Tengo un querido compadre que goza la dicha de ver a Dios a los ojos. Su nombre en vida fue Jorge Macías Gómez y en su faceta de compositor, tomó el mote artístico de Massias.
Su referencia quizá no les haga ningún ruido a mis queridos lectores de Diario de Morelos, pero sí le digo que uno de los máximos éxitos de Julio Iglesias, “Tropecé de nuevo y con la misma piedra”, salió de la inspiración de mi hermanito Jorge, la cosa seguramente cambiará.
Nacido en Villaflores, risueño poblado enclavado en la zona conocida como “La Fraylesca” en el hermoso Estado de Chiapas, este hombre singular se definió en una de sus obras como “filósofo de cantina”.
El autor de temas tan emblemáticos como “La leona dormida”, “Nube viajera”, “Lástima que seas ajena” y “Niña amada mía” tenía entre sus frases una que implicaba el reconocimiento de la lucha por conseguir objetivos y la batalla diaria por el sustento.
Me platicaba que en su peregrinar para conseguir sello disquero, casa grabadora e intérpretes que quisieran ya no cantar, sino simplemente escuchar sus rolas, entendió que había que aguantar vara.
Sin embargo, la frase a que aludo decía: “Se puede perder hasta el estilo, pero nunca la dignidad”.
Esto viene a cuento luego de presenciar el tremendo esfuerzo de los atletas mexicanos en la justa olímpica de París.
Prácticamente sin ningún apoyo gubernamental, con base en su trabajo y el sostén moral y económico de sus familias, este grupo de mujeres y hombres están escribiendo una gesta histórica.
Las medallas son el principal referente del triunfo, pero oiga usted, diría Don Paco Malgesto, meterse entre los diez mejores del orbe es para sacarse el sombrero.
Uno de los contingentes que sufrió la ira de la titular de la CONADE fue el del nado sincronizado.
El organismo les retiró la beca, por lo que las chicas anunciaron que tratarían de obtener fondos vendiendo trajes de baño.
Ana Gabriela Guevara, de una forma hiriente, corriente y altanera, las mandó a vender calzones o Tupperware si les caía en gana.
Gracias al apoyo brindado por la Fundación Telmex, se metieron en la alberca y consiguieron el séptimo lugar, uno mejor que el logrado en Tokio hace apenas tres años.
Las bellas ondinas no son las únicas descalabradas con la “austeridad republicana”.
Del deporte sólo se sirven los políticos en el discurso.
Para que nos demos una idea, Alemania asigna los mayores presupuestos a Educación, Cultura y Deporte, en ese orden.
Acá es a lo primero que se le mete tijera. ¡Dios bendito!
Además, quisiera saber que diablo se le metió en el cuerpo a la sonorense.
Guevara sufrió en carne propia la precariedad del sistema y en muchos casos, la corrupción.
Su falta de empatía y declaraciones procaces, ofensivas y fuera de sustento hacen pensar que se siente intocable.
Las nadadoras demostraron categoría, clase y pundonor.
Como dijo mi compadre, “se puede perder hasta el estilo, pero… nunca la dignidad”.
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