Se jugó el pasado fin de semana una edición más del partido que, el gran narrador Gerardo Peña Kegel, bautizara como “El Clásico joven”, hace ya algunas décadas.
En los últimos días, noté una campaña en algunos medios de comunicación, sobre todo en los canales de la empresa ubicada en Chapultepec 18, en la cual se afirmó que el Cruz Azul ante América ha rebasado, en expectativa, pasión y calidad, al “Clásico nacional”, entre los azulcrema y las Chivas.
Considero bizantina la discusión, ya que no llegaremos a ninguna conclusión que haga prueba plena.
En gustos se rompen géneros y le puedo asegurar que, en el norte, pensarán que Rayados vs Tigres es lo máximo y los rojinegros del Atlas creerán, a pie juntillas, que su juego ante el Chiverío, acapara la atención del país.
La verdad es que se trata de una muy interesante rivalidad, entre dos equipos muy importantes en nuestra Liga, aunque históricamente, los de Coapa le saquen mucha ventaja en blasones a los celestes.
Fue un muy buen partido de futbol, jugado con la intensidad, la garra y la fuerza con las que se deben encarar este tipo de compromisos.
Además, ¡oiga usted!, como decía el inmortal Paco Malgesto: que bien está jugando el Cruz Azul.
Cuando decidieron no renovar en el banquillo de La Noria a Vicente Sánchez, se vino un alud de críticas, sobre todo hacia el director deportivo, el señor Iván Alonso, cuestionado incluso en su honestidad.
Trajeron a Nicolás Larcamón, quien ha demostrado que lo hecho con Puebla, León y Necaxa no ha sido fruto de la casualidad.
El tipo convence al jugador de la clase de planteamiento que quiere desarrollar y, a partir de conceptos claros, plasma su idea en el campo de juego.
Además, andan como aviones en el tema de la condición física. Mire que, para superar en ese rubro a los americanistas, se necesita, como en “La Bamba”, un poco de gracia y otra cosita.
Al margen de errores defensivos en ambos escuadrones, nos regaló la “Máquina Celeste”, en el gol del triunfo, un monumento a los que es el futbol colectivo y de asociación, signado en última instancia por su símbolo y capitán, Nacho Rivero.
Con la localía en Ciudad Universitaria, a la que seguramente no querrán renunciar, han llegado al subliderato e irán por más cuando, el martes, visiten al inestable Necaxa.
Lo que debe tener muy preocupados a la directiva y al cuerpo técnico, es la cantidad de lesiones que están asolando al campamento azulcrema.
No solo es la lista oficial de inhabilitados, sino también la de aquellos que, teóricamente listos para alinear, no han regresado a un nivel óptimo.
Si bien es cierto que han sabido conformar un plantel vasto en nombres y calidad, también lo es que para André Jardine o para cualquier otro estratega, prescindir, según la última actualización, de seis jugadores titulares y cuatro más en plena recuperación, obliga a replantear entrenamientos y alineaciones.
De cara al cierre de torneo, esas modificaciones deberán cambiar, para bien, el desempeño. Hoy simplemente…son un hospital.