Aveces me cuesta trabajo entender a esa masa informe a la que llamamos “La Afición”.
Queda claro que en el corazón no se manda y que el ingrediente principal en un juego como el futbol es la pasión.
Los colores se cincelan y quedan grabados desde la más tierna infancia, ya sea por herencia o a pesar de ella.
Unos le van a determinado equipo porque lo vieron jugar en vivo, otros por conocer a algún integrante o por el saludo o la firma de un ídolo.
Un amigo muy querido, chilango como un servidor, se declaró fanático del León, sin haber pisado nunca esa ciudad donde, se dice, “la vida no vale nada”.
Le pregunté el porqué y me explicó que de chavito su papá lo llevó al estadio de Ciudad Universitaria, (no existía todavía el Azteca) y lo primero que vio fue saltar a la cancha al cuadro esmeralda. Quedó prendado de sus colores y hasta la fecha grita los goles de “La Fiera”.
Volviendo al gran público, cada conglomerado tiene su forma de reaccionar y pongo como primer ejemplo al americanismo.
Cuando las Águilas ganan, salen hasta por debajo de la coladera, pero si pierden, simplemente “no vieron el partido”.
Los cruzazulinos, a fuerza de desventuras, suelen ser resignados.
La feligresía Puma es fiel, solo que a veces se les pasa la mano en la agresividad.
Los regios, tanto Rayados como Tigres, conforman a la llamada “mejor afición de México”, pero suelen ser insoportables.
Si hablas bien de Monterrey, se te van encima los felinos. A la inversa, como dijera Vicente
Fernández, no es lo mismo pero es igual y además, no los puedes tocar ni con el pétalo de una crítica porque se arma la de Dios es Cristo.
La fidelidad de los rojinegros al Atlas es para un estudio sociológico.
Ahora escucho al Chiverío aplaudiendo su desempeño en la trilogía del Clásico ante el América.
En la serie para seguir adelante en la Concachampions, fueron inmisericordemente goleados en su casa. Luego van al Azteca y no les alcanza, pero la victoria desencadena eufóricos comentarios.
Viene el de Liga y empatan sin goles en casa, entonces viene la inevitable pregunta: ¿qué festejan?
Guadalajara viaja en la décima posición, solo arriba de Pumas por diferencia de goles, o sea que si no compone el camino, quedará fuera de la postemporada, lo que significaría un rotundo fracaso para el proyecto de Amaury Vergara, liderado por Fernando Hierro y ejecutado por su tocayo Gago.
El director técnico, ante los malos resultados, procede a esgrimir la pueril queja ante el arbitraje.
La verdad es que ya dan flojera las conferencias de prensa que, por obligación, tienen que dar los entrenadores.
Llenas de frases hechas, lugares comunes, divagaciones y otra vez, a moquear por los yerros del nazareno y el VAR.
Lo de Chivas es una pena, pero en este momento, como dijera el “flaco de oro”, Agustín Lara en su gustada canción “María Bonita”, parecen del mar juguete…nave al garete.
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