles por solo dos recibidos y eso que, ante Marruecos, Kylian Mbappé, falló un penal.
Un técnico serio, como Didier Deschamps, ha sabido sacar lo mejor de cada uno de sus elementos.
La verdad, creo que tienen pinta de campeones, al ser un equipo mucho más completo en hombre y nombres, que el que consiguió el subcampeonato en Qatar.
A esperar al ganador de la “Roja” y Bélgica, para seguir disfrutando esto que…es un ballet.
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