La frase que da inicio a esta columna, la pronunció Diego Armando Maradona. El irreverente astro argentino, la emprendía contra todo y todos dentro y fuera de la cancha. Acusado de varias cosas, todas probadas, considero que era el menos indicado para poder decir que la pelota no se mancha. Expulsado de un Mundial por dar positivo en el tema de la ingesta de sustancias prohibidas, se dio el lujo de meter un gol con la mano en México 86 y salvar otro, de idéntica manera, en Italia 90 sin ser sancionado. Pero no es del 10 de quien quiero hablar el día de hoy. La Copa del Mundo es un evento del que todo mundo se quiere colgar, particularmente la mal llamada “Clase política”, sucediendo cosas inverosímiles cada cuatro años. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, es un mago de las relaciones públicas y con su habilidad, logra que se involucren las altas autoridades de los tres países que albergarán en el verano, este magno evento. Con el respeto que se merecen, mueve a risa ver a doña Clara Brugada, jefa de gobierno de la Ciudad de México, a Samuel García, gobernador de Nuevo León y a Jesús Lemus, electo para gobernar Jalisco, tomándose fotos con un balón que, seguro estoy, jamás patearon. Ahora, la Federación Mexicana de Futbol ha lanzado una campaña denominada “Somos México”, con el propósito de atiborrar los espacios comerciales y las redes sociales de mensajes de apoyo a la selección nacional. Según estos genios del marketing y en su propia voz, se concibió esta campaña con la convicción de que nuestro país es una nación vibrante, llena de diversidad, unida y obviamente, con un amor gigante por el fútbol. También rescataron el logotipo con la cabeza estilizada de un águila y la leyenda “Hecho en México”. ¡Imagine usted a Marcelo Ebrard tirando un penal! La verdad, es increíble el nivel de comicidad que pueden llegar a tener nuestros políticos. Bueno, si la FEMEXFUT está manejada por un pelotari y un pentatleta, como Mikel Arriola e Ivar Sisniega, pues la cosa está del cocol. El deporte vende mucho para las campañas, pero en la realidad, está abandonado. El balompié y sus ramas directivas, están constituidos en contraposición a el resto de las Federaciones y la razón es muy sencilla: se trata de un enorme negocio. La FIFA es el imperio económico-deportivo más grande en la historia de la humanidad, muy por encima incluso, de las religiones. Por eso cuando otorga una sede para el Mundial, lo hace exprimiendo todos los recursos y apoderándose de todos los resquicios de la industria. En días pasados, hasta la doctora Claudia Sheinbaum se prestó para publicitar el evento. La selección, creo, no necesita de vejigas para nadar. Su obligación es rendir en la cancha y el gran público se volcará en apoyo. Si, por el contrario, los resultados no los acompañan, ese monstruo de millones de cabezas se los demandará a ellos y a todos los que se han encargado de… manchar la pelota.
Bajo la lupa: Manchar la pelota
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