Bajo la Lupa: ¿Así o más pillo?

Deportes
Arturo Brizio
ARTURO BRIZIO CÁRTER

Cuando creí, ilu­sa­mente, que en cues­tio­nes de corrup­ción y avi­dez en el dinero había visto todo en el fut­bol, hablando de los direc­ti­vos, con Joao Have­lange y Joseph Blat­ter, apa­re­ció en la silla grande de la FIFA un per­so­naje sinies­tro: Gianni Infan­tino.

Infan­tino llegó, gra­cias a la pro­mesa de refor­mar al máximo orga­nismo rec­tor del balom­pié mun­dial, vía la trans­pa­ren­cia.

La forma en que se otor­ga­ron las sedes del Mun­dial de Rusia, Qatar y Nor­tea­mé­rica fue, por decir lo menos, bas­tante cues­tio­na­ble.

Lo que sí quedó claro es que al abo­gado ita­liano le encanta codearse con los tira­nue­los.

Fincó amis­tad con Vla­di­mir Putin, le rin­dió plei­te­sía al Emir de Qatar y le lamió desde las botas hasta lo no publi­ca­ble al ener­gú­meno de Donald Trump.

Se mandó la pun­tada de inven­tar un tro­feo deno­mi­nado “Pre­mio por la paz”, y no se le ocu­rrió mejor idea que entre­garlo, con bombo, pla­ti­llo y un empa­la­goso dis­curso, al beli­cista pre­si­dente de los Esta­dos Uni­dos.

Luego, en pleno Mun­dial, acce­dió, según el dicho del mag­nate, a pedir la can­ce­la­ción de un cas­tigo al juga­dor Fola­rin Balo­gun, del cua­dro de las barras y las estre­llas, expul­sado correc­ta­mente por el árbi­tro bra­si­leño Rap­hael Claus.

El arbi­traje tam­poco ayudó a que el tor­neo resul­tara terso y para cerrar el pape­lón, afirmó que el éxito del evento, se debía a la ayuda y coo­pe­ra­ción del señor Trump.

Ahora, ya enca­rre­rado, anun­ció su pro­yecto de ven­der, sí, leyó usted bien, ven­der la Copa del Mundo.

La FIFA tiene afi­lia­das 211 aso­cia­cio­nes nacio­na­les, cuyo voto vale igual el de Bra­sil o Ingla­te­rra, que el de Bar­ba­dos o Sudán.

En algu­nos casos, más de los que ima­gi­na­mos, la fede­ra­ción de fut­bol maneja más pre­su­puesto que el Pro­ducto Interno Bruto de la nación en cues­tión.

Por ello, si en lugar de 10 millo­nes anua­les, les ofre­ces 40, se tiran de cabeza votando por este gángs­ter.

El pro­blema son las letras chi­qui­tas. El fondo de inver­sión al que quiere invi­tar al busi­ness, es pro­pie­dad de un señor de ape­llido Kus­h­ner, adi­vinó usted si cree que es her­mano del yerno de Trump, Jared.

La FIFA, pese a los millo­nes que maneja, está cons­ti­tuida como una aso­cia­ción sin fines de lucro, ante las auto­ri­da­des fis­ca­les en Suiza.

Es por ello, que simula “rein­ver­tir” sus ganan­cias en el “desa­rro­lló” del fut­bol en todas sus mani­fes­ta­cio­nes, alre­de­dor del mundo.

Ahí está la trampa. Es una fábrica para com­prar volun­ta­des y votos, así como para eva­dir al fisco.

La UEFA, pode­rosa enti­dad que maneja el potente fut­bol euro­peo, ame­naza con salir del orga­nismo. Amé­rica entera, Con­ca­caf y Con­me­bol, han expre­sado “preo­cu­pa­ción”.

La única y pode­rosa, en cuanto a sufra­gios se refiere, que ha pro­me­tido “estu­diar” la pro­puesta, es la Con­fe­de­ra­ción afri­cana.

El paquete que Infan­tino le pone en ban­deja de plata al inver­sor, con­tiene dere­chos de tele­vi­sión y pla­ta­for­mas exis­ten­tes o por crear, publi­ci­dad en todas sus formas y ligas, bole­taje y patro­ci­nios.

Gas­tar en eso, para el clan Trump, es como qui­tarle un pelo a un gato. Gianni…¿así o más pillo?

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