El medio periodístico en nuestro país, tratándose de futbol, se ha empeñado en hacer la figura central al arbitraje.
Resulta francamente exasperante escuchar en la narración de los juegos o en los programas de análisis, el pregón de que hay una crisis de talento al interior del gremio de, los otrora, hombres de negro.
Estos jilgueros del mal, ya sea mandados por sus patrones como línea editorial, o por tener un serio problema con la figura de autoridad, se la pasan pateando el pesebre, quizá sin darse cuenta del daño que le hacen a su propio producto.
El día en que logren convencer al gran público de que todo está arreglado y/o forma parte de una conspiración, a ver quien vuelve a comprar un boleto o a encender su televisor.
Un ejemplo paradigmático fue el encuentro de la fecha 10, jugado en el estadio que hoy lleva el nombre de una institución bancaria, y al que me niego a dejar de llamar Azteca.
Fue sin duda, el mejor duelo en lo que va del torneo, entre Cruz Azul y Toluca, con empate a tres por bando.
Los locutores se la pasaron analizando con lupa el trabajo de la árbitra Katia Itzel García.
En lugar de ponderar las virtudes de los futbolistas, se dieron a la tarea de descalificar todas y cada una de las decisiones de la mundialista.
Un juegazo que terminó con la reseña del arbitraje. Una vergüenza.
Otra aberración informativa es el hecho de tratar de convencer al mundillo futbolístico de que los nazarenos favorecen al América.
Hace muchos años, el periodista José Ramón Fernández, indudable líder de opinión, se dedicó a construir su reputación afirmando esta barbaridad.
Lo peor fue que logró inseminar en varias generaciones, este virus venenoso.
Pedro “mago” Septién, extraordinario cronista deportivo, afirmaba que el beisbol es un juego perfecto.
Pues yo asevero que el futbol es el más imperfecto de los deportes.
Se trata de una concatenación permanente de aciertos y errores, donde, además, se comprende perfectamente cuando el atleta falla.
Resulta frecuente escuchar cosas tales como: “es que fíjate, el balón le botó antes” o “es que cabecear no es lo suyo”, o bien, “no le cayó a la pierna buena”, y hasta “hay que entender al portero, la cancha está mojada”.
Pero que el juez no se equivoque en un saque de banda, porque le caen a palos.
Este fin de semana hubo un arbitraje particularmente malo en el América ante Monterrey.
El cuerpo arbitral dejó de marcar un claro penal a favor de Rayados, VAR incluido y dejó en la cancha a un majadero como Brian Rodríguez quien se cansó de insultar al cuarto oficial, sin el reporte correspondiente.
También los azulcrema han sido zarandeados con decisiones ya polémicas, ya yerros comprobables, pero la crónica se vuelca, para mal, cuando resultaron beneficiados.
El arbitraje mexicano es limpio, meto la mano al fuego por ello.
Frecuentemente escucho la pregunta: ¿oye Brizio, por qué en México no arbitran como en la Champions?
La respuesta es simple: ¿por qué no juegan…cómo en la Champions?
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