Uno de los partidos más esperados de la Jornada 6 era, sin duda, el de Pachuca recibiendo al Guadalajara.
Los Tuzos no habían ganado en casa en lo que va del torneo y Chivas es, desde hace rato, el equipo que mejor juega al futbol en la Liga.
Detrás del tablero, estaban dos jugadores totalmente diferentes.
Uno, novato en el banquillo, con una carrera futbolística de mediano perfil y buscando afianzarse en un medio que no tiene demasiada paciencia, sobre todo si eres mexicano, Benjamín Mora.
Del otro, tipo con gran recorrido internacional, seleccionado nacional con Argentina, ya con años en el banquillo y que ha dotado al “Rebaño sagrado” de una identidad de la cual, carecía. Su nombre: Gabriel Milito.
En los escaques colocaron las piezas que, como sabemos, en este denominado “Juego ciencia”, cada una tiene un recorrido diferente y una función en especial.
El primer tiempo transcurrió con un dominio absoluto del cuadro rojiblanco, fincando este en un gol tempranero, fabricado con la habilidad de Hugo Camberos, humillando con su dribling al rival y concretado por el “piojo” Roberto Alvarado.
Pachuca se veía desconcertado, desconectado y desconchinflado.
Aun así, lograron llegar a la orilla del medio tiempo cayendo por la mínima diferencia.
Entonces sucedió algo similar a lo que pasaba en la Copa del Mundo, luego de la “pausa de hidratación”.
El dominador pasó a ser dominado y el látigo cambio de manos.
El equipo local reordenó sus filas y la visita empezó a errar en lo que mejor sabe hacer: tener y pasar el balón.
El punto de quiebre se presentó con los cambios ordenados por cada uno de los ajedrecistas.
Mora mandó a la cancha a Rodolfo Pizarro, Andrés Arroyo, Adrián Alcaraz y Nicolás Vallejo.
Mientras que Milito echó mano de sus refuerzos, mostrando toda la intención de ir para adelante y tratar de ganar el partido.
De esa manera ingresaron Ángel Sepúlveda, Brian Gutiérrez, Kevin Castañeda, Jordan Silva y Richard Ledezma.
Vino entonces, al minuto 79, la jugada del partido. Nico Vallejo desborda por la izquierda y el lateral Miguel Gómez le comete una falta, consistente en una zancadilla imprudente.
Salomón Rondón no perdona y empata el cotejo.
De ahí en adelante, tiempo de reposición incluido, vimos a un Guadalajara desconocido.
Cada futbolista queriendo ganar la guerra solo, imprecisos no solo en pases sino en movimientos, dando la impresión de que nunca habían jugado juntos y menos aún, dominar un esquema.
Los Tuzos por su parte, olieron sangre y se volcaron sobre el arco rival, donde solo la suerte y la solvencia del arquero nacional, Raúl “tala” Rangel, impidieron una derrota que hubiera resultado ignominiosa.
En resumen: el juego fue divertido, con un equipo superior en cada período, algunas pinceladas de buen futbol y dos directores técnicos detrás del tablero, moviendo sus fichas, en lo que se convirtió, con resultado Tablas, en una partida de…ajedrez.
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