El deporte en el mundo que más ha crecido en los últimos diez años es el futbol femenil.
Nada más en Estados Unidos, donde por obligación los futbolistas tienen que estar afiliados a la Federación, se estima que dos millones de jugadoras menores de 16 años, son quienes practican actualmente el balompié.
Además, todas pagan por su carnet, lo que implica un negocio espectacular sólo por ese rubro para el organismo rector del soccer en el gabacho.
Y no pagan porque sean muy buena onda, porque las obligan en el colegio o sus papás son ricos.
Lo hacen porque si se lesionan, le pegan a un árbitro o Dios no lo quiera, tienen un accidente fatal, no se la acabarían con una demanda por muchos, muchos melones de verdes dolarucos.
Las Ligas europeas toman muy en serio al futbol femenil. Se pagan buenos salarios, hay entradas de regular para arriba en los estadios, se televisan todos los partidos y se juega con VAR mandatoriamente.
España es la actual monarca, desbancando al poderoso cuadro de las barras y las estrellas que a su vez, había tomado la estafeta de las selecciones nórdicas, a saber, Dinamarca, Suecia y Noruega.
En Sudamérica durante mucho tiempo Brasil fue punta de lanza, pero no termina de cuajar el proyecto en otros lares donde además, el machismo prevalece y el femenil es cuestionado hasta en el tema de las preferencias sexuales de las futbolistas.
El arbitraje también es un tema y hoy tenemos dirigiendo en la máxima división de su país a mujeres, que si bien son pocas, no por ello dejan de ser dignas de admiración.
Italia, Inglaterra, Francia, Alemania, Brasil y recientemente México, tienen por lo menos a una dama arbitrando en el circuito de honor.
En México hemos tenido un importante avance en una disciplina muy joven.
La Liga profesional no alcanza ni los diez años y los progresos son notables, sin embargo, sigue existiendo una distancia considerable ante otras organizaciones con mayor antigüedad y mejor presupuesto.
Son cinco los planteles que ponen el ejemplo: el campeón Monterrey y sus paisanas Tigres. América, Chivas y Pachuca.
Dos o tres planteles que buscan competitividad y al resto, la verdad, les anda valiendo para madre lo que haga o deje de hacer su cuadro femenil.
Ya se valen las extranjeras y eso, se quiera o no, merma el producto nacional de cara a los eventos donde debe participar la selección nacional.
Si bien se han exportado jugadoras, no hay equidad entre las que se van y la foráneas que ingresan, ojo, sin que esto tenga nada de malo.
Chivas invitó a un amistoso en el estadio Akron al Barcelona, escuadra campeona de Europa y quedó claro que todavía hay clases sociales.
Las blaugrana les dieron un paseo, dando la impresión que anotaban cuando querían.
Técnica y físicamente la diferencia fue abismal.
4 a 1 fue le marcador, poniendo de manifiesto que en esta rama del futbol, todavía estamos…a años luz.
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