Se jugaron los encuentros de la Semifinal en la Leagues Cup que, como todos sabemos, se quedó sin equipos mexicanos.
El Inter de Miami enfrentó a Orlando City, mientras que el cuadro angelino del Galaxy, hizo lo propio con los Sounders de Seattle.
Lo único que provoca interés de este lado del Río Bravo, en mi opinión, es que Miami cuenta en sus filas con el jugador más querido y admirado de la época contemporánea, como es Lionel Messi.
Porque hay que reconocer que, independientemente de la carísima inversión del equipo de La Florida, con elementos de gran calidad y mucha edad, lo que sigue dando “La Pulga”, es realmente para quitarse el sombrero.
La entrega, el pundonor, la garra y la sed de victoria no ha disminuido un ápice de la de aquel muchachito que hacía sus pininos con el Barsa.
Tras estar fuera un par de semanas por lesión, Lio volvió para comandar a su escuadra a una remontada brillante.
Con dos anotaciones, hizo lo que mejor sabe: echarse el equipo a los hombros, liderar y conducirlos a la Gran Final.
Lo único malo es que, en los partidos cruciales, los errores arbitrales se producen en contra del rival, dando pie a la leyenda urbana de que se desea, a cualquier costo, que el equipo de Messi, con toda su cauda mediática, llegue lo más lejos posible.
En este partido se pide una falta de Sergio Busquets sobre el colombiano Iván Angulo, que pudo sancionarse como penal.
Era el hipotético empate a dos para Orlando, pero el juez guatemalteco Walter López dejó seguir la acción y el VAR no lo llamó para una revisión en cancha.
En mi opinión, Busquets clava la pierna en el pasto y es su adversario quién busca el contacto, pero queda en el aire la duda.
En la otra llave, Seattle derrotó hasta con cierta facilidad, a Los Ángeles.
Ahora jugará como local esa Gran Final, lo que no es un asunto menor, ya que “Las Garzas”, con Messi incluido, han sido locales en todos sus encuentros.
Cuando una persona u organización hace todo al revés, no puede esperar que el resultado sea óptimo.
Nuestro torneo premia la mediocridad con su sistema de competencia.
Se permite una cantidad excesiva de extranjeros por equipo, lo que va en detrimento del talento nacional.
Los jugadores que emigran, en su gran mayoría, o no juegan como titulares o regresan pronto, con la frente marchita, cantaba Gardel.
Abolieron un principio básico de toda competencia como es el Ascenso y Descenso.
La selección es fogueada, en la mayor parte del tiempo, con partidos “Moleros”, jugados siempre donde entra la dolariza.
Por cuestiones que quizá no sean culpa al 100% de los dirigentes, se perdió la vitrina de la Copa Libertadores.
Con todo ese hándicap, resulta ilusorio que el balompié azteca crezca y compita.
La Leagues Cup se seguirá jugando y los equipos de la MLS la seguirán ganando.
La razón es muy sencilla: ellos han entendido y balanceado los intereses económicos con los deportivos.
Acá seguimos enconchados, quedando, como en otros aspectos… tan cerca y tan lejos.
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