Desde que tengo uso de razón en términos futboleros, he escuchado a los diferentes dueños de clubes y dirigentes decir, casi siempre de dientes para afuera, que se otorgará un apoyo irrestricto a la selección nacional.
El problema es que todos piensan: “hágase la voluntad de Dios, en los bueyes de mi compadre” y cuando no les conviene, hacen el trabajo de convencimiento para no ceder jugadores o de plano, caen en la amenaza, siempre dependiendo del tamaño del sapo, la pedrada.
El “difunto” Alto Comisionado de la FEMEXFUT, en una de sus muchas falsedades, afirmó que el tricolor recibiría un “respaldo nunca antes visto”, de cara al Mundial que tendrá como una de sus sedes a nuestro país.
En uno de sus últimas ocurrencias, sin que la gente de pantalón largo que rodea al combinado nacional se opusiera, se pactaron un par de juegos en Sudamérica.
Nadie en su sano juicio se opondría al fogueo del Tri y mucho menos a darle partidos a Javier Aguirre para ir armando su equipo.
El problema son las fechas y la tremenda división que se vive al interior del organismo rector del balompié nacional.
Me parece increíble que, al inicio del torneo, se quiera privar a los equipos de sus principales estrellas para meterlos en un trajín innecesario.
Obvio, al no tratarse de una fecha FIFA, varios clubes negaron el permiso a sus futbolistas.
Entonces el listado de jugadores ha sufrido modificaciones hasta dejar un amasijo de dulce, mole y pozole.
Los partidos a jugarse en Brasil ante el Internacional de Porto Alegre y en Argentina frente a River Plate no solo ponen en riesgo a los jugadores en el tema de las lesiones, dados los largos viajes, sino comprometen todo el proyecto deportivo del “vasco”.
La realidad es que la negativa de ceder futbolistas tiene una razón detrás de la cortina.
Juan Carlos Rodríguez, las televisoras y sus aliados trataron de imponer el famoso “fondo de Inversión” que haría, de golpe y porrazo, millonarios a nuestros equipos.
Solo que para lograrlo se necesitaba el voto unánime de los dieciocho clubes de la LigaMx.
El diablo metió la cola y ocho se rebelaron ante lo que consideraron un atropello y un entreguismo sin cortapisas.
Tras el fracaso, vinieron declaraciones, por ejemplo, del presidente del campeón del futbol mexicano, para decir que ellos no están para apoyar a la selección.
En la antigua mafia italiana, los códigos internos implicaban que, ante una ofensa, debía aplicarse una especie de “ley del talión”.
Incluso, al más puro estilo de lo que sucede en nuestro medio con el narco, se “glamurizó” a esas organizaciones criminales a partir de películas como “El Padrino” y sus secuelas, dotándolas de romanticismo.
Hoy los poderosos clanes futboleros se desquitan del fracaso financiero aplicando la venganza.
Acá no importa el honor ni el proyecto, solo cabe la salvaguarda del interés personal recurriendo burdamente a…una vendetta.
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