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Bajo la Lupa: Al cabo que ni quería

Deportes
Arturo Brizio Carter
ARTURO BRIZIO CÁRTER
ARTURO BRIZIO CÁRTER

Somos un país de mitos. Los azte­cas fun­da­ron Tenoch­tit­lán cuando encon­tra­ron un águila devo­rando a una ser­piente.

Cuauh­té­moc aguantó el tor­mento con­sis­tente en que le que­ma­ran los pies, sin reve­lar donde guar­daba el tesoro.

El cura Hidalgo jamás pensó en la inde­pen­den­cia como tam­poco es cierto que Napo­león Bona­parte hubiera elo­giado el genio mili­tar de José María More­los y Pavón.

Cuando los esta­dou­ni­den­ses inva­die­ron nues­tro país y lle­ga­ron al Con­vento de Chu­ru­busco, al inqui­rir el Gene­ral yan­qui donde estaba el arse­nal, el Gene­ral Anaya con­testó: “si tuvié­ra­mos par­que, usted no esta­ría aquí”.

Podría­mos lle­nar pági­nas ente­ras con fra­ses y ejem­plos de una His­to­ria Patria llena de fal­se­da­des, pero no estoy aquí para ello, sino para pla­ti­car de fut­bol y le cómo ter­minó esa supuesta “pesa­di­lla”, lla­mada Lea­gues Cup.

El mito tam­bién apa­rece acá, cuando se afirma que al inte­rior del club Amé­rica, cual­quier resul­tado que no sea el título, cons­ti­tuye un fra­caso.

De la mano va la leyenda que el pro­pie­ta­rio, Emi­lio Azcá­rraga Jean, exige un bla­són inter­na­cio­nal.

Se juga­ron las eta­pas semi­fi­na­les y en ellas resul­ta­ron ven­ce­do­res Mon­te­rrey y Toluca.

Los Dia­blos dobla­ron a la Fiera y Raya­dos se impuso, por la vía de los pena­les, a los de Coapa.

En el duelo por el ter­cer sitio, en un par­tido insí­pido, el cua­dro esme­ralda se llevó el botín com­pleto y, de paso, un boleto a la Con­ca­cham­pions.

La Gran Final la dis­pu­ta­ron los rojos del Estado de México y los regios, en duelo de estra­te­gas argen­ti­nos.

De un lado, el “pelado” Matías Almeyda y del otro, Anto­nio “turco” Moha­med.

Toluca fue prác­tico y gra­cias a ello, llevó el tro­feo a sus vitri­nas.

Atrás que­da­ron las crí­ti­cas, los lamen­tos y los llo­ri­queos en torno al for­mato, orga­ni­za­ción y sedes del evento.

Decir que “no sirve para nada” es una afir­ma­ción teme­ra­ria.

Vol­viendo al papel desem­pe­ñado por las Águi­las, quie­nes con­ti­núan en el pri­mer lugar en el tor­neo mexi­cano, se ten­drá que asu­mir, según su pro­pio dicho, como un fra­caso.

Tras doce par­ti­dos con eti­queta de invic­tos, bajo la direc­ción de Gui­llermo Almada, final­mente vie­ron cor­tada la racha.

Cierto es que, ante Mon­te­rrey, les san­cio­na­ron en con­tra un penal ine­xis­tente.

En la dis­puta de la pelota, den­tro del área solo cabían dos posi­bi­li­da­des para mar­car la falta: Que el defen­sor Kevin Álva­rez hubiera pisado a su adver­sa­rio o le hubiera hecho caer mediante una zan­ca­di­lla. Nin­guna de esas accio­nes ocu­rrió y el pronto levan­ta­miento de Orbe­lín Pineda en pos del balón, demos­tró que nunca fue tocado.

Las pos­te­rio­res decla­ra­cio­nes del direc­tor téc­nico fue­ron en con­tra del arbi­traje, olvi­dando los erro­res come­ti­dos, incluso el falló del penal deci­sivo.

Lo peor es que una vez eli­mi­na­dos y cayendo hasta el cuarto lugar, resulta que ellos están enfo­ca­dos en la LigaMx.

Ahora sí que ya no entendí. Dicen que no ganar es un fra­caso, pero el mito se des­ba­rranca cuando afir­man que no había inte­rés en el triunfo. O sea que… ¡al cabo que ni que­ría!

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Sobre el autor

Arturo Brizio Carter
Arturo Brizio

Analista Deportivo y Conferencista

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