Bajo la Lupa: Caradura

Deportes
Arturo Brizio
ARTURO BRIZIO CÁRTER

Didier Des­champs es una leyenda. Único ser viviente en haber ganado la Copa del Mundo como juga­dor y direc­tor téc­nico.

Dos más lo hicie­ron, pero ya no están con noso­tros: Mario Lobo Zaga­llo con Bra­sil y Franz Bec­ken­bauer con la casaca de Ale­ma­nia.

Era el capi­tán del cua­dro galo en 1998, cuando tuve el pri­vi­le­gio de arbi­trar, en el Stade de France, el par­tido entre los loca­les y Ara­bia Sau­dita, por lo que eché el volado con él y el líder saudí.

En ese juego, por cierto, expulsé al súper astro Zine­dine Zidane, por dar una patada sin balón.

Lleva años sen­tado en el ban­qui­llo y ostenta, hasta el domingo, el título de sub­cam­peón, al haber caído dra­má­ti­ca­mente ante Argen­tina, hace cua­tro años en Qatar.

En esta edi­ción, el equipo que mejor jugó la fase de gru­pos y los encuen­tros a eli­mi­na­ción directa, fue sin duda el fran­cés, pero en la Semi­fi­nal, extra­via­ron las ideas y fue­ron supe­ra­dos en todas las fases del juego por un España ágil y prác­tico.

Espe­rá­ba­mos un duelo espec­ta­cu­lar y no lo fue, pre­ci­sa­mente por la ausen­cia fut­bo­lís­tica de “les Bleus”.

El árbi­tro desig­nado, de alguna manera sor­pre­siva, fue el sal­va­do­reño Iván Bar­ton.

Este hom­bre dirige en una Liga de poca monta, dicho sea con todo res­peto, pero pitó tres jue­gos en el Mun­dial pasado.

Ade­más, es invi­tado fre­cuente a diri­gir jue­gos deci­si­vos en el mundo árabe, así como eli­mi­na­to­ria y todos los tor­neos de la Con­ca­caf.

Esta ins­tan­cia cons­ti­tuyó su cuarto nom­bra­miento en este tor­neo.

No tiene una gran pre­sen­cia, cha­pa­rrito y regor­dete, pero posee per­so­na­li­dad.

Buena con­di­ción física, razo­na­ble cri­te­rio para san­cio­nar las fal­tas y cau­tela en el manejo de las tar­je­tas.

El triunfo de la “Furia roja” se empezó a dise­ñar a par­tir de un ino­cente penal, come­tido por Lucas Digne, cuando quiso jugar el balón y ter­minó impac­tando en la huma­ni­dad de Lamine Yamal.

Inob­je­ta­ble la mar­ca­ción, a golpe de vista y sin la per­ni­ciosa y abu­siva inter­ven­ción del VAR.

Las gran­des lumi­na­rias fran­ce­sas se apa­ga­ron en este par­tido.

El gana­dor del “Balón de oro”, Ous­mane Dem­belé, no hizo un solo des­borde por la banda dere­cha.

Brad­ley Bar­colá juega al revés, cuando debe cen­trar tira y vice­versa.

A Michel Olisé, lo pudie­ron haber expul­sado tem­prano por una plan­cha a Rodri y le conté veinte entre­gas equi­vo­ca­das y a su con­ten­ción, Adrien Rabiot, lo amo­nes­ta­ron casi al ini­cio de la con­tienda.

Resultó lamen­ta­ble que fruto de la frus­tra­ción, el golea­dor Kylian Mbappé mos­trara su lado oscuro.

Pro­tes­tando al juez las deci­sio­nes, que­riendo ganar la gue­rra solo y dando pata­das a dies­tra y sinies­tra, hasta que reci­bió el car­tón ama­ri­llo.

Que­riendo ser sar­cás­tico, Didier Dechamps declaró: “¿Este árbi­tro, en ver­dad tenía el nivel para diri­gir una Semi­fi­nal mun­dia­lista?”

El rival te caminó por encima, no tuviste capa­ci­dad de reac­ción, te equi­vo­caste en los cam­bios, tu equipo no dis­paró a puerta y, ¡toda­vía le echas la culpa al de negro!

De ver­dad, se nece­sita ser muy…cara­dura.

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