La presente colaboración no tiene nada que ver con la canción “La muerte de un gallero”, debida a la prolífica inspiración del maestro Tomás Méndez e interpretada en disco y película por el gran Vicente Fernández.
Se refiere al dramático desenlace de la Gran Final del campeonato mexicano, acaecido en Ciudad Universitaria, apenas el pasado domingo. Los Pumas terminaron la campaña regular en la cima, lo que le otorgó el derecho de cerrar siempre en casa, así como, en caso de empate global, avanzar en Cuartos y Semifinales, como efectivamente ocurrió.
Tras un insípido empate sin goles en el juego de ida, que incluso sin mucho merecimiento pudieron ganar, los auriazules saltaron a la grama de su hermosa casa, con etiqueta de favoritos.
El guardameta Keylor Navas, como en el encuentro de ida, se erigió en la figura, evitando varias acciones que se cantaban como gol, al inicio de la contienda.
De a poco Pumas emparejó las acciones y tomó el comando en el marcador, tras un muy buen gol de Robert Morales.
El “pantera”, como le apodan, fue una muy buena contratación y rindió bastante más de lo que se esperaba en un principio.
Sin embargo, sucedió lo mismo que ante América y Pachuca: el equipo se echó para atrás.
Cruz Azul tampoco era un dechado de virtudes ofensivas y más bien tiraban centros al área sin ton ni son.
Las pocas veces que realmente ponían en peligro la meta del arquero tico, era cuando entraban con pelota dominada.
Y así cayó el tanto del empate. Un balón filtrado a la banda, raso, de parte de Charly Rodríguez, de gran Liguilla por cierto, encontró un par de rebotes, para ingresar al arco por la vía del autogol.
La disputa se tornó sorda, el tiempo transcurría cuando se presentó una durísima entrada de Uriel Antuna sobre Jeremy Márquez.
En principio solo fue amonestado, pero el VAR llamó al juez Daniel Quintero y, tras la revisión en cancha, mostró el cartón colorado.
Todo estaba listo para ir al alargue cuando, otra vez de manera circunstancial, pero provocado por ese encierro de los universitarios, la bola le cayó a Rodolfo Rotondi para mandarla a guardar.
El argentino, tan cuestionado en otras ocasiones, tuvo una revancha personal y el orgullo de clavar el gol del campeonato.
Imagino que la directiva y cuerpo técnico de Pumas, harán una revisión exhaustiva y los puntos a mejorar.
Efraín Juárez deberá ser autocrítico, sobre todo en la forma de plantear la estrategia.
Del arbitraje, solo queda decir que fue irreprochable.
Se invalidó el segundo gol de Universidad por mano de Juninho y las tarjetas rojas mostradas a Antuna y Ángel Rico, indiscutibles.
La tribuna era totalmente azul y oro, no dejó de alentar a los suyos, imperando un ambiente que nos hace recordar la belleza intrínseca que tiene el futbol y sus manifestaciones.
La victoria y la derrota son las dos caras de una valiosa moneda.
El drama tiñó de oscuridad la noche en Ciudad Universitaria. Simplemente…enmudeció el palenque.