Bajo la lupa: A nunca vuelvas

Deportes
Arturo Brizio
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Este diciembre estuvo signado por dos retiros de las canchas en el mundillo arbitral.

Se fueron Fernando Guerrero y Edgar Ulises Rangel, aunque las circunstancias de sus carreras y adiós, sean diametralmente opuestas.

Rangel llegó al mundo de los jueces por herencia, ya que su padre, del mismo nombre, fue un destacado silbante allá por los años 90.

Dueño de un físico impresionante y dotado de un colmillo retorcido, Edgar era esa clase de nazarenos a los que se les puede confiar cualquier clase de partido, con la tranquilidad que lo sacará adelante.

Además, era muy ocurrente y simpático, por lo que convivir con él era un agasajo.

Compartimos vestuario, cancha y viajes internacionales. Recuerdo que me acompañó, en calidad de cuarto oficial, a un partido en La Paz entre Bolivia y Uruguay.

Casi al terminar el primer tiempo y al hacer un “pique”, cosa que no se recomienda a esa impresionante altura, me desgarré el gemelo.

Así salí al segundo tiempo y como pude, terminé el encuentro.

El dolor era insoportable y al día siguiente en el aeropuerto, tuve que ser transportado en silla de ruedas.

Este vago me bautizó como “La gallina”. Al preguntar el por qué, me dijo: “Es que mi Lic., cada pisada le cuesta un huevo”.

Desgraciadamente falleció, de manera trágica en un accidente automovilístico, cuando se dirigía a la Convención anual de árbitros en 2002.

El evento era en Acapulco y pretendía llegar a la cena de gala.

A la altura de Chilpancingo con el pavimento mojado, perdió el control de su camioneta saliendo proyectado. Su muerte fue instantánea.

El hijo fue el eterno aspirante que nunca cuajó. Tras debutar en LigaMx en el 2015, su carrera fue de constantes altibajos. En la actualidad ya ni siquiera estaba en el roster de Primera División. Nadie lo va a extrañar.

En el caso de apodado ‘El cantante’ la cosa es complicada.

Fernando ha sido uno de los mejores árbitros de la historia contemporánea. Hábil para dirigir y para relacionarse con los futbolistas sin perder autoridad.

Sin embargo, su perfil personal deja mucho que desear. Sus compañeros lo señalan como un tipo convenenciero, mañoso e incapaz de trabajar en equipo.

Se dice que entró en franca confrontación con sus superiores, concretamente con Benito Archundia quien, en lugar de darlo de baja y muy a su estilo agachón, primero le quitó el gafete de FIFA sin avisarle, para luego emprender una serie de medidas que no le dejaran margen de maniobra.

De esa manera, se inventó que sólo entrarían a la Liguilla los jueces que tuvieran, como mínimo, siete actuaciones como centrales.

Guerrero tenía seis y en última fecha, fue designado como VAR. Una verdadera canallada.

Sin gafete, sin Liguilla y con el jefe sobre el cuello, la decisión del retiro era una tarjeta roja de vestidor.

No soy fan de ninguno de los dos. Uno mejor que otro en la cancha, pero igual de pobres en el aspecto personal.

Un encargo: Ahí me saludan a… nunca vuelvas.

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