Bajo la lupa: Sin prestaciones

Deportes
Arturo Brizio
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Japón quedó devastado luego de perder en forma ignominiosa ante los aliados la Segunda Guerra Mundial.

Un par de artefactos atómicos lanzados sobre Hiroshima y Nagasaki convencieron al Emperador de firmar la rendición.

Esto ocurrió en 1945 y para la década de los 70 ya se hablaba del “Milagro japonés”.

Lo mismo ocurrió con Corea, en ruinas luego de ser usada como campo de batalla entre rusos y gringos.

El impronto bélico culminó en 1953 y también resurgieron, cual Ave Fénix, de sus cenizas.

Una verdadera revolución industrial se apoderó de ambas naciones y así Japón y Corea del Sur hoy son referentes de prosperidad.

Sin embargo, el precio que la población tuvo que pagar desde el punto de vista laboral, ha sido altísimo y sumamente injusto.

Platicando sobre el tema con un alto director de una empresa coreana, el tipo entre broma y risa decía que en Corea no se despedía nunca a un obrero.

Entonces, ¿como lo hacen?, pregunté intrigado.

“Los enterramos”, contestó soltando la carcajada.

Mi silencio mostró el desagrado ante el chistorete, pero me quedó claro que distaba de ser una broma.

Traigo a colación el tema ahora que la FIFA, en otro acto de corrupto malabarismo, otorgó la sede del Mundial en 2034 a Arabia Saudita.

Gracias a la paciencia e investigaciones del Departamento de Estado en los Estados Unidos, se ha ido descubriendo la intrincada trama de los sobornos, practica muy socorrida en el seno de los dirigentes del poderoso conglomerado futbolístico.

La venta de derechos de televisión, publicidad estática en los estadios y por supuesto, la sede del Mundial, han dejado pingües ganancias para aquellos que manejan los hilos del poder.

La dupla de Joao Havelange y Joseph Blatter manejó la FIFA por espacio de 41 años y el ahora presidente, Gianni Infantino, es un delincuente de cuello, traje y alma negros.

Cada que se ha concedido el honor a organizar un Mundial a países sin tradición futbolera, ha emanado el terrible tufo de la corrupción.

Cuando Sudáfrica presentó su candidatura, hubo un empate en la votación del Consejo General, por ello correspondía al presidente emitir el voto de calidad.

Blatter se negó y se abrió un receso.

A la vuelta, el representante de Oceanía cambió el sentido de su sufragio, dándole el triunfo al representante del “Continente Negro”. Asqueroso.

Algo similar sucedió para el Mundial de Qatar.

Idéntico procedimiento y se alzó con el triunfo un minúsculo país en territorio pero enorme en potencial económico.

Ahora quedaron definidas las sedes para las próximas dos ediciones con un Mundial tripartita en 2030, con Marruecos, Portugal y España, así como tres encuentros en Sudamérica y para 2034 será Arabia Saudita el anfitrión.

Como en la nación catarí, se construirán los estadios necesarios, utilizando mano de obra extranjera, pisoteando derechos laborales y humanos, apilando osamentas para erigir graderíos, dejando a esa legión de trabajadores…sin prestaciones.

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