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Bajo la Lupa: ¿A dónde vamos a parar?

Deportes
Arturo Brizio Carter
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La tre­menda pro­li­fe­ra­ción de las casas de apues­tas en el deporte, pero sobre todo en el fut­bol, está tomando mati­ces de drama.

Este fin de semana, miré por la tele­vi­sión dos bue­nos encuen­tros, den­tro de la Jor­nada 10 de la LigaMx, a saber, Cruz Azul vs Toluca y Necaxa enfren­tando al Amé­rica.

La pan­ta­lla es cons­tan­te­mente “ensu­ciada”, como se dice en el argot y la narra­ción inte­rrum­pida con men­cio­nes res­pecto de los anun­cian­tes.

Por supuesto que es parte del secues­tro que las tele­vi­so­ras hacen del balom­pié, inde­pen­dien­te­mente de la can­ta­leta de que se trata de un nego­cio.

Lo que encen­dió las alar­mas en mi cere­bro fue que la inmensa mayo­ría de los spots, corres­pon­die­ron a los men­cio­na­dos casi­nos vir­tua­les.

No era uno, ni dos, esti­mado lec­tor, ¡eran seis! Dife­ren­tes, todas pro­me­tiendo el oro y el moro, “rega­lando” dinero para engan­charte con tu pri­mera apuesta, las cua­les no men­cio­naré por nom­bre, con el fin de no hacer publi­ci­dad gra­tuita.

Lo gro­tesco es que el narra­dor o comen­ta­rista, es quien induce a ingre­sar los dine­ros.

“Si le metes tus mil pesos, a que fula­nito anota, cobra­rías tres mil”.

“Métele a los tiros de esquina”.

“Si el equipo al que pusiste como gana­dor va ganando dos a cero, auto­má­ti­ca­mente cobras”.

No existe nada más ten­ta­dor para el ser humano, que el dinero fácil.

Recuerdo que a mi abuelo Don Arturo Bri­zio Fer­nán­dez, en su natal Gua­da­la­jara, como era hom­bre de posi­bles, como se decía por allá, cada rato lo abor­da­ban para ofre­cerle nego­cios con los que obten­dría ganan­cias fabu­lo­sas.

Pru­dente como era, los dejaba hablar y luego les decía, con cal­mosa voz: “Oye, si es tan bueno el plan, pues hazlo tú, a mí no me nece­si­tas”.

Estas casas de juego y sus pro­mo­to­res no tie­nen idea del des­ti­na­ta­rio final de sus men­sa­jes.

Ade­más, no hay forma de ase­gu­rarse quién está pro­bando for­tuna.

Puede ser un menor de edad, un pen­sio­nado o alguien a quién el lúdico vicio de arries­gar la lana, lo pueda dejar sin comer.

Ya las auto­ri­da­des finan­cie­ras en Esta­dos Uni­dos se han puesto las pilas para inves­ti­gar el amaño de par­ti­dos, alre­de­dor del orbe y en todos los depor­tes.

Lo que han encon­trado son par­ti­dos arre­gla­dos en paí­ses de escaso desa­rro­llo fut­bo­lís­tico y en Ligas meno­res, como Segunda o Ter­cera divi­sio­nes

El riesgo es gigan­tesco para la cre­di­bi­li­dad del nego­cio mera­mente depor­tivo.

De pronto, se puede aven­tu­rar cuán­tas tar­je­tas ama­ri­llas sacará el árbi­tro, cuán­tas fal­tas habrá en el cotejo o a qué minuto se darán este tipo de inci­den­cias.

Tene­mos un gobierno que afirma no prohi­bir, pero que lo hace cons­tan­te­mente.

No esta­ría de más que, la Secre­ta­ría de Gober­na­ción le echara una mira­dita a este asunto.

Son millo­nes de pesos los que andan dan­zando y el vicio del juego, pro­mo­vido desde el micró­fono, puede ser tan dañino o más que el fen­ta­nilo o cual­quier adic­ción.

Ahora sí que como dice mi her­mano Marco Anto­nio Solís, el “Buki”…¿A dónde vamos a parar?

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Sobre el autor

Arturo Brizio Carter
Arturo Brizio

Analista Deportivo y Conferencista

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