Bajo la lupa: Un fenómeno social

Deportes
Arturo Brizio
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Hay un par de circunstancias que asocio con mi niñez y que ahora, quizá por la vía de la casualidad, se han juntado.

La primera data de los años 60 tempranos, cuando veníamos al mar de Morelos, el hermoso lago de Tequesquitengo, a la casa de mis abuelos.

La aventura era semanal con los queridos viejos, pero cuando llegaban mis papás y había juego en el Agustín “Coruco” Díaz de Zacatepec, ya sabíamos que el jefe nos iba a llevar.

De esa manera surgió una especie de mágica complicidad con ese inmueble en el cual, años más tarde, dirigirían partidos los tres Brizio: mi Padre, mi hermano y un humilde servilleta.

La fascinación por la “Selva cañera”, como se le conocía, radicaba en que el clima, el pasto, la porra y el horario conspiraban para hacer rabiar al oponente.

Además, el cuadro verdiblanco escribió páginas gloriosas en la Primera División y luego se convirtió en “La joya de la corona” en la División de Ascenso.

La otra tiene que ver con el “Equipo del pueblo”, los prietitos del Atlante.

Resulta que, cuando se inauguró el estadio Azteca, mi tío Enrique Mariscal, cuñado de mi jefe, adquirió en propiedad unas plateas.

Estas estaban situadas a la altura del área penal, a la derecha de los vestuarios, lo que daba una visión privilegiada.

El “cerillo”, como le apodaban desde sus tiempos de jugador de futbol americano, nos las cedió a mi hermano Eduardo y a mí, por lo que no había juego en el “Coloso de Santa Úrsula” al que faltáramos. Hubo un torneo a finales de los 60 en que los Potros arrancaron de manera invicta prácticamente toda la primera vuelta. Nuestro ídolo era el guardameta Raúl Orvañanos con quién la vida y Dios me premiaron como amigo y, hasta la fecha, compañero de trabajo.

Resulta que, ante Necaxa, Eduardo Cremasco los vacunó con un tiro libre y de ahí, no volvieron a ganar.

Grandes amigos he tenido que son fieles seguidores azulgrana: el mencionado Raúl, Toño de Valdés, los ya fallecidos Arturo “rudo” Rivera y Gerardo Valtierra, Toño García, Esteban Arce, los hermanos Puente y algunos otros que la traidora memoria me juega, otra vez, una mala pasada.

El hecho es que ahora, gracias a una alianza estratégica entre el gobierno del Estado y el dueño de la “cuadra”, Atlante ha adoptado como su casa el mítico “Coruco”.

Cuadro ganador y tradicional, a punto de romper el récord de juegos invicto en la Liga de Expansión, multicampeón que debería, por derecho propio, un lugar en la LigaMx.

El público está respondiendo con buenas entradas. La identidad se irá logrando poco a poco. La realidad es que Emilio Escalante es un idealista práctico, que hace que las cosas sucedan.

Las tribunas llenas del estadio ubicado a un costado del ingenio “Emiliano Zapata”, han hecho temblar al más pintado.

Atlante, con sede en Zacatepec, será mucho más que un equipo de futbol. Se convertirá en un verdadero…fenómeno social.

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