Somos un país de mitos. Los aztecas fundaron Tenochtitlán cuando encontraron un águila devorando a una serpiente.
Cuauhtémoc aguantó el tormento consistente en que le quemaran los pies, sin revelar donde guardaba el tesoro.
El cura Hidalgo jamás pensó en la independencia como tampoco es cierto que Napoleón Bonaparte hubiera elogiado el genio militar de José María Morelos y Pavón.
Cuando los estadounidenses invadieron nuestro país y llegaron al Convento de Churubusco, al inquirir el General yanqui donde estaba el arsenal, el General Anaya contestó: “si tuviéramos parque, usted no estaría aquí”.
Podríamos llenar páginas enteras con frases y ejemplos de una Historia Patria llena de falsedades, pero no estoy aquí para ello, sino para platicar de futbol y le cómo terminó esa supuesta “pesadilla”, llamada Leagues Cup.
El mito también aparece acá, cuando se afirma que al interior del club América, cualquier resultado que no sea el título, constituye un fracaso.
De la mano va la leyenda que el propietario, Emilio Azcárraga Jean, exige un blasón internacional.
Se jugaron las etapas semifinales y en ellas resultaron vencedores Monterrey y Toluca.
Los Diablos doblaron a la Fiera y Rayados se impuso, por la vía de los penales, a los de Coapa.
En el duelo por el tercer sitio, en un partido insípido, el cuadro esmeralda se llevó el botín completo y, de paso, un boleto a la Concachampions.
La Gran Final la disputaron los rojos del Estado de México y los regios, en duelo de estrategas argentinos.
De un lado, el “pelado” Matías Almeyda y del otro, Antonio “turco” Mohamed.
Toluca fue práctico y gracias a ello, llevó el trofeo a sus vitrinas.
Atrás quedaron las críticas, los lamentos y los lloriqueos en torno al formato, organización y sedes del evento.
Decir que “no sirve para nada” es una afirmación temeraria.
Volviendo al papel desempeñado por las Águilas, quienes continúan en el primer lugar en el torneo mexicano, se tendrá que asumir, según su propio dicho, como un fracaso.
Tras doce partidos con etiqueta de invictos, bajo la dirección de Guillermo Almada, finalmente vieron cortada la racha.
Cierto es que, ante Monterrey, les sancionaron en contra un penal inexistente.
En la disputa de la pelota, dentro del área solo cabían dos posibilidades para marcar la falta: Que el defensor Kevin Álvarez hubiera pisado a su adversario o le hubiera hecho caer mediante una zancadilla. Ninguna de esas acciones ocurrió y el pronto levantamiento de Orbelín Pineda en pos del balón, demostró que nunca fue tocado.
Las posteriores declaraciones del director técnico fueron en contra del arbitraje, olvidando los errores cometidos, incluso el falló del penal decisivo.
Lo peor es que una vez eliminados y cayendo hasta el cuarto lugar, resulta que ellos están enfocados en la LigaMx.
Ahora sí que ya no entendí. Dicen que no ganar es un fracaso, pero el mito se desbarranca cuando afirman que no había interés en el triunfo. O sea que… ¡al cabo que ni quería!
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