Finalmente, rodó la pelota en Norteamérica y, en algunas de las dieciséis sedes, ya se jugó, por lo menos, un partido.
Nuestro país pudo ver al tricolor, en el estadio Ciudad de México, vencer a una de las más pobres versiones de una selección africana.
Considero que los dirigidos por Javier Aguirre no pudieron, aunque debieron, destrozar a Sudáfrica.
Se conformaron con ganar por dos y que el público se encargara de la fiesta.
Ese mismo 11 de junio, como parte del mismo grupo, pero en Zapopan, Jalisco, Corea le ganó a Chequia y ahora, en esa misma sede, enfrentará a México.
El viernes, Canadá y Bosnia Herzegovina igualaron a un tanto y en la presentación del otro anfitrión, Estados Unidos, vimos a un vendaval vestido de blanco, pasarle por encima a Paraguay.
El sábado tuvimos un maratón futbolero con cuatro partidos.
Acá me defraudó Turquía, siendo superado en todas las líneas por una sorprendente Australia que veremos de que está hecha cuando enfrente a los gabachos, donde se definirá quien pasa en primer lugar.
Suiza y Qatar igualaron y Haití fue víctima de un pésimo arbitraje en su derrota con Escocia.
El juez argelino Mustapha Ghorba, en complicidad con el VAR, dejaron de revisar y/o sancionar, un penal y una roja a favor del cuadro caribeño.
En uno de los más esperados cotejos, hizo su debut uno de los siempre animadores del torneo, Brasil, ante el “caballo negro” hace cuatro años en Qatar, Marruecos.
Los del Magreb juegan muy bien al futbol. Son rápidos y además, precisos.
Los amazónicos decepcionaron, pero tienen la onza de oro y la cambian cuando quieren.
Uno golazo de Vini jr. decretó la igualada.
Ya instalados en el domingo, Alemania masacró, como se esperaba, al débil Curazao, Suecia hizo lo propio con Túnez y Costa de Marfil coyoteó a Ecuador al contragolpe, para vencerlo.
El mejor juego del Mundial, hasta el momento, fue el que nos han regalado Países Bajos, antes conocido como Holanda y Japón.
¡Qué manera de correr, entregarse, concluir jugadas con tiros a puerta, capacidad física, técnica y mental!
A la calidad de los tulipanes, respondía el blindaje disciplinado de los nipones.
Un empate a dos, en que el ganador fue el público.
Un heroico Cabo Verde, escribió una romántica historia que solo se puede escribir en este formato de 48 equipos.
Pero eso no les quita el mérito. Se defendieron con uñas, dientes y huevos, ante una displicente España.
Bastante triste lo de la “Roja”, con todo y que metió al final a su estrella Lamine Yamal quien estuvo inédito, faltándole solamente el coco y las gafas oscuras.
Bélgica llega a cada Mundial con renovadas esperanzas de dar la campanada y siempre le falta el cuarto pa´l kilo. Ante Egipto vuelve a las andadas y no pierde porque los “faraones” bajaron el ritmo y cayó un autogol.
El arbitraje ha estado bastante irregular, con acciones hasta cierto punto inexplicables, de acuerdo a las nuevas disposiciones reglamentarias.
Por lo pronto…¡arrancó el Mundial!
