El fin de semana estuvo emocionante, desde el punto de vista deportivo con dos Finales que, toda proporción guardada, eran esperadas por la afición.
Por la tarde del sábado vimos el desenlace idéntico de otra película protagonizada por el “James Bond” del balompié mundial: El Real Madrid.
Igual que en las películas del personaje creado por la pluma de Ian Fleming, al cuadro merengue lo puede atropellar un tráiler, caer de un edificio de veinte pisos, picarlo una serpiente venenosa, estar rodeado de una veintena de matones y salir airoso de todo ello, con el traje inmaculado y sin despeinarse.
El majestuoso estadio de Wembley fue la sede del partido entre el Borussia Dortmund y el Madrid, en su búsqueda de “La Orejona”, como se conoce al trofeo que acredita a quién lo gana como campeón de Europa y a la vez, como el mejor cuadro del orbe.
Los alemanes fueron heroicos y los españoles, prácticos, ganando el juego casi cuando quisieron.
Quince veces campeones del certamen, se dice fácil.
Varios pisos abajo vimos la Final de la Concachampions, en el estadio Hidalgo de la “Bella Airosa”, como se le dice a Pachuca.
Los Tuzos le hicieron los honores al Columbus Crew, quién venía de vencer a Tigres y Monterrey, buscando establecer de una vez por todas, la supremacía de la MLS sobre la LigaMx.
Pachuca fue contundente y su rival ni las manos metió.
Se dice que Moctezuma ejecutó su venganza y a los gabachos se les desamarró el mixiote, pasando gran parte de la noche anterior al juego yendo al baño.
Será el sereno, pero les caminaron por encima y ahora Pachuca irá al Mundial de Clubes junto con sus hermanos del León y Rayados de Monterrey.
Felicidades a directiva, cuerpo técnico, jugadores y público de este club.
Ya el domingo muy temprano, me bañé y me puse “cuco”, como decía mi abuela, para asistir a uno de los más grandes honores que una persona puede tener como ciudadano: ser funcionario electoral.
A las 7.20 me apersoné en la Casilla y junto con mis compañeros, mujeres y hombres de diferentes edades y condiciones, arrancamos los trabajos para poner nuestra roca de arena en la limpieza y decoro de la elección más grande de la historia en nuestro México.
Impresionante fue la afluencia de votantes.
Desde temprano los cuernavacenses de mi rumbo se volcaron a las urnas, formando largas filas donde imperó el respeto y el ambiente festivo.
De las 8 a las 6, desfilaron ante mis ojos centenares de jóvenes, mujeres, hombres, senectos, personas con discapacidad, todos ansiosos por sentirse parte de este ejercicio democrático.
Muchos de ellos externaron su reconocimiento a nuestra labor y nosotros correspondimos llevándolo a cabo con pulcritud.
Una vez cerrada la casilla, vino el recuento de votos y el llenado de la papelería electoral.
Salimos muy cerquita de las 12 de la noche, exhaustos pero felices.
Hicimos un extraordinario trabajo en equipo.
Abrazo desde aquí a mis queridos compañeros funcionarios electorales.
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