El término que da nombre a esta colaboración tiene dos acepciones: una corresponde a aquella persona que sabe vivir a plenitud, disfrutando el maravilloso don que Dios le dio y gozando de los placeres mundanos.
La otra, se refiere al ser humano que vive a expensas de los demás, aprovechando de manera parasitaria y con malas artes la bonanza del vecino.
Pues este lunes nos enteramos del fallecimiento de Sven-Göran Eriksson, director técnico de origen sueco, a los 76 años de edad, por un padecimiento en el páncreas, al que no pudo derrotar.
El técnico escandinavo pasó de ser un mediano futbolista en su país, a convertirse en un trotamundos con bastantes éxitos en la mochila, sobre todo a nivel de clubes.
Tras dirigir a un par de equipos en su país, fichó para el Benfica de Portugal donde ganó dos Ligas y una Copa.
Emigró a Italia para ser el estratega de la Roma, la Sampdoria de Génova y el Lazio.
El momento cumbre de su carrera se presentó cuando fue designado entrenador de la selección de Inglaterra.
Fue el primer técnico no británico en sentarse en el banquillo de los inventores del futbol y la polémica lo acompañó en los dos procesos mundialistas, para Japón-Corea y Alemania, donde no logró más que una discreta actuación.
De ahí paso a dirigir al Manchester City y el 3 de junio de 2008, con bombo y platillo, fue presentado como flamante estratega de la selección mexicana.
En alguna reunión fuimos convocados varios miembros de los medios de comunicación.
En esa época yo laboraba como analista para Televisa y realmente era impactante la personalidad y el porte del sueco.
Sin embargo, inmediatamente supe que se trataba de un vividor.
El verso no le alcanzó ni para un año y en abril de 2009, tras caer ante Honduras y dejar al Tri al borde de la eliminación, fue despedido con cajas destempladas.
Luego dirigiría de manera discreta a las representaciones nacionales de Costa de Marfil, China y Filipinas.
Al buen Sven le gustaban la lana y las damas.
En una ocasión un reportero inglés se disfrazó de jeque árabe y solicitó una entrevista privada con Eriksson, en ese tiempo trabajando para alguno de los clubes ingleses que dirigió.
Ahí el supuesto Emir le hizo una oferta millonaria, la cual fue aceptada sin dudarlo por el mentor sueco.
La única condición era que rescindiera de inmediato su contrato con el cuadro británico.
Toda la conversación fue grabada a escondidas y por supuesto publicada.
Erikson como buen “viviendas”, aplicó aquel viejo principio de “niega, niega, que la duda queda”, demandando además al mañoso periodista.
Sus amoríos y pasajes extramaritales también quedaron debidamente documentados, sin que ello me de el derecho a erigirme en juez de nadie.
En fin, para allá vamos todos. Decía mi Padre que no hay muerto malo ni pendejo.
Con los claroscuros de la condición humana, descanse en paz este personaje que supo ser, en toda la extensión de la palabra…un vividor.
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