Bajo la lupa: Tan cerca y tan lejos

Deportes
Arturo Brizio
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Se juga­ron los encuen­tros de la Semi­fi­nal en la Lea­gues Cup que, como todos sabe­mos, se quedó sin equi­pos mexi­ca­nos.

El Inter de Miami enfrentó a Orlando City, mien­tras que el cua­dro ange­lino del Galaxy, hizo lo pro­pio con los Soun­ders de Seattle.

Lo único que pro­voca inte­rés de este lado del Río Bravo, en mi opi­nión, es que Miami cuenta en sus filas con el juga­dor más que­rido y admi­rado de la época con­tem­po­rá­nea, como es Lio­nel Messi.

Por­que hay que reco­no­cer que, inde­pen­dien­te­mente de la carí­sima inver­sión del equipo de La Flo­rida, con ele­men­tos de gran cali­dad y mucha edad, lo que sigue dando “La Pulga”, es real­mente para qui­tarse el som­brero.

La entrega, el pun­do­nor, la garra y la sed de vic­to­ria no ha dis­mi­nuido un ápice de la de aquel mucha­chito que hacía sus pini­nos con el Barsa.

Tras estar fuera un par de sema­nas por lesión, Lio vol­vió para coman­dar a su escua­dra a una remon­tada bri­llante.

Con dos ano­ta­cio­nes, hizo lo que mejor sabe: echarse el equipo a los hom­bros, lide­rar y con­du­cir­los a la Gran Final.

Lo único malo es que, en los par­ti­dos cru­cia­les, los erro­res arbi­tra­les se pro­du­cen en con­tra del rival, dando pie a la leyenda urbana de que se desea, a cual­quier costo, que el equipo de Messi, con toda su cauda mediá­tica, lle­gue lo más lejos posi­ble.

En este par­tido se pide una falta de Ser­gio Bus­quets sobre el colom­biano Iván Angulo, que pudo san­cio­narse como penal.

Era el hipo­té­tico empate a dos para Orlando, pero el juez gua­te­mal­teco Wal­ter López dejó seguir la acción y el VAR no lo llamó para una revi­sión en can­cha.

En mi opi­nión, Bus­quets clava la pierna en el pasto y es su adver­sa­rio quién busca el con­tacto, pero queda en el aire la duda.

En la otra llave, Seattle derrotó hasta con cierta faci­li­dad, a Los Ánge­les.

Ahora jugará como local esa Gran Final, lo que no es un asunto menor, ya que “Las Gar­zas”, con Messi incluido, han sido loca­les en todos sus encuen­tros.

Cuando una per­sona u orga­ni­za­ción hace todo al revés, no puede espe­rar que el resul­tado sea óptimo.

Nues­tro tor­neo pre­mia la medio­cri­dad con su sis­tema de com­pe­ten­cia.

Se per­mite una can­ti­dad exce­siva de extran­je­ros por equipo, lo que va en detri­mento del talento nacio­nal.

Los juga­do­res que emi­gran, en su gran mayo­ría, o no jue­gan como titu­la­res o regre­san pronto, con la frente mar­chita, can­taba Gar­del.

Abo­lie­ron un prin­ci­pio básico de toda com­pe­ten­cia como es el Ascenso y Des­censo.

La selec­ción es fogueada, en la mayor parte del tiempo, con par­ti­dos “Mole­ros”, juga­dos siem­pre donde entra la dola­riza.

Por cues­tio­nes que quizá no sean culpa al 100% de los diri­gen­tes, se per­dió la vitrina de la Copa Liber­ta­do­res.

Con todo ese hán­di­cap, resulta ilu­so­rio que el balom­pié azteca crezca y com­pita.

La Lea­gues Cup se seguirá jugando y los equi­pos de la MLS la segui­rán ganando.

La razón es muy sen­ci­lla: ellos han enten­dido y balan­ceado los inte­re­ses eco­nó­mi­cos con los depor­ti­vos.

Acá segui­mos encon­cha­dos, que­dando, como en otros aspec­tos… tan cerca y tan lejos.

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