Cuando creí, ilusamente, que en cuestiones de corrupción y avidez en el dinero había visto todo en el futbol, hablando de los directivos, con Joao Havelange y Joseph Blatter, apareció en la silla grande de la FIFA un personaje siniestro: Gianni Infantino.
Infantino llegó, gracias a la promesa de reformar al máximo organismo rector del balompié mundial, vía la transparencia.
La forma en que se otorgaron las sedes del Mundial de Rusia, Qatar y Norteamérica fue, por decir lo menos, bastante cuestionable.
Lo que sí quedó claro es que al abogado italiano le encanta codearse con los tiranuelos.
Fincó amistad con Vladimir Putin, le rindió pleitesía al Emir de Qatar y le lamió desde las botas hasta lo no publicable al energúmeno de Donald Trump.
Se mandó la puntada de inventar un trofeo denominado “Premio por la paz”, y no se le ocurrió mejor idea que entregarlo, con bombo, platillo y un empalagoso discurso, al belicista presidente de los Estados Unidos.
Luego, en pleno Mundial, accedió, según el dicho del magnate, a pedir la cancelación de un castigo al jugador Folarin Balogun, del cuadro de las barras y las estrellas, expulsado correctamente por el árbitro brasileño Raphael Claus.
El arbitraje tampoco ayudó a que el torneo resultara terso y para cerrar el papelón, afirmó que el éxito del evento, se debía a la ayuda y cooperación del señor Trump.
Ahora, ya encarrerado, anunció su proyecto de vender, sí, leyó usted bien, vender la Copa del Mundo.
La FIFA tiene afiliadas 211 asociaciones nacionales, cuyo voto vale igual el de Brasil o Inglaterra, que el de Barbados o Sudán.
En algunos casos, más de los que imaginamos, la federación de futbol maneja más presupuesto que el Producto Interno Bruto de la nación en cuestión.
Por ello, si en lugar de 10 millones anuales, les ofreces 40, se tiran de cabeza votando por este gángster.
El problema son las letras chiquitas. El fondo de inversión al que quiere invitar al business, es propiedad de un señor de apellido Kushner, adivinó usted si cree que es hermano del yerno de Trump, Jared.
La FIFA, pese a los millones que maneja, está constituida como una asociación sin fines de lucro, ante las autoridades fiscales en Suiza.
Es por ello, que simula “reinvertir” sus ganancias en el “desarrolló” del futbol en todas sus manifestaciones, alrededor del mundo.
Ahí está la trampa. Es una fábrica para comprar voluntades y votos, así como para evadir al fisco.
La UEFA, poderosa entidad que maneja el potente futbol europeo, amenaza con salir del organismo. América entera, Concacaf y Conmebol, han expresado “preocupación”.
La única y poderosa, en cuanto a sufragios se refiere, que ha prometido “estudiar” la propuesta, es la Confederación africana.
El paquete que Infantino le pone en bandeja de plata al inversor, contiene derechos de televisión y plataformas existentes o por crear, publicidad en todas sus formas y ligas, boletaje y patrocinios.
Gastar en eso, para el clan Trump, es como quitarle un pelo a un gato. Gianni…¿así o más pillo?
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