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Bajo la lupa: Odisea por un boleto

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Bajo la lupa: Odisea por un boleto

“El país que presume de organizar tres Copas del Mundo le tiene miedo a la tecnología. La prueba: un proceso medieval para entregar boletos de un solo partido. Las personas comenzaron a llegar a las 7 de la mañana porque la cita era a las 9. Las puertas se abrieron 10.30. Se formaron filas interminables bajo un sol inclemente: mujeres y hombres, personas en silla de ruedas, ancianos con bastones y muletas.

Todos esperaron hasta cuatro horas para ingresar a una bodega improvisada -llamarla “oficina” sería demasiado generoso -donde unos 40 capturistas ejecutaban un trabajo digno de los años noventa, frente a personas que llegaron con la ilusión de ver el México ante Portugal y terminaron enfrentando a empleados rebasados, sin poder de respuesta, convertidos en el rostro humano de una incompetencia institucional que viene de más arriba.

TRES FILTROS. TRES FILAS

El primer filtro: revisar el título de tenedor. El mismo que ya habían revisado cinco meses antes, después de que los dueños legítimos de los palcos y plateas, tuvieran que ganar un amparo para que se reconociera lo que ya era suyo. Como si perder en los tribunales no fuera suficiente humillación, el sistema exigió una segunda revisión.

Por si acaso. Por si algo había cambiado en ese documento que, por definición, no cambia. Después de ahí, como en una partida cruel de serpientes y escaleras, de vuelta al inicio: una nueva fila que te conducía a los ganadores de la licitación, la empresa encargada de entregar los boletos.

Fanki, plataforma de origen colombiano que opera en México en el negocio de boletería y servicios Fintech para eventos deportivos. Una empresa que, en ese contexto, parece haber sido contratada no para facilitar el proceso, sino para añadirle un eslabón a la cadena del absurdo. Ahí te ayudan, con una condescendencia que duele, a descargar la aplicación y a validar el correo al que te enviarán la información de la empresa.

NO DEL PARTIDO.

De la empresa. Una vez concluido el trámite, por demás innecesario, la serpiente te manda oootra vez hasta el final de la fila para un tercer filtro y una tercera cola, para recibir el boleto físico. El boleto digital no podría enviarse por correo electrónico, como ocurre en cualquier evento del mundo civilizado. ¿El segundo y tercer filtro no podrían fusionarse en uno solo? ¿O era precisamente el sufrimiento el punto? Se me olvidaba: México no está actuando como país sede de la Copa del Mundo.

Está actuando como un país que todavía no cree merecer serlo. Y eso, más que una falla logística, es una vergüenza cultural. ¿Este es el anfitrión de la Copa del Mundo 2026? Que pena. Que enorme, innecesaria, evitable pena. Soy uno de esos que llegó a las 7 de la mañana. Soy uno de los que esperó cuatro horas bajo el sol.

Soy, según parece, uno de los estúpidos que todavía cree que este país puede organizar una Copa del Mundo.” Esto me lo hizo llegar un aficionado. Lo comparto con usted, gentil lector de Diario de Morelos.

Sobre el autor

Arturo Brizio
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